Herederas millonarias y aficionadas por la hípica

Los magnates Springsteen, Gates y Bloomberg financian el amor por los caballos de sus hijas.

Entre el público que asistió al Festival Ecuestre de Invierno, una de las pruebas clasificatorias para integrar el equipo olímpico de hípica de Estados Unidos, se encontraban Bill Gates, Bruce Springsteen y Robert Wood Johnson, el propietario de Johnson & Johnson.

No es que sean aficionados a los saltos. Estaban allí para animar a sus respectivas hijas: Jennifer, de 15 años; Jessica, de 20, y Daisy, de 24, en su primer intento para obtener un billete para los Juegos. Esta escena -de la que este año se ha apeado Georgina Bloomberg, la hija de 29 años del multimillonario alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, que se está recuperando de una operación en la espalda que le impide montar- se ha repetido a lo largo de toda la temporada. Las ricas herederas querían cumplir su sueño de ir a Londres este verano. Solo lo ha conseguido Reed Kessler, la hija de 17 años de Murray Kessler, el consejero delegado de la compañía tabaquera Lorillard. Kessler, además, ha hecho historia al convertirse en la miembro más joven que jamás haya formado parte del equipo de hípica de EE UU.

Herederas, caballos y padres con dinero que puedan costear la afición de sus niñas es una ecuación cada vez más habitual.
Los casos de Athina Onassis, Carlota Casiraghi o Marta Ortega, la hija del propietario de Inditex, Amancio Ortega, son claros ejemplos. Competir a nivel profesional en el circuito hípico es un lujo muy caro que, a falta de patrocinadores, solo está al alcance de unos pocos muy ricos. Los caballos que participan en los Juegos pueden llegar a costar entre el millón (820.000 euros) y los dos millones de dólares. Jennifer, Jessica, Georgina o Reed tienen más de uno, además de lujosas cuadras. El fundador de Microsoft acaba de comprarle a su hija una granja de 20.000 metros cuadrados y ocho establos, valorada en un millón de dólares. ¿Qué padre no hace lo que puede por sus hijos? Si resulta que ese padre es el hombre más rico de EE UU con unas ganancias de 61.000 millones de dólares, según la revista Forbes, el sacrificio no parece tan grande.

Otros progenitores con menos ceros en la cuenta corriente también se esfuerzan por satisfacer los deseos de sus hijas. Bruce Springsteen ha adquirido una finca de más de un millón de metros cuadrados con 15 establos en Nueva Jersey para satisfacer la obsesión hípica de su única hija, que lleva 16 años montando a caballo.

Los Gates, Bloomberg, Springsteen o Kessler, sin embargo, no son las primeras familias con dinero que alientan el amor por los caballos de sus hijas. Robert Johnson, propietario de la cadena de cable Black Entertainment , organizó un torneo en Carolina del Norte para que su hija pudiera competir. El magnate canadiense Ronald Southern construyó un club a las afueras de Calgary para su hija Linda, que representó a Canadá en Atlanta 1996.

En Londres, de momento, solo habrá una rica heredera, Reed Kessler, compitiendo. Quizás dentro de cuatro años haya que estar atentos a las gradas. Bill Gates o Bruce Springsteen podrían estar entre el público.

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