Corría la década de 1970 cuando el psicólogo estadounidense John Gottman y el investigador Robert Levenson comenzaron a realizar un estudio sobre las relaciones de pareja. El ejercicio consistía en pedirle a cada una que resolviera un conflicto durante quince minutos: todo mientras eran grabadas.
Así, los profesionales analizaban lo que decían, pero también cómo lo decían: el tono, el lenguaje físico y las reacciones de vuelta.
Hicieron seguimiento a esas mismas parejas en el tiempo y encontraron que podían anticipar (con más del 90% de precisión) cuáles continuarían juntas y cuáles terminarían en divorcio. ¿Puede creer que fue posible llegar a esa conclusión incluso nueve años después del experimento?
Como resultado, Gottman identificó una “proporción” cercana al “5:1 en los matrimonios estables”. Eso significaba que, en medio de una discusión, por cada interacción negativa aparecían, por lo menos, cinco interacciones positivas. No se trataba de evitar los problemas, sino de que la negatividad no fuera dominante frente a las cosas buenas.
Con el tiempo, esta investigación fue reinterpretada. Hoy, por ejemplo, es posible conocerla a través de redes sociales. Es conocida como Proporción 2:1 que, evidentemente, reduce la cifra original y la convierte en una versión un poco más “manejable” o realista.
No responde exactamente al dato del estudio inicial de nuestros enamorados en conflicto, pero retoma su lógica. Sea el número que sea, la estabilidad depende, en buena parte, de la capacidad de compensar los daños que causamos en el otro.
¿Cómo funciona la Proporción 2:1?
Sencillo (o tal vez no tanto): por cada comentario negativo, gesto de fastidio, frase hiriente o acción dañina durante un conflicto, deberían aparecer, al menos, dos interacciones positivas que ayuden a restablecer el equilibrio emocional en la pareja.
Pero, ¿qué se considera exactamente una interacción negativa? Porque no toda emoción o respuesta entra en esta categoría. Por ejemplo, la ira o la impulsividad, la tristeza o la distancia pueden estar presentes sin que eso implique un daño severo. Según explicó Gottman, lo que resulta perjudicial es cuando esa emoción se traduce en crítica, desprecio o actitud defensiva.
Por eso, en su investigación, insistía en que la negatividad tiene una carga fuerte, que no se neutraliza con facilidad. De ahí la importancia de las interacciones positivas.
Las reparaciones pueden ser más simples de lo que uno cree: mostrar interés genuino por lo que el otro está diciendo, validar su experiencia (sí, incluso si no se comparte del todo), buscar puntos de acuerdo en medio del desacuerdo, expresar cariño por medio de lo físico o lo verbal, disculparse cuando se cruzó un límite.
Incluso el humor puede funcionar como un mecanismo de regulación, siempre que no esté cargado de ironía o desprecio. Las parejas que logran introducir estos gestos en medio del conflicto modifican su curso.
La diferencia entre el 5:1 documentado en los estudios originales y el 2:1 que hoy se populariza es, sobre todo, una cuestión de simplificación y cambio en nuestras dinámicas emocionales.
La investigación hablaba de una proporción más amplia, que fue observada durante cierto periodo de tiempo; la versión actual, en cambio, la traduce en una guía que tiene en cuenta los hábitos digitales y las relaciones modernas. No obstante, ambas coinciden en que el conflicto no es el enemigo principal de una relación. En realidad, es la acumulación de negatividad la que puede provocar que ciertos conflictos estallen, incluso los más pequeños.
Recuerde que la diferencia está en el balance que se logra aún en medio de la crisis y de las oportunidades para mediarla. Siempre que un método parezca insuficiente o difícil de ejecutar, acudir a un profesional en salud mental y terapia podría rescatar lo que parece del todo perdido.
Y usted, ¿qué otro experimento conoce o probaría para resolver conflictos de pareja? ¿Ha aplicado la Proporción 2:1? Lo leemos en los comentarios.
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