Grecia pone a tambalear a la Unión Europea

DESDE QUE FINALIZÓ LA SEGUNda Guerra Mundial, en 1945, las otrora insalvables enemistades entre países europeos han desaparecido. El novedoso experimento de su integración resultó todo un antídoto contra los nacionalismos e incentivó la creación de una ciudadanía europea. Ha habido, sin embargo, problemas serios para expandir la comunidad hacia otros países. El proceso no ha estado exento de dudas y hay quienes afirman que la Unión Europea perdió importancia frente a otras grandes potencias.

Por estos días, la disputa corre por cuenta de Grecia y sus problemas fiscales. Al final de la semana los jefes de gobierno se reunirán en Bruselas para discutir el crecimiento de Europa a futuro. Y Grecia, que ya ha advertido que es posible que no pueda cumplir con sus obligaciones en materia de deuda externa, con seguridad copará las miradas de los asistentes. Tan enorme es el atraso de la economía griega, que se calcula en 20.000 millones de euros lo que tiene vencido por concepto de préstamos y bonos previamente adquiridos. El primer ministro griego, Yorgos Papandreu, explicó que su gobierno no está exigiendo el dinero de los países socios y que, por el contrario, cancelará sus obligaciones. Pero insistió en que requiere para ello del espaldarazo político de sus aliados.

La reacción de la canciller alemana, Angela Merkel, quien se prepara para los próximos comicios legislativos, en los que le pueden arrebatar las mayorías en el parlamento, tomó por sorpresa a analistas y políticos. Merkel instó a que se endurezcan las sanciones para quienes incumplen con el Pacto de Estabilidad que permite que en la zona euro los gobiernos sean disciplinados con el manejo de la economía. Básicamente pidió que se expulsara de la comunidad a Grecia, una economía que ha incurrido en excesos y de la que se sabe manipuló algunas cifras para pasar los exámenes de rigurosidad fiscal europeos.

Motivos no le faltan, pues, a la líder del partido Unión Demócrata Cristiana para exigir una política comunitaria de cero indulgencia. Un funcionario en Berlín agregó, para mayor contundencia, que no se puede exigir de parte los alemanes que trabajan hasta los 67 años una ayuda para que los griegos puedan jubilarse a la edad de 61. Con todo, las sugerencias de la Canciller no fueron bien recibidas. Sus palabras fueron tomadas en un sentido muy literal, se las tildó de “amenazantes” e “irresponsables”. Está claro, además, que el Tratado de Lisboa impide que un país sea expulsado de la zona euro. Y están también los que piensan como el ex primer ministro belga, Guy Verhofstadt, quien apuntó: “Esta no es la Europa que hemos construido durante décadas”.

El episodio ha servido para discutir la conveniencia de establecer una autoridad económica europea que ayude a sacar a flote a los países quebrados. A comienzos de marzo el ministro de Hacienda alemán, Wolfgang Schäuble, propuso la figura de un Fondo Monetario Europeo que buscase vigilar las políticas fiscales de los países más indisciplinados. Un organismo que permitiría un serio avance en la arquitectura institucional del proyecto de integración europea. Empero, esta solución también cuenta con sus opositores, los mismos que abogan por la intervención del Fondo Monetario Internacional. Vale decir, una propuesta que en estricto sentido no compromete a la Unión Europea.

En síntesis, el proyecto de integración regional de mayor importancia para el siglo XX, el mismo que estrechó lazos entre países que venían de protagonizar una sangrienta guerra, recibe un nuevo embate, en esta ocasión por cuenta del mal comportamiento económico de uno de sus miembros.

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