
No toda crisis es una patología. Desde una perspectiva sistémica, el malestar puede funcionar como una señal de alerta que invita a revisar expectativas, valores y límites.
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“Marisa odia el trabajo. Sin embargo, no puede dejarlo: le gustan demasiado las cosas bonitas”. La frase, tomada del libro El descontento de Beatriz Serrano, condensa con ironía una experiencia que atraviesa a buena parte de los jóvenes adultos contemporáneos: la imposibilidad de escapar de un trabajo que desgasta, aun cuando ese trabajo ha dejado de ofrecer sentido, entusiasmo o proyección.
No se trata solo de cansancio o de estrés. Lo que se despliega en la novela es una mezcla de anestesia emocional, hastío laboral y preguntas...

Por Mariana Álvarez Barrero
Periodista de la Universidad del Rosario. Apasionada por la agenda global, la literatura y la economía. Además, presentadora de Moneygamia, formato audiovisual de finanzas fáciles de El Espectador.malvarez@elespectador.com