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El ahorro de gasolina se ha convertido en una de las principales preocupaciones de los conductores, especialmente en medio de constantes incrementos en los precios del combustible. Sin embargo, no todo depende de ese factor, ya que el mantenimiento del vehículo abre un margen importante de mejora.
De acuerdo con Carlos Badillo, asesor experto de la marca Renault, entender cómo cuidar el carro es clave para optimizar el consumo. Elementos como filtros, bujías, presión de las llantas y calidad del combustible hacen la diferencia entre un motor eficiente y uno que trabaja forzado.
Acá le contamos esas partes del carro que debe tener en la mira si lo que se busca es gastar menos gasolina.
Filtro de aire limpio
El motor necesita tres cosas para trabajar bien: combustible, oxígeno y una chispa precisa. Si una falla, todo se desbalancea. Aquí es donde el filtro de aire entra a jugar un papel importante.
Cuando está sucio o saturado, el aire no fluye como debería. ¿Qué pasa entonces? El motor intenta compensar inyectando más gasolina y, aun así, la combustión no es eficiente. Se pierde potencia y se gasta más.
Para Badillo, la frecuencia de cambio del filtro de aire depende directamente del entorno. En zonas con poco polvo puede durar más tiempo, mientras que en ciudades como Bogotá o en vías destapadas se satura con mayor rapidez. En esos casos, alargar su cambio termina saliendo caro.
Bujías en buen estado
Las bujías suelen pasar desapercibidas hasta que empiezan a fallar, pero su papel en el consumo de gasolina es más importante de lo que parece. Son las responsables de generar la chispa que enciende la mezcla de aire y combustible dentro del motor, y de su eficiencia depende que esa combustión se aproveche al máximo.
Según Badillo, cuando la chispa no es la adecuada, parte de la gasolina no se quema correctamente y termina expulsándose por el escape. Esto no solo reduce la potencia, también incrementa el consumo.
Como referencia, una revisión cada dos años puede ser un buen punto de partida, aunque siempre dependerá del tipo de bujía y de las recomendaciones del fabricante. En algunos casos basta con calibrarlas, mientras que en otros es necesario reemplazarlas, según explica el experto.
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Llantas bien infladas
Pocas cosas tan simples y, al mismo tiempo, tan subestimadas como la presión de las llantas. Y pocas con un impacto tan directo en el consumo de gasolina. Cuando una llanta está por debajo de la presión recomendada, aumenta la resistencia al rodamiento y el carro necesita hacer un mayor esfuerzo para avanzar.
De acuerdo con Badillo, rodar con una presión inferior a la indicada puede elevar el consumo entre un 2 % y un 4 %, una diferencia que, con el paso de los kilómetros, termina sintiéndose en el bolsillo.
Otros detalles que también pesan
El mantenimiento no es el único factor, hay hábitos y condiciones que también influyen:
- Tipo de gasolina: La gasolina extra, con mayor octanaje y mejor filtrado, favorece una combustión más eficiente. El motor responde mejor y requiere menos esfuerzo, aunque su precio hace que no siempre sea la opción más conveniente para todos los conductores.
- Ventanas abiertas y aire acondicionado: Manejar con las ventanas abajo a alta velocidad genera una resistencia al aire similar a un efecto paracaídas, obligando al motor a trabajar más. Por otro lado, el aire acondicionado también suma carga, especialmente en motores de combustión.
- Peso y aerodinámica: Accesorios como barras de techo, compartimientos adicionales o incluso llevar el vehículo constantemente cargado aumentan la resistencia y el esfuerzo del motor.
