Obama, la salud y los inmigrantes

TRAS UN INTENSO AÑO DE DEBATES en Estados Unidos, la Cámara baja aprobó el pasado domingo la controvertida reforma a la salud impulsada por Barack Obama.

Mientras tanto, y frente al Congreso, se reunieron cerca de doscientas mil personas en la llamada “Marcha por América”, como forma de presionar a la actual administración para que acelere el impostergable trámite de una prometida ley de inmigración. Si lo logra, el primer mandatario estadounidense hará historia al amarrar dos temas prioritarios y continuará transitando por el camino de los grandes logros en beneficio de la mayoría de los habitantes del país del norte.

Este triunfo le vino como anillo al dedo luego de haberse jugado a fondo con una apuesta demasiado riesgosa que le permitirá garantizar la cobertura sanitaria a 32 millones de personas que no tenían seguro de salud. Para su aprobación Obama transitó por un terreno pantanoso en el que no habían tenido éxito presidentes de su propio partido, desde Truman hasta Clinton.

Y ganó. Luego de un año de tira y afloje con la bancada republicana y de una intensa negociación con copartidarios demócratas que no estaban de acuerdo, logró 216 votos, 3 más de los requeridos para su aprobación. Dos temas fueron determinantes para mover a los reacios de su propia bancada: acelerar el trámite de una nueva ley de inmigración y el compromiso con los demócratas católicos para que de los US$871.000 millones que costará la reforma no se emplee un solo dólar en abortos.

Obama, en un discurso emotivo y conciliador, dijo que esta era “una victoria para el pueblo norteamericano” y un triunfo del sentido común. Tiene toda la razón. Sin embargo, hay una parte de la ley que una vez pase por un trámite menor que le resta en el Senado y sea firmada por el mandatario, dejará por fuera del sistema de cobertura médica a más de 12 millones de latinos indocumentados, dentro de los cuales la colonia colombiana en dicha condición es bastante numerosa. Lo más grave para estos  es que ni siquiera podrán pagar un seguro médico con su propio dinero, pues la nueva ley así lo prohíbe.

El tema no es sencillo. El entonces candidato demócrata a la presidencia se comprometió con sus electores latinos a impulsar una gran reforma al tema de la inmigración y a legalizar la situación de los indocumentados. El apoyo de la comunidad latina fue importante en el triunfo de Obama, pero en su agenda de prioridades el tema de la salud consumió buena parte del esfuerzo. Ahora, con elecciones parlamentarias en noviembre, el panorama es bastante turbio. Varios senadores y representantes demócratas apoyaron la reforma de la salud sobre la base de que la siguiente fuera la de inmigración. Por este motivo la administración reavivó el asunto y encargó a los senadores Schumer y Graham, demócrata y republicano, de la elaboración de una propuesta bipartidista. Sin embargo, y como lo dijo con claridad el propio Graham desde su óptica republicana, si pasa la reforma a la salud la principal damnificada puede ser la de inmigración.

De ahí que la presión, que comenzó con esta manifestación del domingo anterior, pueda ser la base de un movimiento amplio que presione la aprobación de la ley antes de fin de año. No son pocos los parlamentarios que tienen en su base de votantes a latinos que esperan resultados concretos frente a las promesas de campaña. De ellos depende en buena parte la posibilidad de reelección de los congresistas. En este sentido, no es de extrañar que Obama se dirigiera el domingo a los manifestantes que pedían una reforma migratoria inmediata, para ratificar su compromiso “irrestricto” con la promesa hecha.

Luego del triunfo en materia de salud, es de esperar que la buena racha del primer mandatario le alcance para beneficiar ahora a millones de indocumentados que merecen regularizar su situación para beneficiarse de las ventajas de la nueva ley. Si es así, Obama continuará haciendo historia.