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Conozca qué significa desarrollar el apego seguro

Puede ser una referencia que permite comprender cómo nos vinculamos, qué esperamos de los otros y qué ofrecemos en nuestras relaciones.

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Redacción Bienestar
06 de enero de 2026 - 03:31 p. m.
En nuestros vínculos se espera un equilibrio mayor entre lo que se da y lo que se recibe.
En nuestros vínculos se espera un equilibrio mayor entre lo que se da y lo que se recibe.
Foto: Getty Images
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En esta serie de entregas sobre los estilos de apego hemos optado por abordarlos uno a uno, no con la intención de clasificar, sino para detenernos en conceptos que circulan con facilidad en redes sociales y conversaciones, pero que rara vez analizamos con calma. Palabras como “apego”, “patrón” o “vínculo” se repiten con frecuencia (y mucha, mucha facilidad), aunque no siempre comprendamos qué implican en la práctica.

En esta ocasión, hablaremos del apego seguro, una forma de relacionarnos que suele presentarse como la ideal. Desde la psicología clínica, este tipo de apego se asocia con experiencias tempranas —sí, como en las demás categorías— pero, esta vez desde una disposición de cuidado sensible y disponible, una que permite desarrollar la confianza en los otros y en uno mismo, de acuerdo con lo explicado en el portal de la clínica española Manuel Cassinello.

Pero hablar de apego seguro no significa hablar de relaciones perfectas. Es la posibilidad de vincularse desde la seguridad y la tranquilidad, de pedir apoyo cuando se necesita y de tolerar la cercanía de los demás sin que esta genere miedo al rechazo o al abandono, y no influye en los problemas o discusiones comunes que se producen dentro de un vínculo. El “terreno ganado” es que las personas que han logrado desarrollarlo pueden expresar lo que sienten y cuentan con más herramientas para regular sus emociones, incluso en momentos en donde es muy difícil.


Cómo se construye el apego seguro: su origen

Uno de los aspectos centrales del apego seguro es la percepción que se tiene del mundo relacional como un lugar predecible, seguro y diverso, aunque eso no implica que los otros siempre respondan como se espera (o como yo espero). Se genera una expectativa básica de cuidado, de escucha y de apoyo, sobre todo en situaciones de vulnerabilidad. Esa sensación de respaldo influye en la autoestima, en la forma de resolver conflictos y en la manera de construir relaciones a lo largo de la vida.

Y, aunque el apego seguro suele asociarse con la infancia —aspecto que siempre les recordamos como fundamental—, la vida adulta también permite construirlo. No es imposible llegar a sentirnos cómodos o menos ansiosos con la idea de relacionarnos.

Dicho en otros artículos, en los primeros años de vida de un niño, los vínculos se construyen a partir de la respuesta de los cuidadores a las necesidades físicas y emocionales del niño. Si hay atención y protección, crece con una percepción similar. Pero en esta relación no existe realmente una reciprocidad: el adulto cuida y el niño recibe.

Ocurre lo contrario en la vida adulta, porque el apego se “reorganiza”. En nuestros vínculos se espera un equilibrio mayor entre lo que se da y lo que se recibe. En realidad, es lo que debería suceder, porque ya existe una capacidad más amplia y desarrollada para representar interna y externamente la seguridad y la responsabilidad afectiva.

Desde la clínica también se explica que muchas dificultades relacionales en la adultez tienen relación con estilos de apego inseguros que no han sido trabajados. Ahora bien, no todas las personas que no desarrollaron un apego seguro en la infancia están “condenadas” a repetir patrones disfuncionales. Aseguran que una perspectiva saludable también puede construirse o fortalecerse sin importar la edad, especialmente a través de procesos terapéuticos; eso implica revisar la forma en la que se viven las relaciones y confrontar el miedo al abandono, la dependencia emocional o la evitación de vínculos.


El apego seguro puede ser una referencia sobre lo que esperamos de los otros y lo que ofrecemos en nuestras relaciones. Pero, si lo hablamos en términos coloquiales, la meta no puede ser una etiqueta. Hay que cuestionarnos —evitando que eso martirice— y sacar, de las propias dudas, un porcentaje de mejora.

A pesar de que es necesario definir el tipo de apego para comprenderlo, lo más importante al iniciar un proceso de terapia es pensar en el cuidado emocional, la confianza y la posibilidad de construir un espacio propio y seguro.


Si este tema le interesa, en otras entregas abordamos los apegos y su influencia en las relaciones, desde las de pareja hasta los vínculos no románticos:

🗞️ El apego en las relaciones de pareja: cómo entenderlo

🗞️ ¿Qué es el apego evitativo en una relación y cómo identificarlo?

🗞️ Apego desorganizado: qué es, cómo se forma y cómo afecta las relaciones


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Por Redacción Bienestar

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