"Si vamos a decidir sobre la vida y la muerte, vamos a hacerlo juntos": Claudia López

hace 9 horas
Por: Fernando Araújo Vélez
El Caminante

Aunque haya que amar a nuestro enemigo

Cinco palabras me llevaron a comprender el mundo y sus argucias, y sobre todo a los humanos. Cinco palabras, Todo es humano, demasiado humano, me fueron convenciendo de que no había absolutos. No había amor, sino gente que amaba o desamaba o trataba de amar. No había literatura, sino escritores. Ni arte, sino artistas. Ni justicia, sino encumbrados personajes que intentaban impartir justicia, o se dejaban comprar por unas cuantas monedas de cuero para impartir justicia, su justicia. Luego fui comprendiendo también que no había una libertad, sino muchas libertades, y que lo más complejo del mundo era aceptar la libertad del otro, o esa libertad que no nos gustaba, que no era la nuestra.

Comprendí, mil veces comprendí y mil veces lo dije, que no había felicidad, sino miles de millones de personas que la buscaban. Unos, creyendo que era un absoluto, que había una felicidad para todos. Y otros, más sensatos, seguros de que debían hallar su felicidad, o sus momentos de felicidad. Algunos la llamaron paz, hasta que los periódicos y los noticieros y unos cuantos mercaderes de ilusiones la prostituyeron. Entonces la paz no fue ni paz, ni pan, ni más, como cantaba Piero. Fue un negocio. En ocasiones, de miles de millones de pesos. En otras, de votos. Y en la mayoría de los casos, de pesos y votos. La paz puso presidentes y ministros, y tumbó gobiernos e hizo que algunos se alzaran en armas y que otros las dejaran. Jamás hubo paz, por supuesto.

Me llamaron escéptico y pesimista. Recordé a Sábato cuando decía que los pesimistas habían sido alguna vez los mayores optimistas. Entendí que aquel que creía, que aquel que confiaba, era quien más sufría las decepciones, y que las decepciones llegaban porque todo era humano, demasiado humano. Cuando pasé la página me encontré parado en el escalón de los descubrimientos. Había descubierto una verdad, mi verdad. Lógica, incontrovertible. Descubrirla me hizo sentir pleno, más allá de que me hubiera gustado o no. Volví a Nietzsche: “La verdad, aunque haya que amar a nuestro enemigo y odiar a nuestro amigo”. Retorné a lo humano, a nuestras millones de contradicciones. A las verdades y a las mentiras, a que por nuestras vanidades no vamos a ser capaces de descubrir una verdad, y menos, a comprender que lo esencial es descubrir.

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2020-02-08T18:13:46-05:00

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Aunque haya que amar a nuestro enemigo

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