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¿Poliamor o relación abierta? Cómo entender sus diferencias

Dos maneras de cuestionar la exclusividad y de negociar límites dentro de una relación.

Redacción Amor

10 de febrero de 2026 - 08:35 p. m.
Aunque suelen confundirse, no todas las formas de no-monogamia funcionan igual.
Foto: Pexels
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Dejar de contemplar la monogamia como única alternativa es hoy una posibilidad para muchas personas. Pero en ese intento (y en medio de la creciente diversidad), hemos llegado a utilizar ciertos términos como si fueran sinónimos.

Dentro del debate sobre qué es —o no— cada una de estas formas de relacionarnos, es necesario contemplar y diferenciar que algunas apelan solo a lo afectivo, otras a lo sexual y otras a ambas cosas.

En el caso del poliamor y de las relaciones abiertas, ocurre exactamente eso. Veamos cuáles son los puntos concretos que permiten distinguir un modelo del otro.

Poliamor: amar a más de una persona

Lo primero que debemos aclarar es que esto no es una orientación sexual. El poliamor es una forma de construir relaciones: exacto, en plural. Si descomponemos la palabra tenemos como resultado que proviene del griego poly (muchos) y del latín amor.

Esta práctica consiste en sostener distintos vínculos al mismo tiempo, es decir, tener varias parejas a nivel sexo-afectivo, sin que eso implique jerarquizar necesariamente a una por encima de las demás.

En muchos casos, quienes practican poliamor comparten esa misma forma de vincularse. Aun así, también puede ocurrir que una persona poliamorosa esté con alguien que se declara monógamo. Para que eso funcione, todo debe pasar por la comunicación: saber que no hay exclusividad, que la pareja —y, por ende, uno mismo— puede tener otros vínculos y que eso forma parte del trato.

Hay incluso relaciones en las que las parejas se conocen entre sí y deciden mantener el vínculo dentro de ese mismo grupo, de manera abierta y múltiple. Un ejemplo de ellos son las triejas.

Relación abierta: parejas con reglas flexibles

A diferencia del poliamor, en el pueden coexistir varios vínculos con carga emocional y romántica, la relación abierta suele guardar y destinar esos sentimientos únicamente para la pareja principal. Lo que se permite es explorar el espacio sexual con otros.

Aunque sea difícil de creer para algunas personas, esta es una práctica que incluso los matrimonios aplican para explorar nuevas formas de concebir su intimidad. Pero, independientemente del grado o título del vínculo, debe haber acuerdos sobre los mecanismos de protección para prevenir las ETS/ITS y los embarazos no deseados.

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Y, por supuesto, es una regla hacerle saber al otro cuántos encuentros sexuales fuera de la relación se tienen, con quiénes y si en algún momento se desarrollan sentimientos externos.

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Lo que sí comparte con el poliamor y las múltiples formas de no-monogamia es que, para obtener resultados, todas las personas involucradas deben dar su consentimiento a lo largo de la relación. Ojo, que esto no se rige por voluntad personal: no se debe forzar y menos ocultar alguna de estas decisiones.

Poco importa la etiqueta si no hay responsabilidad de por medio. Recuerde que la libertad también implica respeto por los límites.

¿Se animaría a explorar alguna de estas formas de relacionarse? Lo leemos en los comentarios.

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Por Redacción Amor

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