Algunos carros ya no siempre se abren con una llave en la mano, en muchos modelos recientes, con solo sacar el celular del bolsillo —o incluso dejarlo ahí— para desbloquear puertas, encender el vehículo o compartir el acceso con otra persona. Las llamadas llaves digitales están cambiando la forma en que se interactúa con el carro y apuntan a una experiencia más simple, conectada y sin interrupciones.
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Según Fernando Muñoz, jefe de entrenamiento de Inchcape para Mercedes-Benz Colombia, esta evolución no ocurrió de la noche a la mañana. Los primeros sistemas funcionaban por infrarrojo, pero con el tiempo fueron dando paso a soluciones más avanzadas, hasta llegar a las llaves completamente digitales.
De acuerdo con Muñoz, hoy el vehículo depende directamente de esa autenticación para operar, lo que refuerza la seguridad y reduce riesgos asociados a pérdidas o accesos no autorizados.
Carlos Badillo, experto de Renault, complementa que actualmente conviven varios tipos de tecnologías. Por un lado, están los sistemas con NFC, que requieren un contacto cercano —como apoyar el celular o la llave en un punto específico del vehículo— para habilitar la apertura o el encendido.
Por otro, están las soluciones basadas en Bluetooth, que funcionan por proximidad. Aquí el carro reconoce automáticamente el dispositivo cuando el usuario se acerca, abre los seguros sin necesidad de tocar la puerta y permite el encendido siempre que el celular esté dentro del vehículo.
“Algunos fabricantes ofrecen una alternativa adicional, que consiste en crear una copia digital de la llave en el celular. Todo esto a través de una aplicación oficial, donde el usuario registra sus datos, activa permisos y genera una credencial segura, muy similar a cuando se almacena una tarjeta bancaria en el teléfono”, sostiene Badillo.
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Seguridad, el eje de todo el sistema
Uno de los puntos clave de esta tecnología es la protección frente a accesos indebidos. En ese sentido, Muñoz explica que los sistemas actuales utilizan códigos dinámicos o “hash”, que cambian cada vez que se abre, cierra o enciende el vehículo. Esto evita que exista un patrón que pueda ser replicado o vulnerado.
Desde la perspectiva de Badillo, la seguridad no depende solo del carro, sino también del ecosistema del celular. Elementos como el reconocimiento facial, la huella dactilar o los códigos de acceso actúan como primera barrera.
A esto se suma la capa de la aplicación del fabricante, que vincula el vehículo con datos únicos del propietario, como su correo electrónico, documento de identidad y códigos entregados al momento de la compra. “Solo quien tenga acceso completo a esa información puede gestionar la llave digital, crear copias o autorizar a otros usuarios” menciona el experto de Renault.
Incluso en procesos como la venta del vehículo, el traspaso del acceso digital requiere la autorización del propietario original. Sin ese paso, el nuevo usuario no podrá activar la función.
¿Qué pasa si el sistema falla?
Aunque la experiencia digital es cada vez más completa, los fabricantes mantienen soluciones de respaldo. Muñoz señala que, en el caso de Mercedes-Benz, el sistema lleva cerca de una década en desarrollo y siempre contempla escenarios de contingencia.
“Si el celular se queda sin batería o la aplicación presenta fallas, el vehículo conserva métodos de acceso alternativos. Generalmente, se incluye una llave física de emergencia y puntos específicos dentro del carro que permiten el arranque manual”, destaca.
Una experiencia pensada para el día a día
Poder abrir el carro sin buscar la llave, compartir el acceso con un familiar desde el celular o gestionar permisos de forma remota son algunas de las ventajas más visibles. Para Muñoz, el enfoque de las marcas apunta a integrar el vehículo con la vida digital del usuario, haciendo que el celular se convierta en una extensión natural del carro.
Badillo lo ve como parte de una transformación más amplia: “así como hoy muchas personas ya no usan efectivo o tarjetas físicas, la llave tradicional podría desaparecer con el tiempo. A medida que se solucionen limitaciones como la dependencia de la batería o la conectividad, este tipo de acceso podría convertirse en el estándar”, concluye.