No todas las experiencias sexuales terminan con la calma, la conexión o el bienestar que muchas veces se dan por sentados. En algunas personas, incluso después de un encuentro consensuado, deseado y placentero, aparece una emoción desconcertante y difícil de explicar: la tristeza.
A veces se expresa en ganas de llorar. En otras ocasiones, en forma de ansiedad, irritabilidad, vacío o una sensación de malestar que contrasta con lo que acaba de ocurrir.
Ese fenómeno tiene un nombre: disforia poscoital.
¿Qué es la disforia poscoital?
La International Society for Sexual Medicine (ISSM) define la disforia poscoital como sentimientos de profunda tristeza o agitación después de una relación sexual consensuada, incluso cuando el encuentro fue amoroso, satisfactorio o placentero. Es decir, no depende necesariamente de que el sexo haya sido malo, incómodo o no deseado.
Ese contraste es parte de lo que vuelve desconcertante la experiencia. Quien la vive puede no entender por qué se siente así justo después de la intimidad, y la pareja puede interpretar esa reacción como una señal de distancia, conflicto o rechazo.
¿Qué dicen los estudios?
Aunque sigue siendo un fenómeno poco estudiado, ya hay investigaciones que muestran que no se trata de una experiencia aislada ni exclusiva de un solo género.
Un estudio publicado en 2015 en la revista Sexual Medicine, realizado con 230 estudiantes universitarias australianas, encontró que el 46 % dijo haber experimentado disforia poscoital alguna vez en su vida. Cerca del 5 % reportó haber tenido síntomas en el último mes y alrededor del 2 % afirmó que le ocurría siempre o la mayor parte del tiempo.
En 2018, la revista Journal of Sex & Marital Therapy publicó un estudio con 1.208 hombres. Allí, el 41 % reportó haber vivido algún episodio de disforia poscoital a lo largo de su vida, mientras que el 20 % dijo haberla experimentado en las cuatro semanas previas. Entre el 3 % y el 4 % indicó que era algo habitual.
¿Por qué puede pasar?
La respuesta corta es que todavía no hay una explicación única. La ISSM señala que se han planteado varias hipótesis, entre ellas la intensidad del vínculo emocional durante el sexo, antecedentes de abuso sexual o conflictos en la relación. También es posible que intervengan varios factores al mismo tiempo.
Psychology Today destaca que en hombres la disforia poscoital apareció asociada con mayor fuerza al malestar psicológico actual, como ansiedad, depresión o estrés. Sin embargo, esa relación no alcanza para explicar todos los casos ni permite afirmar que exista una sola causa detrás del fenómeno.
¿Cuándo buscar ayuda?
Un episodio aislado no significa por sí solo que exista un trastorno o un problema de pareja. Pero cuando esta tristeza aparece con frecuencia, genera angustia o empieza a afectar la vida sexual, emocional o la relación, conviene consultar con un profesional.
La ISSM recomienda hablar del tema y buscar apoyo médico o terapéutico si la situación se vuelve persistente. En muchos casos, ponerle nombre a lo que ocurre ya es una forma de empezar a entenderlo y de evitar que se viva con culpa o en silencio.
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