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Señales de que la suspensión de su carro ya sufrió demasiado en Bogotá

En una ciudad como Bogotá, donde la suspensión trabaja horas extra todos los días, ignorar estas señales rara vez termina bien.

Redacción Autos

09 de mayo de 2026 - 08:00 p. m.
Las señales de desgaste pueden dividirse en tres grandes grupos: visuales, auditivas y sensoriales.
Foto: Pexels
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En Bogotá hay algo que todos los conductores comparten, sin importar la marca del carro o el barrio por donde se muevan, tarde o temprano la suspensión termina pagando las consecuencias de los huecos, los resaltos, las alcantarillas destapadas y las obras que aparecen casi en cualquier esquina.

Y aunque muchas veces el desgaste ocurre poco a poco, el carro suele empezar a hablar antes de que el daño sea grave. El problema es que no siempre se le presta atención a esas señales.

La suspensión es uno de los sistemas más exigidos de cualquier vehículo, de ella depende buena parte de la estabilidad, el confort y hasta la seguridad al manejar. Cuando algo empieza a fallar, el comportamiento del carro cambia, incluso aunque a simple vista todo parezca normal.

De acuerdo con Carlos Badillo, experto de Renault, las señales de desgaste pueden dividirse en tres grandes grupos: visuales, auditivas y sensoriales.

Hay casos en los que la suspensión prácticamente avisa sola que necesita revisión. Uno de los ejemplos más comunes son las fugas de aceite en los amortiguadores. Según Badillo, cuando un amortiguador empieza a perder aceite, el componente ya está mostrando señales claras de desgaste y es momento de revisarlo. “Aunque no todos los conductores revisan constantemente debajo del carro, una inspección visual ocasional puede evitar daños costosos más adelante”, señala.

Para muchos usuarios, el primer síntoma aparece en forma de un ruido extraño: ese chirrido al pasar un hueco, el traqueo cuando gira el timón, el golpe seco que antes no existía y ahora aparece cada vez que el carro cae en una irregularidad de la vía. Badillo explica que esos sonidos suelen ser el primer indicio de que algo en la suspensión ya no está trabajando correctamente.

Ahora bien, no todas las señales se ven o se escuchan, algunas simplemente se sienten.

Vibraciones en el timón o en los pedales, sensación de inestabilidad y rebotes excesivos después de pasar un bache son algunos de los síntomas que pueden indicar problemas en la suspensión. “También es común que el vehículo empiece a inclinarse hacia un lado o que la dirección tienda a irse hacia la izquierda o la derecha”, explica Badillo.

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En una ciudad como Bogotá, donde la suspensión trabaja horas extra todos los días, ignorar las señales rara vez termina bien.
Foto: Kia

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Las piezas que más sufren en Bogotá

Aunque toda la suspensión está expuesta al desgaste, hay componentes que suelen dañarse con mayor frecuencia.

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Los amortiguadores encabezan la lista, pero también es común encontrar desgaste en las bases que los sujetan, en los bujes y en distintos empaques de los componentes de suspensión.

“Al final, la suspensión trabaja todos los días absorbiendo golpes, y en una ciudad como Bogotá, donde un hueco puede aparecer incluso en una vía principal, el desgaste suele acelerarse más de lo normal”, sostiene el experto.

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¿Cada cuánto revisar la suspensión?

No existe una cifra exacta que aplique para todos los carros, todo depende del uso y del tipo de vías por las que circula el vehículo.

De acuerdo con Badillo, las recomendaciones generales de los fabricantes suelen apuntar a una revisión anual, normalmente acompañada de procesos como alineación y balanceo. Ahí también pueden detectarse desgastes o daños en algunos componentes.

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Sin embargo, Bogotá tiene sus propias reglas.

Si el carro cayó en un hueco fuerte, golpeó una alcantarilla o después de un impacto empezó a sentirse diferente, lo mejor es no esperar a la siguiente revisión programada.

Recomendaciones para cuidar la suspensión del carro

En temas de suspensión, el manejo preventivo sigue siendo la mejor defensa.

Para Badillo, hay una recomendación básica que muchos olvidan, usar el vehículo para lo que fue diseñado. Un automóvil no está pensado para andar constantemente por terrenos destapados o recibir golpes fuertes a alta velocidad.

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También insiste en algo importante cuando ya aparece un daño, y es no hacer reparaciones a medias.

Por ejemplo, si un amortiguador falla, normalmente se recomienda cambiar ambos del mismo eje. De lo contrario, el desgaste desigual puede generar desbalances y terminar afectando otras piezas. “A veces intentar ahorrar en una sola reparación termina saliendo más caro después”, concluye el experto.

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