¿Alguna vez se ha preguntado qué es lo que realmente nos hace felices? Creemos que ciertas cosas nos llenan, que nos hacen sentir completos, pero esa sensación puede ser pasajera: lo que experimentamos como placer puede parecerse a la felicidad. ¿Y qué determina esa diferencia? ¿Nuestra mente, nuestro cuerpo, o algo más?
Antes de distinguir entre ambos términos, es preciso entender cómo la dopamina y la serotonina influyen en la forma en que sentimos placer y felicidad.
Según FORUM, grupo sanitario especializado en salud mental y adicciones en España, la dopamina actúa principalmente en el sistema de recompensa del cerebro (nuestra red neuronal que activa la sensación de disfrute) y está vinculada a la motivación y al placer instantáneo: esa sensación de querer algo y disfrutarlo en el momento. La serotonina, por su parte, interviene en la regulación del estado de ánimo, la ansiedad y la estabilidad emocional más a largo plazo, además de influir en el sueño, el hambre y funciones cognitivas.
Entonces, explican que, cuando la dopamina se activa de manera excesiva —por ejemplo con el consumo de drogas, los juegos de azar o incluso el uso seguido del celular y sus aplicaciones—, puede derivar en conductas adictivas. ¿Por qué? Porque esa búsqueda de placer instantáneo, puede transformarse en una dependencia. Es ahí en donde las personas comienzan a necesitar esas fuentes de dopamina para sentirse “normales” o bien.
En cambio, la serotonina contribuye a una sensación de bienestar más estable, más duradera. Se libera en situaciones de calma, reduce la ansiedad, permite tener una estabilidad y mantener (esta vez sí) una felicidad a largo plazo. Es por eso que los desequilibrios en este neurotransmisor pueden llegar a afectar significativamente la salud mental y se asocian, por ejemplo, con trastornos depresivos o ansiosos.
Entonces, ¿todo depende de nuestros sentidos?
El filósofo chino Lin Yutang, citado en el artículo La idea de la felicidad, de la Universidad Ricardo Palma, se pregunta cuál debe ser el fin de la vida humana y propone que el objetivo es “el goce de la vida misma”. Porque sí: para él, la felicidad humana es sensorial, y nuestra capacidad de disfrutar se relaciona directamente con la sensibilidad; con lo que despiertan la música, la poesía, la pintura y otras actividades que “alimentan”, de alguna manera, nuestros sentidos.
La definición de felicidad que comparte Reynaldo Alarcón, autor del artículo, apunta a que es un estado de satisfacción que experimenta subjetivamente una persona cuando posee algo que le es deseado. Esta vivencia es única, individual, y se relaciona con emociones y juicios propios. Pero la felicidad no es un rasgo permanente, sino un estado que puede mantenerse o perderse según se logre o no lo que se desea.
¿Se puede confundir placer con felicidad?
El placer no es algo que solo “nos sucede”. Según María Fernanda Ochoa, neuropsicóloga y una de las autoras de ¿Es el placer una necesidad?, en la Revista Comfama, nuestro cuerpo participa activamente en cómo lo sentimos. A través de sentidos como el tacto, el gusto, el olfato, e incluso movimientos y respiración, el cerebro recibe señales que generan sensaciones de bienestar. Estas señales están vinculadas a sustancias químicas como la dopamina y serotonina.
Lo interesante es que esta construcción del placer ocurre en distintos niveles. Desde lo que nos es común, como comer o descansar, hasta experiencias más “complejas” o desarrolladas como bailar, abrazar a alguien, hablar, besar. En otras palabras, no se trata solo de recibir estímulos, sino de que nuestro cuerpo los interpreta, los intensifica y hasta los anticipa, tal como lo explica Ochoa.
En el mismo artículo, Johana Castaño, psicóloga y practicante budista, deja una pequeña reflexión sobre cómo la sociedad nos enseña a asociar placer con felicidad inmediata: viajar, comprar, salir de fiesta, huir de situaciones difíciles. Según ella, esto puede llevar a usar el placer como un escape que se transforma en distracción o en adicción a lo banal. Algo útil, un descanso temporal, pero insuficiente para otorgar un sentido real a la vida.
🌿✨🧘♀️ Entérese de otras noticias sobre Bienestar en El Espectador.