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¿Se ha preguntado qué papel puede tener un regalo para conquistar? Pues bien: en varias especies de pingüinos, el cortejo incluye la entrega de una piedra. Sí, de una piedra. El macho se aproxima a la hembra con el objeto que recolecta y lo deposita a sus pies.
¿Y por qué ocurre esto?
Según National Geographic, los machos recolectan las piedras del entorno en el que habitan, aunque también pueden tomarlas de otros nidos dentro de su colonia. De hecho, llegan a dedicar bastante tiempo a buscar una piedra específica antes de regresar junto a la hembra. Esto ha sido interpretado popularmente como un equivalente al anillo de compromiso en nosotros los humanos, pero ¿qué tan cierto es?
En realidad, hace parte del proceso de apareamiento de estas aves. Le explicamos: en las zonas en donde los pingüinos se reproducen, el deshielo puede cubrir el suelo en un tiempo muy corto. Para evitar que los huevos queden en contacto directo con el agua, los nidos se construyen encima de pequeñas piedras que sirven como base para elevarlos.
Pero entregar la piedra no define si los pingüinos se vuelven pareja o no. Según la información recolectada y estudiada por el mismo medio, es la hembra quien elige con quién aparearse. Una vez que ella acepta (o mejor, decide) los machos inflan el pecho, ambos se acicalan —es decir, se arreglan el plumaje— y emiten ciertos sonidos que les permiten reconocerse entre miles de compañeros de colonia.
En el caso del pingüino emperador, estos cantos son muy importantes, pues tanto machos como hembras memorizan la voz del otro y gracias a esto pueden encontrarse, incluso después de varios meses separados. Parece simple, pero permite que se reconozcan, por ejemplo, cuando la hembra se aleja para alimentarse y el macho se queda incubando el huevo durante unos sesenta días.
Como lo reporta la revista, muchas especies de pingüinos se aparean con la misma pareja durante la temporada de cría, cosa que funciona bien en condiciones “difíciles”, sobre todo a nivel climático, porque les ayuda a aprovechar mejor la energía y a aumentar las posibilidades de que los huevos lleguen a nacer.
Ahora: que repitan pareja tampoco significa que sean “fieles”. Los pingüinos no son sexualmente monógamos: antes de asentarse en la colonia, pueden aparearse con otros, incluso con quienes ya tenían o tienen un compañero para ello.
Lo cierto es que el mantenimiento de la pareja depende mucho de que la reproducción sea exitosa. Cuando esto no tiene un buen resultado, las hembras suelen cambiar de compañero en la siguiente temporada. En otras palabras: no, no se mantienen juntos por romanticismo per se, sino por la eficacia a la hora de poner y mantener en buenas condiciones a los huevos.
Aún siendo pareja durante la temporada de cría, la mayoría de los pingüinos solo pasan pocas semanas juntos cada año. El resto del tiempo están separados, a cientos o incluso miles de kilómetros. Así que este proceso de la entrega de la piedra es más una herramienta de supervivencia y no tanto un regalo de amor, como solíamos imaginar.
¿Lo sabía? Lo leemos en los comentarios.
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