Aunque muchas personas los usan solo para mayor comodidad, los apoyacabezas cumplen una función clave en la seguridad de los ocupantes del vehículo, especialmente en caso de choque o frenada fuerte. Sin embargo, algunos conductores suelen retirarlos para mejorar la visibilidad, instalar accesorios o incluso por estética, sin tener claro si esta práctica puede generar sanciones.
Lo cierto es que detrás de esa pieza que muchos ven como un simple complemento del asiento, existe todo un desarrollo técnico enfocado en reducir lesiones graves. Andrés Nieto Ramírez, experto en seguridad vial y director del Observatorio de Seguridad y Convivencia de la Universidad Central, explica que los apoyacabezas hacen parte de los elementos de seguridad pasiva del vehículo, junto con los cinturones de seguridad.
De acuerdo con Nieto, la Resolución 3752 de 2015, que reglamenta varios aspectos del Código Nacional de Tránsito, estableció parámetros relacionados con estos sistemas de protección. “Aunque en otros países este tipo de exigencias se implementaron hace más de una década, en Colombia se reforzó especialmente la obligatoriedad para conductor y copiloto y, más recientemente, para los pasajeros traseros en muchos vehículos nuevos”, señala.
Una pieza que puede evitar lesiones graves
En la mayoría de siniestros viales, una de las lesiones más frecuentes son las craneocervicales. Ahí es donde el apoyacabezas cobra protagonismo. Según Nieto, estos elementos pueden disminuir hasta en un 28% el riesgo de ciertas lesiones, porcentaje que incluso podría llegar al 39% cuando están correctamente instalados, conservan el ángulo adecuado y no han sido modificados.
El experto señala que cada fabricante diseña los apoyacabezas según características específicas del vehículo, como la aceleración, inclinación y comportamiento estructural. Por eso, aspectos como el grosor, la resistencia y la posición no son estéticos.
“La idea es que el apoyacabezas tenga una inclinación adecuada y que la distancia entre la cabeza y el elemento no sea superior a cuatro centímetros. Con eso no solo se protege el cuello durante un impacto, sino que también se pueden evitar lesiones que, con el paso del tiempo, terminan afectando seriamente la movilidad y calidad de vida de la persona”, explica Nieto.
Ojo con las modificaciones
En muchos carros es común encontrar modificaciones en los asientos o en los apoyacabezas. Algunas personas instalan pantallas, cambian los materiales, modifican colores o incluso los reemplazan por accesorios no originales.
Sin embargo, Nieto advierte que este tipo de intervenciones podrían afectar la efectividad del sistema de protección.
Por eso recomienda que cualquier modificación o desmontaje se realice en talleres especializados y certificados, siguiendo siempre las especificaciones técnicas del fabricante.
Incluso durante procesos de lavado profundo o higienización del interior del vehículo, el experto insiste en la importancia de reinstalarlos correctamente. “Si queda solo a la altura del cuello y la cabeza queda descubierta, la gravedad de la lesión podría aumentar hasta en un 16%”, sostiene Nieto.
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¿Hay multa por quitar los reposacabezas?
Aunque muchas personas creen que existe una sanción específica por conducir sin apoyacabezas, Nieto señala que el Código Nacional de Tránsito no contempla una multa puntual únicamente por este elemento. Sin embargo, el experto aclara que la infracción sí puede aparecer cuando se considera que hubo eliminación o adulteración de los sistemas de seguridad originales del vehículo.
Es decir, el experto insiste en que, si el carro salió de fábrica con apoyacabezas y durante una inspección estos fueron retirados, modificados o no están instalados, las autoridades podrían aplicar una sanción relacionada con la alteración de los elementos de seguridad del automotor.
“En esos casos, la multa puede alcanzar los 15 salarios mínimos legales diarios vigentes, aunque la norma no menciona de manera textual y específica a los apoyacabezas, sino que los incluye dentro de los sistemas originales de seguridad del vehículo”, concluye Nieto.