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En Colombia, hablar de seguridad vial dejó de ser un tema técnico para convertirse en una preocupación que toca de manera directa la vida de miles de familias. El país enfrenta un crecimiento sostenido en los accidentes de tránsito, y por eso no sorprende que Gobierno, industria y expertos estén poniendo la lupa sobre los factores que explican esta situación.
Según la Agencia Nacional de Seguridad Vial (ANSV), cada año fallecen más de 5.000 motociclistas en Colombia, es decir, cerca de 14 personas al día. Este grupo concentra alrededor del 60 % de las muertes por accidentes de tránsito, consolidándose como el más vulnerable en las vías.
La entidad registró 4.122 fallecidos por siniestros viales en 2024 y, en lo que va de 2025, el número ya llegó a 4.436. Eso significa un incremento del 7,62 %, impulsado principalmente por hechos en los que siempre está involucrada una motocicleta.
Entretanto, las aseguradoras, a través de Fasecolda, han reportado un desembolso 1,5 billones de pesos para atender a 421.000 heridos en accidentes de tránsito. El dato más preocupante es que el 90 % de estos casos también involucran a una motocicleta.
De acuerdo con Andrés Nieto Ramírez, experto en seguridad vial y director del Observatorio de Seguridad y Convivencia de la Universidad Central, el crecimiento del parque de motocicletas en Colombia no es casualidad. Según explica, el aumento de motocicletas en el país ha sido considerable, especialmente a partir de 2023, un fenómeno impulsado por la facilidad de adquirir una moto en comparación con un vehículo particular.
“Hoy existen opciones de financiación directa con concesionarios y marcas, además de créditos bancarios que, en muchos casos, no exigen codeudor ni mayores soportes económicos, lo que ha abierto la puerta a miles de nuevos usuarios”, señala.
Este escenario se cruza inevitablemente con los retos de seguridad vial. Para Nieto, ciudades como Bogotá, Cali o Medellín, la motocicleta resulta siendo no solo la forma más barata, sino también la más rápida de desplazarse, lo que explica su creciente protagonismo en la movilidad.
Aun así, Nieto subraya que este crecimiento no implica que la motocicleta sea intrínsecamente el elemento más riesgoso de la movilidad, sino que las condiciones de exposición al riesgo son diferentes. “El incremento de ventas y registros trae consigo un aumento proporcional en accidentes, incidentes y siniestros, algo que considera lógico si la tendencia no viene acompañada de formación adecuada”, enfatiza.
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Por otro lado, Iván García, director de la Cámara de la Industria de Motocicletas de la Andi, destaca que el sector ha asumido un papel activo en la prevención y la educación vial. Según explica, en los últimos tres años la industria ha invertido más de 1,2 millones de dólares en programas de formación, campañas pedagógicas y acciones orientadas a proteger a los usuarios en las vías. Además, ya se proyecta una inversión adicional de 300 mil dólares para 2026, con el objetivo de ampliar el alcance y asegurar la continuidad de estas iniciativas.
Según el directivo, a estos esfuerzos se suman las inversiones orientadas al desarrollo de productos con niveles de seguridad superiores. “Implementaciones como las llantas certificadas, las luces siempre encendidas y la inclusión de frenos avanzados en el 100 % de las motocicletas ensambladas en el país corresponden a decisiones adoptadas por la industria de manera voluntaria, pese a la ausencia de requerimientos técnicos obligatorios en esta materia”, menciona.

La tecnología en la seguridad vial de las motos en Colombia
En este panorama, la tecnología se ha convertido en un factor clave para entender cómo la industria está respondiendo a los desafíos de seguridad vial. Andrés Nieto señala que los diferentes fabricantes y el mismo mercado han llevado a que las tecnologías se incorporen cada vez más en las motocicletas. También recuerda que, mientras los vehículos llevan décadas integrando elementos como cinturones, airbags o estructuras reforzadas, en el caso de las motocicletas (y particularmente en Latinoamérica) el desarrollo estaba rezagado.
Sin embargo, el experto señala que a partir de 2020 se evidencia un cambio, es que las motos comienzan a integrar soluciones que no solo apuntan al rendimiento mecánico o a mejoras en emisiones, sino a la seguridad del conductor.
Desde la perspectiva de las ensambladoras, la adopción de estas tecnologías avanza incluso en ausencia de regulaciones específicas. Gabriel Gaviria, jefe de entrenamiento técnico del Grupo Auteco, explica que actualmente no hay una exigencia como tal para que se implementen estas tecnologías en seguridad, por ejemplo, en sistemas de freno.
Aun así, afirma que la industria lleva años preparándose: “hoy en día, la mayoría del portafolio de las marcas ya cuenta con sistemas de frenado avanzado, aunque no sean obligatorios por normatividad. Esto lo desarrollamos junto con las casas matrices y estas tecnologías cumplen estándares internacionales de seguridad”, dice.
Carlos Andrade, jefe de entrenamiento de Hero, detalla que la marca también está ajustando sus motocicletas para reducir la accidentalidad. En su portafolio, las motos por encima de 150 cc incorporan frenos ABS, mientras que los modelos de menor cilindraje utilizan CBS (frenos combinados). “En iluminación, nuestras motos cuentan con el sistema DRL, que activa luces complementarias desde el encendido para mejorar la visibilidad, y también con luces AHO, que permanecen encendidas una vez el motor entra en funcionamiento”, destaca.
Desde Honda Motos Fanalca, Juliana Quintero asegura que el fabricante realiza un seguimiento diario a la normativa que el Gobierno plantea para las motocicletas, pero también a las tendencias de innovación a nivel global. Señala que la casa matriz en Japón mantiene como política reducir la accidentalidad, lo que implica avanzar en nuevas tecnologías orientadas a la protección del usuario.
Además, comenta que analizan datos de la Agencia Nacional de Seguridad Vial para identificar patrones de riesgo, por ejemplo, municipios y ciudades con mayores índices de siniestros, franjas horarias críticas —como los desplazamientos hacia y desde el trabajo— y perfiles de usuarios más afectados. “Esto permite tener métricas exactas y orientar mejor las acciones dirigidas a los motociclistas”, afirma.
A su turno, Nieto concluye mencionando que los avances tecnológicos son valiosos, y su impacto está condicionado al uso adecuado por parte del conductor. Sin embargo, en sus palabras, “toda la tecnología puede estar allí, pero si no se tienen normas claras y una pedagogía sobre cómo usarla, o si la persona decide omitirla, ocurre lo mismo que con el cinturón de seguridad o el casco: tienen la mayor efectividad cuando se usan. Si se deja de prestar atención o no se utilizan, su nivel de protección puede llegar a cero”.
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