
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
En ocasiones, nos basta con estar cerca de alguien para saber (y sentir) que hay interés o no, incluso sin poder explicarlo. Pero no siempre es una decisión completamente racional. Curiosamente, existe una reacción corporal que aparece mucho antes de que podamos hacer cualquier análisis sobre el otro, y se lo debemos a nuestro sentido del olfato.
Es cierto que tendemos a asociar la atracción con olores agradables —para algunos la lavanda o el chocolate, para otros los cítricos o los perfumes—, pero al olor corporal no siempre podemos definirlo como un “aroma” específico. Por eso, en muchos casos, una persona puede resultar atractiva sin que cumpla con ciertos estándares que creemos tener, mientras que otra logra generar incomodidad o rechazo.
Esa reacción, casi que automática, ha sido estudiada desde la biología y la psicología como parte de los mecanismos de atracción que poseemos. Aquí le explicamos cómo funciona.
¿Qué es exactamente lo que se percibe cuando se habla de olor corporal? Una de las explicaciones, y la principal, es el papel de las feromonas, sustancias químicas producidas por los seres vivos capaces de modificar el comportamiento de quien las percibe.
En su trabajo Feromonas, Raúl Colorado Peralta y José María Rivera explican que el término fue acuñado en 1959, a partir de la identificación del bombykol, una sustancia liberada por las hembras del gusano de la seda que permite atraer a los machos incluso a grandes distancias. A partir de este hallazgo —según relatan los autores— distintos investigadores comenzaron a preguntarse si los seres humanos también producimos compuestos con funciones similares.
Y la respuesta fue “sí”: emitimos feromonas capaces de comunicar información relacionada con nuestro estado de ánimo, nuestra salud y nuestra disponibilidad reproductiva. Estas sustancias actúan a través del olfato y pueden generar respuestas en los demás sin que exista una percepción consciente del estímulo.
Un experimento sobre el olor y la atracción
Para hablar desde la práctica, tomemos como referente el artículo La neuroquímica del amor: el papel de los neurotransmisores y el olor corporal en la elección de pareja, de Driane Jiménez Justiniano y Brenda Estremadoiro, publicado por la Universidad Privada de Santa Cruz de la Sierra, que explica, por ejemplo, la relación entre el olor corporal femenino y el ciclo menstrual.
Los estudios que retoman las autoras analizaron cómo el olor corporal femenino varía a lo largo del ciclo menstrual y cómo esas variaciones pueden ser percibidas por los hombres. Para ello se utilizaron prendas usadas por mujeres durante distintas fases del ciclo, con niveles hormonales verificados mediante algunas pruebas. Los hombres pudieron identificar diferencias entre los olores asociados a distintos momentos del ciclo menstrual: los que correspondían a los días de mayor fertilidad no solo llamaron más su atención, sino que fueron calificados por ellos como más “atractivos”.
Pero esa respuesta no era subjetiva, pues otras de las mediciones realizadas por los investigadores mostraron que quienes estuvieron expuestos a estas muestras presentaron un aumento en los niveles de testosterona frente a quienes olieron prendas correspondientes a días de baja fertilidad. Se registraron variaciones en su atención y en el interés que manifestaban en sus elecciones, sin que los participantes fueran conscientes de que su comportamiento estaba siendo influido por los olores.
Pero la investigación también analizó cómo las mujeres percibían el olor corporal masculino y qué tipo de información logró transmitirles. Según lo estudiado, los hombres suelen producir olores más intensos que las mujeres, y estas diferencias han sido vinculadas con el sistema inmunitario, en particular con los antígenos leucocitarios humanos (HLA).
En este experimento, las mujeres fueron expuestas a sustancias derivadas del olor corporal masculino (como la androsterona y la androstenol), y los resultados mostraron que, en efecto, influían en la percepción que tenían de los hombres, en la forma en que interactuaban con ellos: tendían a sentirse más atraídas por olores con características genéticas distintas a las suyas.
Uno de los hallazgos señalaba que los humanos podemos percibir —aunque no lo sepamos— señales vinculadas a esa información genética a través del olor. Entre mayor sea la diferencia en ella, mayores son los niveles de atracción y deseo sexual.
El olor corporal dentro de las relaciones
Para muchos, termina asociándose con la cercanía y se reconoce en la intimidad; puede generar calma, familiaridad o sensación de “hogar”. Por eso, cuando el olor de la pareja empieza a percibirse (y entenderse) como incómodo, diferente, “feo” o ajeno, suele coincidir con momentos en los que hay distancia física y emocional, desgaste o cambios muy puntuales.
Ese olor tan particular, tan propio —y que pocas veces sabemos explicar—, influye en cómo se siente estar con otra persona, en la cercanía, en la comodidad, en el deseo.
Por eso no podemos leerlo como un detalle mínimo: porque no solo importa al comienzo, en ese primer clic que hacemos, sino también a lo largo de la relación. Pues nos acompaña y no deja de tener efecto, incluso después de que el vínculo se cierra.
👗👠👒 Entérese de otras noticias sobre Amor en El Espectador.