Un ejemplo de cultura

Más que un hombre de medios de comunicación, fue un ser humano dedicado al conocimiento de todas las manifestaciones artísticas. Tal vez sin saberlo, realmente fue guía de varias generaciones de cinéfilos y melómanos.

Bernardo Hoyos nació en Santa Rosa de Osos en 1934 y murió en Bogotá el 11 de octubre de 2012.  / Archivo - El Espectador
Bernardo Hoyos nació en Santa Rosa de Osos en 1934 y murió en Bogotá el 11 de octubre de 2012. / Archivo - El Espectador

El gran mérito de Bernardo Hoyos siempre fue saber decir las cosas. Él, a diferencia de muchos expertos y conocedores, no tenía que hablar mal de una corriente cultural para resaltar el valor de otra. Con sabiduría se ponía el traje de abogado para darles relevancia a los grandes compositores clásicos, pero jamás asumió el rol de fiscal para irse en contra de los aires musicales contemporáneos, por más de que afectaran sus oídos.

Los clásicos eran magistrales por ser ellos, por dejar el legado que después de siglos siguen ostentando. Las bondades de Bach, Beethoven, Mozart y Wagner estaban, desde su opinión generosa y profunda, en sus partituras y no en las deficiencias del rock, el jazz, la salsa y todas las aristas del movimiento urbano. Para defender algo, no había que atacar lo demás, y esa fue siempre la consigna de Bernardo Hoyos.

Para él, el tono del debate estaba dado por las ideas, los argumentos, y no por los gritos y los afanes. La tranquilidad con la que se le escuchaba al aire al referirse tanto a complejos procesos culturales como a nombres y apellidos rebuscados para el promedio de los mortales, fue su característica en los distintos medios de comunicación en los que trabajó.

La cultura, en sus distintas manifestaciones artísticas, era su cotidianidad. Podía comenzar el día con la lectura de unas obras completas y, con su inseparable lupa como bastón, recorría páginas kilométricas, que en los diales del servicio para América Latina, en Caracol Radio o en la emisora de la Universidad Jorge Tadeo Lozano (HJUT 106.9), eran traducidas en comentarios transparentes, claros y sin urgencias de protagonismo.

Bernardo Hoyos hablaba con el mismo conocimiento de la música académica como de piezas de tipo popular. En este ramo del arte su corazón estaba a favor de la consagración del jazzista Duke Ellington, pero también aplaudía la perfección del canto en Frank Sinatra.

Para sus comentarios sobre cine siempre contó con la ayuda de su memoria. Gracias a ella relacionaba actores con secuencias y directores con historias.

Tal vez nunca supo lo importante que fue su labor para las generaciones posteriores que, por él y por personajes como Guillermo Abadía Morales, empezaron a hablar de la cultura, la música y el folclor en la industria de los medios. Bernardo Hoyos puso de moda la cultura, pero jamás la abordó desde el sendero de lo vano, y esa fue una de sus máximas enseñanzas. Hasta siempre, Maestro.

Recuerdos de Bernardo Hoyos

Por Manuel Drezner

Bernardo Hoyos era uno de esos espíritus universales, casi que un hombre del Renacimiento, ya que podía hablar con toda propiedad lo mismo del oscuro pintor que habían redescubierto en algún museo de Marsella que de las obras musicales de la mayor vanguardia o de los candidatos al Nobel, pasando por las películas musicales de los años treinta.

Pero a pesar de su gran erudición, tenía la propiedad de no ser petulante sino que todo lo decía con la sencillez que caracteriza a la persona de autenticidad.
Sin embargo, su rasgo más relevante es que sabía ser gran amigo de sus amigos, una persona fiel en quien siempre se podía confiar.

Hace sólo unos días, al saber que iba a viajar, me llamó desde el que resultó ser su lecho final para lamentarse de que por su enfermedad no podría despedirse personalmente, pero asegurándome que a mi vuelta tendríamos otro de nuestros inolvidables almuerzos, de aquellos en que se hablaba desde Proust hasta sus más recientes proyectos.

Su inesperada y lamentada muerte los ha interrumpido para siempre, pero detrás de la figura de Bernardo Hoyos todos recordaremos al caballero, al erudito y, sobre todo, al gran amigo.

Sobre Bernardo Hoyos

Era un gran lector que contaba con una excelente memoria. Fue de esas últimas generaciones que leyeron a Proust y Borges y los recitaba”.
José Fernando Isaza,  exrector de la Universidad Jorge Tadeo Lozano

Recuerdo de él su elegancia y su risa, franca y amistosa. Nos enseñó a hacer radio, pues se había formado en la BBC de Londres”.
Miguel Camacho,  periodista cultural

Con la pérdida de Bernardo Hoyos se va uno de los grandes humanistas que ayudaron a que los colombianos tuvieran la cultura al alcance de la mano”.
Federico Díaz-Granados,  poeta

Él era una persona muy curiosa, muy inquieta, muy sensible, leía de todo, conversaba de todo con una gran habilidad para absorber y para aprender”.
Juan Sebastián Hoyos, hijo del  maestro Hoyos

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