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El ‘orbiting’ en las relaciones modernas

¿No responde mensajes, evita conversaciones, pero aparece siempre entre quienes ven sus historias?

Redacción Amor

04 de marzo de 2026 - 11:58 p. m.
Foto: Tomada de redes
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El orbiting es un término —uno más que podemos sumar a la lista de aquellos que hemos explicado recientemente— utilizado para describir la conducta de quienes dejan de responder mensajes o cortan un vínculo, pero siguen atentos a lo que la otra persona comparte en sus redes sociales.

No hay contacto. Ni mensajes, ni llamadas, ni interacción real. Es como si un fantasma (ojo, que más adelante le explicaremos la diferencia con el ghosting) hiciera de las suyas en el ecosistema digital: reaparece cada tanto a través de visualizaciones de estados o historias, reacciones o me gusta en alguna publicación o visitas constantes al perfil que quedan registradas y pueden ser notificadas o consultadas por el usuario. Entonces, explícitamente, no hay vínculo; implícitamente, aunque sigue extinto, intenta revivir en esos pequeños “esfuerzos”.

Y bueno, a diferencia del ghosting, en donde la desaparición es total y sin explicación, el orbiting es más una contradicción: si ya se fue, ¿por qué sigue apareciendo sin razón?

Por qué alguien decide “orbitar”

La periodista Anna Iovine, citada por la BBC en su artículo “Orbiting”, como el “ghosting” pero más cruel: la nueva tendencia en los tiempos del desamor en las redes sociales, describió esta dinámica como una forma de permanecer cerca sin mayor riesgo, pues las plataformas digitales facilitan esa posición intermedia, un poco tibia: vigilar y mantenerse visible o invisible cuando se guste, sin tener que explicar, tomar decisiones o enfrentar conversaciones incómodas para las que ese alguien no está listo.

Entonces, supongamos que su relación ya terminó. En teoría, la decisión incluiría un contacto cero, a menos de que se acordara lo contrario e intentara mantener un vínculo amistoso con su expareja. Pero si la última palabra fue desaparecer, si esa es la letra pequeña del contrario, este tipo de comportamiento orbitante únicamente entorpece el proceso. No permite llevar un duelo sano y lo desplaza hacia un espacio ambiguo en el que la confusión reina.

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Para muchas personas, esa ambivalencia resulta más desconcertante y dolorosa que la ausencia completa. Al menos el silencio absoluto ofrece más claridad que aquella observación intermitente: bienvenidos, pensamientos rumiantes y lectura de señales que podrían ni siquiera existir.

Según explica la experta en relaciones Persia Lawson, en declaraciones recogidas por el mismo medio, una de las razones por las que la gente aplica el orbiting puede ser la dificultad para cortar vínculos de forma definitiva, por lo que mantener una interacción mínima permite conservar cierta cercanía sin asumir el compromiso que se tenía antes.

En algunos casos, añade la especialista, lo que interviene es el llamado FOMO (fear of missing out), el temor a perderse lo que ocurre, en este caso, en la vida del otro. Las redes sociales reducen la distancia porque allí la vida parece un libro abierto, observable, criticable, disponible casi que sin restricciones.

Y seamos honestos: revisar perfiles o ver historias requiere poco esfuerzo (stalkear, por ejemplo, no es precisamente un acto que requiera de mucha planeación y gasto energético). Por eso un like aleatorio no implica necesariamente la intención de retomar el vínculo, aunque para quien lo recibe pueda interpretarse de otra manera debido a los sentimientos previos.

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Es la ley del mínimo esfuerzo... ¿cómo dejar de romantizarla?

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La importancia de poner límites (incluso en silencio)

“¿Sigue interesado?“, ”¿quiere volver?“, ”¿por qué ve todo lo que publico, pero no hace nada más?“. Orbitar, orbitar y orbitar como la Tierra lo hace alrededor del sol, y nosotros en torno a las preguntas con respuestas desconocidas o inexistentes.

Lawson advierte que algunas personas terminan analizando cada interacción en busca de significado. Como se dice coloquialmente en Colombia, “comienzan a hilar muy fino”, revisando quién vio primero una historia, intentando descifrar patrones, reacciones, “señales” que, se cree, no son casuales. Ese proceso puede prolongar emocionalmente relaciones que ya llegaron a su fin y transforman la ruptura en una experiencia a largo plazo (al menos más de lo que uno normalmente podría dimensionar).

Frente a estas dinámicas, especialistas como quienes conforman el equipo de Psi Mammoliti en Argentina, aseguran que esta práctica “puede generar ansiedad y confusión en la otra persona al enviar señales mixtas sobre sus sentimientos e intenciones”, y recomiendan “interactuar directamente con las personas en lugar de conformarse con una presencia periférica”, y establecer límites en redes sociales —silenciar, restringir o bloquear perfiles— que, lejos de ser un acto inmaduro, puede ayudar a recuperar la paz mental, incluso a la distancia.

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Por Redacción Amor

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