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Miley Cyrus regresó a Hannah Montana y abrazó a la niña que un día fue

La artista volvió a su personaje de Disney 20 años después y abrió una conversación sobre identidad, fama y reconciliación personal.

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Kevin Stiven Ramírez Quintero
26 de marzo de 2026 - 01:07 p. m.
Miley Cyrus volvió al universo de Hannah Montana en un especial de Disney+ que revisita el fenómeno cultural de la serie 20 años después.
Miley Cyrus volvió al universo de Hannah Montana en un especial de Disney+ que revisita el fenómeno cultural de la serie 20 años después.
Foto: Disney+ - Disney+
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Veinte años después del estreno de Hannah Montana, Miley Cyrus volvió al personaje que la lanzó a una escala de fama que pocas artistas infantiles han conocido. Pero no volvió desde la caricatura, ni desde la burla, ni desde esa distancia con la que durante años pareció marcar una frontera entre la estrella pop global en la que se convirtió y la adolescente de peluca rubia que definió a una generación.

Volvió desde otro lugar: el de una mujer que entendió que crecer no siempre consiste en romper con todo lo anterior, sino también en aprender a integrar las versiones de uno mismo que durante mucho tiempo resultaron incómodas.

Eso es, en buena medida, lo que pone en escena el especial de Disney+ por los 20 años de Hannah Montana. Y eso es también lo que Miley deja ver cuando dice que el homenaje trata de “amar a la joven que fui (...) No siempre pensé en nosotras integradas. Estoy recuperando esa unión entre Hannah y Miley; me gusta lo que hace Hannah, pero me encanta lo que hace Miley. Quiero unirlas”.

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Ya no se trata de escapar de Hannah

Durante años, el relato sobre Miley Cyrus estuvo organizado alrededor de la chica Disney que necesitaba “matar” a Hannah Montana para poder existir por fuera de ella. Y durante un tiempo, incluso ella misma alimentó esa lectura. Su cambio de imagen tras la serie, el corte de pelo, la provocación, la necesidad de empujar los límites de su antigua imagen pública, todo parecía responder a esa urgencia de separación.

Por eso este reencuentro tiene tanto peso. Porque no aparece como una operación nostálgica sin sentido, sino como una corrección emocional y simbólica de esa ruptura.

En Variety, Miley lo dice de forma directa: “No intentaba acabar con Hannah. Simplemente estaba evolucionando”. La frase importa porque desmonta una narrativa que durante mucho tiempo se volvió casi oficial: la de una estrella obligada a destruir su pasado para convertirse en otra cosa. Lo que ella sugiere ahora es distinto. No estaba intentando borrar a Hannah, sino abrirse paso hacia otra versión de sí misma.

El especial parece partir precisamente de esa idea. No hay ironía en el regreso. No hay voluntad de convertir el personaje en meme ni de usarlo como un guiño cínico para internet. “No queríamos ironía. Esto no es una broma”, dice. Y también: “No quería que se convirtiera en un fenómeno viral”. La intención, explica, era hacer que los fans “se sintieran comprendidos”.

Esa decisión cambia todo el tono del homenaje. Ya no es una exestrella infantil jugando con su archivo. Es una artista adulta tratando de devolverle cariño a una parte de sí misma que marcó su vida y la de millones de personas.

Hannah Montana no fue solo una serie

Volver a Hannah Montana también implica volver a la dimensión descomunal del fenómeno. La serie no fue apenas un éxito juvenil: fue una maquinaria cultural, televisiva y musical que convirtió a Miley Cyrus en una de las figuras más reconocibles de su generación. El programa fue la joya de la corona de Disney Channel en pleno auge de su influencia sobre el público joven estadounidense y latinoamericano. También que el legado de la serie se ha mantenido en el tiempo, con cientos de millones de horas vistas en streaming durante esta década.

El personaje no solo dominó la televisión infantil. También desbordó con discos, giras, mercancía, estética, frases, canciones, imaginarios. Hannah Montana ayudó a moldear una sensibilidad pop alrededor de 2010, y Miley fue su rostro central. Decir que hizo cultura no es exagerar. La hizo. Ayudó a producirla, a distribuirla y a encarnarla.

Por eso el regreso pesa más que un aniversario más de catálogo. Lo que Miley está revisitando no es únicamente su primer gran papel, sino una construcción masiva de identidad cultural. Una fantasía pop que organizó la infancia y adolescencia de millones de personas.

Y sin embargo, en este nuevo gesto hay algo más interesante que la simple nostalgia generacional. Hay un intento por volver a ese fenómeno sin rebajarlo ni reducirlo a una vergüenza por el pasado. “No quería darle un toque moderno a Hannah”, dijo. “Quería conservar su esencia”.

Una artista que hizo de la transformación su lenguaje

Después de Disney, Miley Cyrus no se quedó quieta. Tampoco eligió el camino de la transición limpia. Su trayectoria pública estuvo marcada por el riesgo, el exceso de exposición, la incomodidad y una reinvención constante que, en varios momentos, fue leída con más escándalo que comprensión.

El propio perfil de Variety recuerda algunos de esos episodios: la reacción desmesurada a la portada de Vanity Fair cuando era adolescente; la vigilancia constante sobre su cuerpo, su imagen y su conducta; la manera en que ciertos gestos juveniles fueron convertidos en escándalos nacionales; el periodo de ruptura más agresiva con su pasado Disney; la presentación con Robin Thicke en los MTV Video Music Awards; la construcción mediática de una Miley “rebelde” que debía ser explicada, corregida o castigada.

Pero mirar hoy ese recorrido a la luz del especial permite entender algo más. Buena parte de lo que Miley hizo después de Hannah Montana fue intentar construir una identidad propia en público, bajo una presión inmensa y frente a una audiencia que no siempre estaba dispuesta a concederle complejidad. Lo que hoy se lee como metamorfosis cultural también fue, durante mucho tiempo, una pelea por el derecho a transformarse sin pedir perdón por ello.

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En Variety, ella misma plantea que salir al mundo de forma arriesgada y sin complejos, cuando podría haberse quedado en lo seguro, fue una decisión difícil pero necesaria. Esa idea ayuda a leer su carrera completa: Miley no solo cambió. Convirtió el cambio en parte de su lenguaje artístico y público.

Y acaso por eso este nuevo regreso tiene tanta fuerza. Porque no lo hace desde la derrota ni desde la nostalgia, sino desde una posición de integración. Desde la sensación de que ya no necesita pelear con sus distintas etapas para sostener quién es.

El documental como acto de reconciliación

El especial de Disney+ está construido justamente sobre esa reconciliación. Miley vuelve a los archivos de la compañía, regresa al universo de los Stewart, revive canciones como “This Is the Life”, “The Climb” y “The Best of Both Worlds” y conversa con Alex Cooper sobre el fenómeno que cambió su vida. También aparecen figuras que ayudaron a darle espesor emocional al relato: Tish Cyrus, Billy Ray Cyrus, Selena Gomez y Chappell Roan.

Pero lo más importante no está solo en los nombres ni en el dispositivo nostálgico. Está en la manera en que Miley enmarca el reencuentro. “Me sentí como en casa otra vez”, dice.

Durante mucho tiempo, el pasado de Miley fue leído casi exclusivamente bajo la lógica de la ruptura. En cambio, aquí aparece una artista que ya no habla de su versión anterior como una carga, sino como alguien a quien se puede mirar con ternura. Como alguien que merece amor, no distancia punitiva.

Eso se refuerza cuando dice: “Si pudiera decirle algo a mi yo joven sería que estoy orgullosa de que siempre haya sido así y que todo lo que hice siempre vino del corazón”. La frase no intenta absolverlo todo ni romantizarlo todo. Lo que hace es más difícil: reconocer que esa joven actuó con las herramientas que tenía, con la sensibilidad que tenía, con la exposición brutal que tenía.

Y allí el documental parece encontrar su verdadera hondura. No en el fan service, sino en la posibilidad de mostrar que una figura hiperexpuesta puede dejar de ver su propio archivo con vergüenza o con desprecio.

Hacer las paces con el pasado también es un acto de amor propio

La psicóloga Sofía Velásquez Mesa, de la Universidad CES de Medellín, plantea que el regreso de Miley Cyrus a Hannah Montana sí puede leerse como un acto de amor propio. En conversación con El Espectador, explica que tomar distancia de ciertas versiones de uno mismo a veces es necesario.

“Hay una necesidad para diferenciarnos, para construir identidad, para crecer”, señala. Pero agrega que sanar también implica “poder volver a integrar lo que éramos sin rechazarlo, como reconciliarme con quien fui, y no para quedarme, sino para simplemente reconocer esa versión mía y honrarla con amor”.

Esa reconciliación, según explica, parte de entender que esa versión anterior no está separada del presente, sino que forma parte de él. “Esa persona que yo fui hace parte de lo que soy hoy”, dice. Y añade una idea que resulta clave para leer el gesto de Cyrus: “Cada uno hace lo que puede con lo que tiene en cada momento”. Por eso, concluye, ese regreso puede entenderse como “un acto de muchísimo amor por uno mismo, por su proceso y por sus capacidades del momento”.

Velásquez Mesa también subraya por qué suele ser tan difícil hacer las paces con el pasado. “Muchas veces miramos nuestro pasado con los ojos de quién somos hoy y no con la conciencia que teníamos en ese momento”, afirma. Esa distancia, explica, hace que terminemos juzgando a quien fuimos con herramientas, lenguaje y sabiduría que en ese entonces no teníamos, mientras se desdibujan las limitaciones, dudas o creencias con las que vivíamos esa etapa.

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Ahí aparece otra tensión de fondo: la vergüenza. A veces, dice la psicóloga, esa versión pasada ya no parece coherente con la persona que somos hoy, y eso dificulta aceptarla. Parte del problema es que solemos mirarnos más como resultado que como proceso. “No vemos al ser humano como un proceso, sino siempre como un resultado”, advierte. Y añade que muchas veces la atención está puesta en la expectativa o en lo que se quiere mostrar hacia afuera, mientras se pierde de vista todo lo que cambia por dentro.

Desde esa mirada, reconciliarse con quien se fue exige algo más: “hacer las paces implica humildad emocional”, resume Velásquez Mesa. Y quizá por eso el gesto de Miley Cyrus puede leerse más allá del aniversario de una serie o del regreso a un personaje. También habla de algo más amplio y más íntimo: la dificultad de dejar de mirar con dureza a la persona que uno fue.

Miley, Hannah y la posibilidad de ser una sola

En el perfil de Variety, Miley dice que antes pensaba en Hannah como algo separado de ella. Como una fantasía. Como una peluca. Pero que el especial terminó convirtiéndose en una forma de “recuperar la fusión de Hannah y Miley”. Esa idea es probablemente la más poderosa de todas.

Porque resume algo que excede a la serie. Vivir una doble vida en la ficción le enseñó, según cuenta, a compartimentar distintas zonas de sí misma. Durante años, Miley Stewart, Hannah Montana y Miley Cyrus parecieron ocupar lugares distintos en un rompecabezas identitario marcado por la industria, la fama y la necesidad de protección. Incluso dice que creó el personaje de Miley Cyrus para proteger a la Miley que existía en privado.

Lo que parece ocurrir ahora es una integración tardía pero sólida. Ya no necesita que esas figuras estén separadas para poder sobrevivir. Puede reconocer lo que cada una representó sin expulsarlas. Puede quedarse con lo que le sirve de cada una y construir con eso una identidad más completa.

Ese es, quizá, el punto más adulto de todo este regreso. No que Miley haya vuelto a cantar las canciones de Hannah Montana, sino que ya no necesita escoger entre renegar de esa etapa o vivir atrapada en ella.

La paz no borra lo vivido, pero cambia la forma de mirarlo

El cierre del especial se acompaña de “Younger You”, una canción dirigida a su yo más joven. Se trata de un diálogo con esa otra versión de sí misma, una conversación atravesada por la distancia, la memoria y la necesidad de no olvidar quién fue.

Ahí parece estar la gran idea que sostiene todo el homenaje. Miley Cyrus no vuelve a Hannah Montana para revivir intacto un pasado ni para limpiar su historia. Vuelve para hacer algo más complejo: reconocer que esa joven trabajó duro, que hizo lo que pudo, que vivió bajo una presión extraordinaria, y que también le abrió el camino a la vida que tiene hoy.

Lejos de la caricatura de la exestrella infantil desatada o de la narrativa fácil del “regreso a sus raíces”, lo que aparece aquí es una artista que ha hecho de la transformación una forma de existir y que, después de años de exposición, excesos, mutaciones y reinvenciones, parece haber encontrado una paz menos espectacular pero más difícil de conquistar.

No la paz con un personaje solamente. La paz con la chica que fue mientras el mundo entero la miraba.

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Kevin Stiven Ramírez Quintero

Por Kevin Stiven Ramírez Quintero

Formado en la Pontificia Universidad Javeriana. Interesado en temas musicales, deportivos, culturales, turísticos, gastronómicos y tecnológicos. Le gusta realizar crónicas, trabajar temas en tendencias SEO y la cobertura de eventos en vivo de alcance internacional. Ganador del Premio Simón Bolívar en 2021.@kevins_ramirezkramirez@elespectador.com

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