Por: Daniel Mera Villamizar

Bicentenario no acaba: asignaturas pendientes

Discutir si somos nación de 200 o de 500 años y reinstaurar Historia como materia independiente en la educación, entre lo que falta.

La resignación es una tentación, pero hay que vencerla cada día. En materia de Bicentenario, la tentación saludable es decir “estuvo bien la conmemoración y refleja lo que somos como país; dejemos ya el tema”. Pero hay que vencernos a nosotros mismos: exigirnos más con lo que somos.

Hace 15 años hicimos un ejercicio admirable de Visión Colombia II Centenario. Se creyó que el 7 de agosto de 2019 celebraríamos el cumplimiento de unas metas ambiciosas. Pues llegó el Bicentenario y ni mencionamos aquella visión. Tampoco lanzamos una nueva visión de largo plazo, lo cual era prácticamente imposible porque este Gobierno lleva un año.

Con buen criterio, el presidente Duque dijo: “Seguiremos conmemorando y reflexionando sobre el Bicentenario hasta el fin de nuestro Gobierno”, pero no señaló los siguientes bicentenarios que se imponen a una nación que se tome en serio a sí misma:

i) Del Congreso General Constituyente de la República de Colombia en la Villa del Rosario de Cúcuta en 1821, que unificó al Virreinato de Santafe y a la Capitanía General de Venezuela.

ii) De la Constitución Política del Estado de la Nueva Granada de 1832, que constituyó el actual Estado tras la separación de Venezuela y Ecuador.

El gobierno Duque puede conmemorar 1821, incluyendo el bicentenario de la “Ley de libertad de vientres de esclavos” —sin olvidar el mérito de la República de Antioquia y don Juan del Corral—; preparar el de la batalla del lago de Maracaibo, del 24 de julio de 1823, sin dejar sola a la Armada Nacional en eso; y liderar para presentar en 2021 una visión de largo plazo del país, que debería coincidir con el bicentenario de 1832, dándonos dos años más para cumplir las metas de los Objetivos de Desarrollo Sostenible de 2030.

La vicepresidenta, Marta Lucía Ramírez, está al frente del Bicentenario y conoce bien el proceso que hubo en 2006 y 2007 para la Visión Colombia 2032, de carácter económico, que se plasmó en el Conpes 3527 de 2008 y habría que actualizar con insumos de la Misión Internacional de Sabios y otras misiones. No hay que buscar quién lidere desde el alto Gobierno, incluso si la vicepresidenta piensa renunciar para buscar de nuevo la Presidencia.

El Gobierno también puede resolver el problema de la enseñanza de la historia de Colombia.  Una de las características de la conmemoración del bicentenario de la batalla de Boyacá es que los medios tuvieron que intentar nivelar en conocimientos históricos básicos a los colombianos, consecuencia de educar sin historia nacional en los últimos 30 años.   

Ya en términos intelectuales, nada más apasionante y de insospechados alcances puede ser tomar el reto de Enrique Serrano: abrirse a debatir sobre la “nación negada” de antes de la Independencia, los “300 años discretos” posteriores a la invasión española, de formación de nuevas sociedades.  Las narrativas de los 200 años de vida republicana pueden variar si hacemos el esfuerzo (descomunal) de entender mejor 400 o 500 años.  No se podrá compartir su reivindicación radical de la hispanidad ni la consideración de “estúpidas” para las independencias, pero hay que agradecerle el desafío intelectual.

En este terreno, es necesario aceptar la tensión entre la filosofía liberal de la Independencia que heredamos y el paradigma del multiculturalismo posterior a 1991. Aquí el presidente Duque se permitió repetir el cliché multiculturalista (o, mejor, el escritor de discursos; ¿oyó?, Pacho Miranda, inconsciente de la repercusión legislativa del cliché). Sin embargo, en esta y otras materias, lo más importante es no ceder a la resignación.

@DanielMeraV 

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