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La viudez en los hombres: duelo, soledad y lo que hay detrás de “volver a enamorarse”

La muerte de la pareja puede significar también la pérdida del principal confidente, del orden cotidiano y del único refugio emocional.

Kevin Stiven Ramírez Quintero

16 de abril de 2026 - 01:17 p. m.
La pérdida de la pareja puede dejar en algunos hombres un vacío que no se llena solo con familia o amigos alrededor.
Foto: Pexels
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La muerte de la pareja no deja solo una ausencia afectiva. También puede romper la estructura de los días, cambiar la relación con la casa, con el tiempo y con uno mismo. En muchos hombres, además, ese duelo se vive bajo una presión silenciosa de seguir adelante sin mostrar demasiado, sin pedir ayuda y sin mostrar vulnerabilidad frente a otros.

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No es que los hombres sintamos menos, sino porque muchas veces aprendimos a tramitar el dolor de formas menos evidentes: callando, aislándonos, refugiándonos en actividades o intentando sostener una imagen de fortaleza incluso en medio de la pérdida. Desde afuera, eso puede parecer firmeza, pero por dentro, puede ser otra cosa.

La viudez en hombres también obliga a mirar una pérdida más amplia. No se muere solo la persona amada. Puede desaparecer también la principal compañía emocional, la rutina compartida, el testigo cotidiano de la vida y el único lugar donde algunos podían dejar de actuar como “los fuertes”.

“Culturalmente, en Colombia y Latinoamérica, se les ha enseñado que ser fuerte es sinónimo de no expresar emociones, obligándolos a mantenerse firmes aunque se estén rompiendo por dentro”, dice Paola Díaz, psicóloga experta en salud mental para la infancia y la juventud de la Universidad Incca de Colombia.

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Cuando el dolor cambia de forma

Para Díaz, ese aprendizaje emocional no hace desaparecer el duelo: muchas veces lo desplaza. “Esta presión genera que el duelo se manifieste de formas alternativas”, explica. Entre ellas menciona la “inquietud motora”, el “aislamiento social” y las “conductas de riesgo”.

Según la psicóloga, algunos hombres se vuelcan al ejercicio o a la actividad física excesiva “intentando agotar el cuerpo para no sentir”; otros se apartan para no verse débiles frente a los demás; y en algunos casos puede aparecer o intensificarse el consumo de alcohol u otras sustancias como una vía de escape ante la dificultad de comunicar lo que sienten.

Díaz advierte que ese silencio no debería romantizarse ni confundirse con fortaleza. En su lectura, cuando no se interviene a tiempo puede aumentar el riesgo de una depresión mayor y, en el peor de los casos, de suicidio.

Por eso insiste en que el duelo masculino no debe leerse desde el estereotipo de que el hombre “aguanta más”, sino desde lo que realmente está pasando en su vida cotidiana.

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La viudez en hombres también puede vivirse desde el silencio, el aislamiento y una soledad difícil de explicar.
Foto: Pexels

Se pierde a su confidente y su rutina

Además, la viudez masculina no se reduce a la pérdida afectiva. “Muchas veces también pierde a su principal confidente, su rutina emocional y hasta la persona con la que organizaba la vida cotidiana. En muchos casos, la pareja era su principal o única persona de confianza; la única con quien de verdad podían ser quienes son”, dice Díaz.

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Esa ausencia no solo duele por el vínculo amoroso, sino que también desarma una estructura íntima y práctica que sostenía la vida diaria. Según la psicóloga, ahí aparece un riesgo mayor de aislamiento, porque muchos hombres cuentan con redes de apoyo más limitadas que las mujeres y terminan enfrentando la pérdida sin el que era, en la práctica, su soporte emocional más importante.

Para Díaz, esa desestructuración cambia según el lugar que ocupaba la persona que murió dentro de la relación. Si fallece quien organizaba la rutina, el día a día o el cuidado, no solo se pierde a la pareja, también “se pierde a la persona que en la cultura latina y colombiana suele organizar la rutina diaria de una familia”, explica.

Aclara, además, que esto no depende necesariamente del tipo de pareja, sino de quién asumía más naturalmente ese rol de protección, cuidado y organización. Cuando ese orden desaparece, el duelo puede volverse más difícil porque, además del vacío afectivo, aparece el desconcierto práctico: quién acompaña, quién contiene, quién organiza, quién le da forma a lo cotidiano.

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Incluso, señala, a veces puede surgir la búsqueda apresurada de una nueva pareja como una forma de intentar recuperar esa estructura perdida más que de elaborar realmente el duelo.

Pero si quien muere es la persona a la que se cuidaba, el golpe puede sentirse de otra manera. En ese caso, explica Díaz, lo que se rompe no es solo una rutina, sino un sentido de propósito.

Si el hombre ocupaba el lugar de quien protegía o cuidaba, la muerte de la pareja puede dejarlo frente a una sensación de vacío más difícil de nombrar, pues ya no tiene a quién sostener, acompañar o proteger. “Ese vacío de funciones genera una crisis de identidad”, dice la psicóloga, porque no solo desaparece la persona amada, sino también una misión cotidiana que daba sentido a su lugar dentro de la relación.

De hecho, el metaanálisis “Viudez y mortalidad: un metaanálisis y una metarregresión” encontró que las personas viudas tienen un mayor riesgo de morir que las casadas. En los estudios de mayor calidad, ese aumento fue del 22 %, y el efecto fue más alto en los hombres (27 %) que en las mujeres (15 %).

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El trabajo plantea que esa diferencia puede estar relacionada con la ruptura del apoyo social, la alteración de las rutinas, el deterioro del autocuidado y otras consecuencias del estrés que sigue a la pérdida.

La soledad en compañía

Díaz también pone nombre a una forma de soledad difícil de explicar. “Al morir ella, se produce un vacío de intimidad que ninguna otra persona, por más cercana que sea, puede llenar. Ese vacío no es por falta de gente alrededor, sino porque se pierde el único código compartido, esa complicidad y ese lenguaje que solo existía entre los dos”, dice.

Para la psicóloga, ahí está una de las claves de la viudez en hombres. En el entorno familiar, explica, muchos siguen ocupando el lugar de “papá” o “abuelo”, es decir, el del que debe seguir respondiendo y sosteniéndose. En cambio, con la pareja tenían el único espacio donde podían “dejar caer sus defensas y ser simplemente” ellos mismos.

La muerte de la pareja no solo deja una ausencia afectiva: también puede romper rutinas, intimidad y sentido cotidiano.
Foto: Pexels

¿Cómo acompañar sin invadir?

Díaz insiste en que acompañar no es presionar ni llenar de consejos a quien está en este duelo. Aun cuando aparezca la resistencia del “no quiero” o “no necesito a nadie”, ahí sigue siendo importante estar, pero sin juicio.

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Su recomendación es acompañar sobre todo en los momentos de mayor vulnerabilidad, especialmente en la noche, “que es cuando la cabeza se desocupa y aparece la famosa ‘pensadera’”; pues en ese momento, el silencio pesa más porque la persona que murió era muchas veces quien más acompañaba.

Para la psicóloga, ese apoyo puede tomar una forma muy simple, pero profunda: “simplemente estar, sin mencionar ni una palabra y sin invadir su espacio”. No se trata de forzar al viudo a hablar ni de exigirle una manera correcta de sentir, sino de ofrecer una presencia real que le haga sentir que, aunque su confidente ya no está, no tiene que atravesar ese vacío en total soledad.

Díaz también subraya que no todas las personas viven el duelo igual. Algunas necesitan más espacio; otras, más compañía. Por eso insiste en algo básico, pero decisivo: preguntar cómo quiere ser acompañada esa persona. Acompañar, en ese sentido, no es imponer una forma de ayuda, sino entender qué necesita realmente quien está sufriendo.

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Volver a enamorarse: culpa, lealtad y miedo

La posibilidad de una nueva relación no siempre llega como alivio. En muchos hombres viudos, dice Díaz, abre una pelea interna marcada por la culpa y la sensación de traición.

Desde ahí pueden aparecer pensamientos como “le estoy siendo infiel”, “le estoy faltando al respeto” o, incluso, la idea dolorosa de que al estar con alguien nuevo se estaría borrando o pisoteando la historia de amor que vivieron con la persona que murió.

A esa lucha se suma el miedo al juicio de los hijos, de la familia o del entorno. Según la psicóloga, vuelve a activarse la presión de sostener la imagen de “el fuerte” o “el hombre de la casa”, y con ella el temor de que otros interpreten una nueva relación como una prueba de que olvidó demasiado rápido o de que su pareja anterior no le importó lo suficiente.

También aparece otro miedo más íntimo: el de volver a perder. Después de pasar por una viudez, algunos hombres prefieren no abrir de nuevo esa parte de su vida porque temen conectar profundamente y atravesar otra vez un dolor parecido.

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Por eso, insiste, no hay una sola manera de vivir ese momento. Todo depende de la personalidad de ese hombre, de sus herramientas para afrontar la pérdida y de su propia historia de vida. En ese contexto, “para el hombre volver a enamorarse no es solo sentir algo por alguien, es un proceso de renegociar su propia lealtad”.

De hecho, el estudio “Disolución matrimonial y nueva situación de pareja en la edad adulta” menciona que después de una disolución matrimonial ocurrida después de los 50 años la mayoría de las personas sigue sin pareja, especialmente entre quienes enviudaron, y que la viudez y el divorcio no conducen a las mismas trayectorias de reemparejamiento.

Más que presentar una nueva relación como un paso a seguir en el proceso, ese hallazgo permite entender que rehacer la vida afectiva después de la pérdida no responde a una línea recta. En muchos casos, no llega como cierre ni como prueba de que el duelo terminó, sino como una experiencia atravesada por dudas, lealtades y temores que no desaparecen solo porque el tiempo haya pasado.

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En muchos hombres, el duelo no siempre se nombra con palabras, sino con distancia, insomnio o exceso de actividad.
Foto: Pexels

¿Cuándo buscar ayuda profesional?

Díaz señala que hay momentos en los que el duelo deja de ser solo dolor y empieza a desorganizar la vida de quien lo atraviesa. Ahí conviene buscar apoyo profesional. Entre las señales de alerta menciona:

  • cambios importantes en el sueño como insomnio o exceso de sueño,
  • alteraciones marcadas en el apetito,
  • una “pensadera” que se vuelve incontrolable hasta afectar el trabajo, el aseo personal o la vida diaria,
  • un aislamiento que deja de ser ocasional para convertirse en costumbre.

La psicóloga advierte que muchas personas que viven la viudez desde el silencio suelen resistirse a la idea de recibir ayuda. Sin embargo, cuando ya hay un deterioro emocional, cognitivo o social evidente, esperar puede agravar el problema.

En esos casos, explica, puede ser necesario acudir o solicitar atención de urgencias, porque quien atraviesa ese deterioro no siempre alcanza a dimensionar con claridad lo que le está ocurriendo.

Díaz añade que, en Colombia, ese deber de cuidado no debería entenderse solo como un gesto de buena voluntad, ya que la Ley 1616 de Salud Mental y la Ley 1850 de protección para los adultos mayores son un respaldo para recordar que acompañar a una persona en situación de vulnerabilidad también forma parte de una responsabilidad compartida por quienes la rodean.

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Más allá del marco legal, su idea de fondo es que la familia y los amigos puedan actuar como ese primer escudo que observa, acompaña y responde a tiempo, para impedir que un proceso tan humano como el duelo termine convertido en abandono.

En una experiencia tan atravesada por el silencio, la diferencia muchas veces no está en encontrar la frase perfecta, sino en permanecer, cuidar y saber leer a tiempo cuándo ese silencio dejó de ser una forma de duelo y empezó a convertirse en una soledad peligrosa. Ese, al final, es el riesgo que Díaz pide no perder de vista: que quien sobrevive a la pérdida no termine también quedándose solo frente a ella.

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Por Kevin Stiven Ramírez Quintero

Formado en la Pontificia Universidad Javeriana. Interesado en temas musicales, deportivos, culturales, turísticos, gastronómicos y tecnológicos. Le gusta realizar crónicas, trabajar temas en tendencias SEO y la cobertura de eventos en vivo de alcance internacional. Ganador del Premio Simón Bolívar en 2021.@kevins_ramirezkramirez@elespectador.com

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