Hay tecnologías que dejaron de ser exclusivas para convertirse en parte del día a día. Los asistentes de mantenimiento de carril son un buen ejemplo. Antes estaban reservados para vehículos de alta gama, hoy aparecen en modelos de distintos segmentos y, más allá de advertir, también intervienen en la conducción. Y ahí surge una duda. En un país como Colombia, con realidades tan distintas entre ciudad y carretera, ¿qué tan confiables son?
Gánale la carrera a la desinformación NO TE QUEDES CON LAS GANAS DE LEER ESTE ARTÍCULO
¿Ya tienes una cuenta? Inicia sesión para continuar
De advertir a corregir
Durante años, lo más común era la alerta de cambio de carril. Un aviso sonoro, una vibración o una luz en el tablero cuando el vehículo empezaba a desviarse. Era útil, pero dependía completamente de la reacción del conductor. El salto tecnológico vino cuando el sistema dejó de limitarse a avisar y empezó a actuar. Ahora, cuando detecta que el carro se está saliendo del carril sin intención, corrige la trayectoria con un leve movimiento en la dirección para mantenerlo centrado.
Para lograrlo, el sistema utiliza cámaras ubicadas principalmente en la parte frontal, cerca del parabrisas, aunque algunos modelos suman apoyos laterales o traseros. Estas cámaras leen las líneas de la vía, ya sean continuas o discontinuas, y a partir de ahí calculan la posición del vehículo.
El punto crítico en Colombia
De acuerdo con Andrés Nieto Ramírez, experto en seguridad vial y director del Observatorio de Seguridad y Convivencia de la Universidad Central, este tipo de asistencias puede reducir hasta en un 50% las colisiones frontales asociadas a invasión de carril y cerca de un 43% los choques laterales.
Según Nieto, este tipo de tecnología actúa sobre uno de los principales factores de riesgo en la conducción, el error humano, que en Colombia representa cerca del 90% de los siniestros viales, de acuerdo con cifras de la Agencia Nacional de Seguridad Vial.
Sin embargo, advierte que el desempeño de esta tecnología en Colombia está directamente condicionado por el entorno. Señala que, aunque en las principales ciudades la demarcación vial permite un funcionamiento más consistente, en carreteras secundarias, zonas rurales y varios cascos urbanos la ausencia o el deterioro de las líneas reduce de forma considerable su efectividad.
Nieto también pone el foco en un aspecto técnico que suele pasar desapercibido, y es la calibración. Con la creciente presencia de estos sistemas en vehículos de gama media y alta (cercana al 70%), insiste en la necesidad de realizar ajustes en talleres especializados.
“La correcta alineación de cámaras, los ángulos de visión y la ubicación de los sensores son determinantes para su funcionamiento. Incluso intervenciones aparentemente menores, como el cambio de un parabrisas o un golpe leve, pueden alterar la precisión del sistema si no se recalibra adecuadamente”, señala
A pesar de estas limitaciones, Nieto destaca que su impacto ya empieza a ser reconocido en el mercado asegurador. En varios países de Sudamérica, menciona, existen incentivos en pólizas todo riesgo para vehículos que incorporan estas asistencias certificadas, con descuentos que oscilan entre el 2% y el 7%, como reflejo de su capacidad para reducir la siniestralidad.
Finalmente, en Europa este tipo de tecnologías ya superó la etapa de adopción voluntaria y en muchos casos es obligatoria en vehículos nuevos, acompañada por redes de diagnóstico y calibración especializadas. Para Colombia, concluye Nieto, los asistentes de mantenimiento de carril son una herramienta efectiva, pero su confiabilidad depende de factores externos como la calidad de la señalización y el mantenimiento técnico del sistema. Sin estas condiciones, su aporte se mantiene, pero con un alcance limitado.