24 Nov 2018 - 3:00 a. m.

Arte y deporte: clave para que los jóvenes pierdan el interés en las drogas

Harvey Milkman habla del modelo que aplicó en Islandia para reducir el consumo de drogas entre los chicos. Ocupación del tiempo libre, la clave.

Daniela Callejas Delgado /Twitter: @_danicallejas

Se calcula que en Bogotá un joven empieza a consumir alcohol a los 18 años, puede probar la marihuana a los 20 y cocaína a los 22. Según el Distrito, hasta octubre pasado, 657 menores estuvieron inmersos en líos por el abuso de sustancias psicoactivas. Esto indica que, en promedio, cada día dos adolescentes tienen problemas con las drogas.

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El tema cobra vigencia justo cuando se cumplen tres meses desde que empezó a regir el decreto que limita el porte y consumo de la dosis mínima en espacios públicos y el país aún debate la legalización o la prohibición.

¿Qué alternativas hay para evitar el consumo a temprana edad? ¿Cómo hablarles a los jóvenes sobre las consecuencias? Ante estas dudas, esta semana estuvo en Bogotá el profesor Harvey Milkman, autor de un exitoso modelo en el que los consumidores jóvenes sustituyen el placer que producen el cigarrillo, el alcohol y otras drogas por música, arte o deporte. Así, se disminuye el estrés o la depresión.

Es tan exitoso su programa, que en Islandia logró que la tasa de jóvenes de 15 y 16 años que bebían alcohol pasara de un 45 % en 1998 a 5 % en 2016; consiguió que el porcentaje de quienes consumían marihuana bajara del 17 % al 7 % ,y entre los fumadores bajara del 23 % al 3 %.

En su paso por la capital, invitado al lanzamiento del programa “Cuenta hasta Diez” —con el que el Distrito busca reforzar la prevención de la delincuencial juvenil, tema ligado al consumo de drogas—, el doctor Milkman habla de la sinergia que debe existir entre colegios, padres y autoridades para promover actividades extracurriculares y aprovechar el tiempo libre para hacerle el quite a la droga.

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¿Qué hizo la diferencia en Islandia para aumentar la prevención frente al consumo de drogas?

Allí colaboró un grupo de personas: creadores de políticas públicas, investigadores y especialistas en salud. Involucramos a personas cercanas a los niños y adolescentes, entre ellos profesores, comunidad, policía y todos los que podían pensar en soluciones para los jóvenes con problemas de consumo.

¿Qué lleva a un joven a consumir estupefacientes?

Existen diferentes variables, pero, en general, están relacionadas con problemas en la casa, familias disfuncionales, malas amistades, depresión y ansiedad. La pobreza es otro factor. Cuando todo esto converge en un niño aumenta el riesgo de sumergirse en el consumo. Hay cosas que pueden ayudar a que no sean frágiles en estos temas. Si encontramos factores que protejan del consumo, tenemos que fortalecerlos.

¿A qué tipo de actividades se refiere?

Sabemos que alrededor del mundo los deportes y las artes son las actividades preferidas por los niños y en Islandia están disponibles para todos. Creamos un sitio web en el que ellos pueden escoger lo que más les gusta hacer, pues nosotros no sabemos qué quieren a diferentes edades. Les dimos la libertad de elegir las actividades con las que se sintieran identificados.

¿Cómo hacer para que ellos apuesten por estos programas?

Es un proceso que toma tiempo. Es imposible pretender ponerle fin de una sola vez. La relación de confianza con un adulto es importante, así como mostrarles alternativas. Eso es crucial para frenar el abuso de las drogas. Son los adolescentes quienes empiezan a preferir otras actividades para dejar sus adicciones. La confianza es un factor muy incidente en estos procesos.

¿Cómo tratar a un consumidor? En Colombia prima el prohibicionismo, en vez de un enfoque de salud.

Sería injusto hablar del contexto colombiano, porque no lo tengo claro. En Europa, en el caso de Portugal, hay legalización, pero en su país vecino, España, no. Ello indica que no necesariamente se deben replicar modelos; se deben entender los contextos y problemáticas.

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¿Cuál es el momento indicado para hablar de drogas con los jóvenes?

Depende del contexto, pero se debe hacer justo cuando el adolescente puede despertar curiosidad por consumir. Si en Colombia, por ejemplo, un joven prueba la marihuana antes de los 20 años, hay que hablar antes de que caiga en la adicción. Se debe ser cuidadoso para no despertar curiosidad en los niños más pequeños. No siempre es necesario hablar directamente de drogas si aún son muy jóvenes.

Usted dice que la información es clave en este proceso. ¿A qué se refiere?

Debe ser honesta y no se debe exagerar al hablar de los efectos de las drogas. Hay que explicarles a los más chicos que algunas son más peligrosas que otras y decirles cuáles son las fatales consecuencias de su consumo. Cuando ellos reconocen sus problemas y deciden hablar es porque, tal vez, quieren cambiar. Es ahí cuando se deben orientar para que ellos mismos elijan otras opciones y soluciones.

¿Qué tan efectivos son programas como “Cuenta hasta Diez”?

Lo importante es hacer que estos proyectos sean llamativos para los jóvenes. Muchas veces se adoptan modelos de programas de adultos para los niños, sin tener en cuenta que ellos no se sienten identificados y los resultados no son buenos.

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