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Apego desorganizado: qué es, cómo se forma y cómo afecta las relaciones

Las personas que lo desarrollan pueden alternar entre la búsqueda de cercanía y el rechazo, especialmente en relaciones amorosas.

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Redacción Bienestar
04 de enero de 2026 - 12:10 a. m.
Apego desorganizado: qué es, cómo se forma y cómo afecta las relaciones.
Apego desorganizado: qué es, cómo se forma y cómo afecta las relaciones.
Foto: Tomadodeinternet
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Una persona puede necesitar apoyo, querer acercarse a alguien o sentirse satisfecha en la intimidad y, acto seguido, experimentar incomodidad, desconfianza o un impulso inexplicable de tomar distancia. A esto se le denomina apego desorganizado, y puede manifestarse a través de conductas que resultan contradictorias, sobre todo en lo que respecta a las relaciones de pareja.

Durante la infancia, además de enseñarnos a leer, escribir, hablar o caminar, la relación con quienes nos cuidan también nos enseña cómo funciona la gestión emocional: un niño aprende si puede contar con alguien cuando lo necesita; aprende si alguien responde, si lo escuchan y si estar cerca de otro lo ayuda a sentirse mejor. Y, dependiendo de la respuesta adulta, comienza a moldearse la seguridad en los vínculos.

Pero veamos cómo esto afecta el desarrollo del apego desorganizado.


Hablemos de su origen...

Desde la divulgación psicológica en su sitio web, Somos Estupendas explica que el apego desorganizado puede desarrollarse cuando el entorno familiar es tan cambiante que no se puede saber cómo van a reaccionar los adultos ante las necesidades de un niño.

El problema no es solo la falta de cuidado, sino también la falta de coherencia, porque la misma conducta o petición del menor puede ser aceptada o rechazada según el momento. Esa variación es la que dificulta que construya una forma sana de vincularse y, de paso, aceptarse a sí mismo.

Esto puede ocurrir en situaciones de negligencia, violencia o abuso, pero también cuando el adulto está atravesado por dificultades emocionales, estrés o problemas de salud mental que todavía no le han sido diagnosticados y, por ende, tratados. Entonces, puede alternar entre momentos de cercanía y momentos de desconexión, sin poder regularse y sin darle una explicación al niño.


Según el portal de Selia, fueron las investigaciones de Mary Main y Judith Solomon las que identificaron este estilo de apego, cuando mostraron que algunos niños no lograban mantener una misma conducta frente a sus cuidadores, especialmente en situaciones de estrés. Podían acercarse, pero detenerse de forma abrupta, mostrar respuestas contradictorias o quedarse paralizados por el miedo. No significaba que no quisieran a sus padres o figuras superiores: es que no contaban con una estrategia para relacionarse.


¿Cómo se expresa en la vida adulta?

El apego desorganizado suele manifestarse en las relaciones afectivas, sí, pero también puede aparecer en vínculos familiares o amistosos. Es común que la persona experimente dificultades para confiar, miedo al abandono, incomodidad o emociones muy intensas que resultan difíciles de regular.

Selia también explica que este tipo de apego puede estar vinculado a un trauma relacional. Es decir, a experiencias que ocurrieron dentro de vínculos que fueron importantes y que nos marcaron de alguna manera; aunque no siempre logremos recordarlo de forma explícita, estas heridas se “activan” en situaciones de cercanía, conflicto o vulnerabilidad.

Por eso, muchas personas adultas con apego desorganizado pueden entender racionalmente que una relación no es peligrosa y, de todas maneras, reaccionar con ansiedad, desconfianza o “salir corriendo”.


Ahora, frente a la duda común sobre si el apego evitativo y el apego desorganizado son lo mismo, la respuesta es no. En el primero, la persona aprendió desde temprano a no depender de los demás, a no expresar demasiado sus necesidades emocionales y a mantener cierta distancia en cuanto a lo afectivo. Por eso, cuando una relación se vuelve más seria, suele reaccionar alejándose, minimizando lo que siente o evitando el contacto. Es, en sí, una forma de protección que repite.

🗞️ Y puede leer sobre ello aquí: ¿Qué es el apego evitativo en una relación y cómo identificarlo?

En cambio, en el apego desorganizado, la persona no aprendió qué esperar del vínculo, porque en su experiencia temprana el simple hecho de acercarse o expresarse podía generar respuestas diversas, confusas y dañinas.

Y, aunque reconocerlo puede ser un primer paso, esto no sustituye un trabajo a nivel psicológico.

Antes de asumir que “así somos”, vale la pena preguntarnos si lo que hacemos, decimos o evitamos está afectando nuestras relaciones. Cuando la respuesta es sí, la terapia se convierte en una herramienta más que necesaria para comprender el porqué de nuestras acciones; para relacionarnos priorizando el bienestar propio y el de quienes nos rodean; para dejar de explicar nuestra forma de querer desde las etiquetas.


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Por Redacción Bienestar

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