¿Recuerdan que en nuestros últimos artículos hemos hablado sobre las relaciones afectivas no monógamas? Dentro de este universo aparece un concepto que abordaremos hoy: las triejas.
El término mezcla “tres” y “pareja” y se utiliza para describir una relación conformada por tres personas que comparten un vínculo consensuado, equilibrado y sin jerarquías. No depende del género ni de la orientación sexual de quienes la integran: pueden ser personas bisexuales, pansexuales, gays, queer o heterosexuales. Lo que la define no es la identidad, sino el acuerdo.
Pero no: no es lo mismo que un trío. Esta es una de las primeras confusiones que pueden surgir. Un trío es una experiencia sexual entre tres personas. Una trieja, en cambio, implica una relación con acuerdos afectivos, emocionales y —si así lo desean— sexuales.
Y no todas las triejas son iguales. Algunas nacen desde tres personas que se conocen simultáneamente; otras incluyen a una tercera persona que se suma a una pareja previamente conformada. En este último caso suele aparecer el término “unicornio”, que describe a quien entra como tercero en una relación ya establecida, muchas veces con menor poder de decisión en la misma.
¿Cómo funcionan?
Algunas triejas son cerradas: las tres personas acuerdan exclusividad entre ellas. Cuando se habla de exclusividad en relaciones de más de dos integrantes, el término técnico es ‘polifidelidad’.
Otras pueden funcionar dentro de lo que hoy en día se denomina como la ‘no monogamia consensuada’ (también conocida como ENM), que funciona como un sostén para relaciones donde no existe exclusividad romántica o sexual tradicional.
Ahora, hablemos un poco de los mitos que más se repiten…
Primero: las triejas no son lo mismo que el swinging, una práctica asociada generalmente a parejas que intercambian experiencias sexuales con otras parejas.
En segundo lugar, esta dinámica no se trata de infidelidad. La infidelidad implica romper acuerdos. En las relaciones consensuadas de tres personas, las reglas están claras desde el inicio. Son otras las que pueden romperse.
Y, por último, que “no existen los celos”. Es preciso aclarar que uno de los conceptos más citados dentro del poliamor es la ‘compersión’: la capacidad de sentir alegría por la felicidad afectiva o sexual de la persona que se quiere. No significa ausencia de celos, sino gestión consciente de ellos.
Como hemos repetido en otras ocasiones, cualquier relación requiere responsabilidad emocional, comunicación honesta y claridad en los límites. La diferencia es que aquí el equilibrio no es entre dos, sino entre tres.
Y por si aún le resulta un poco confuso distinguir entre relación abierta y poliamor: la relación abierta, la pareja (o el vínculo base) permite conexiones sexuales externas. En el poliamor, en cambio, existe la posibilidad de construir múltiples vínculos afectivos comprometidos al mismo tiempo.
¿Qué opina de esta dinámica? Lo leemos en los comentarios.
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