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21 Jan 2008 - 3:25 p. m.

Con aroma tropical

El tamaño de sus raíces, la estructura y flexibilidad de sus tallos y su constante estado de regeneración, hacen de la palma una de las plantas recomendadas por el Jardín Botánico para la arborización de la ciudad.

María Camila Peña

En aquellos días de la década de los sesenta, cuando Bogotá se aproximaba a celebrar su cumpleaños, el alcalde de la época decidió regalarle a la ciudad palmas canarias traídas desde África. Las exóticas plantas fueron sembradas a lo largo del separador de la calle 57, despertando la curiosidad de aquellos desprevenidos capitalinos que día a día transitaban por la zona. Estas frondosas especies, que para la mentalidad de los ciudadanos debían estar en climas cálidos y no en el inclemente frío capitalino, fueron condenadas a su rápida desaparición.

Lo que los ciudadanos de la época no sabían era que precisamente las palmas son unas de las pocas plantas que cumplen con las características necesarias para la arborización de una ciudad como Bogotá. Según se pudo identificar con el Censo de Arborización realizado por el Jardín Botánico el año pasado, estas plantas son una de las especies recomendadas para ornamentar el espacio público capitalino.

Debido a su firmeza y a la poca expansión de sus raíces, no generan riesgo a largo plazo. “Las características que las hacen aptas para la ciudad se resumen en el hecho de que, a diferencia de otras especies, éstas sólo tienen un eje y por lo tanto siempre están equilibradas, esto significa que cuando mueren quedan en pie y no como sucede con el eucalipto, que se desploma sin previo aviso”, explicó el profesor Gustavo Morales, coordinador de colecciones del Jardín Botánico de Bogotá.

Otras de sus características son la flexibilidad de sus tallos, que les permite defenderse fácilmente de los vientos y lluvias, y la constante regeneración de sus hojas, que las hace aptas para soportar la polución de la ciudad. Además, en comparación con otros árboles, no necesitan tanta agua para sobrevivir.

Vistazo a la historia

Actualmente, en Bogotá existen un total de 40.253 palmas. Algunas de las más vistosas están localizadas en el Parque de la Independencia, en la calle 73 con carrera séptima, a lo largo de la Avenida El Dorado y por supuesto, en la calle 57.

En este momento la ciudad cuenta con 17 especies distintas, algunas nativas de la Sabana, como las palmas de cera, las palmas molinillo y los palmiches, y otras como las palmas canarias traídas desde África.

Al parecer, las diferentes variedades de palmas fueron llegando a la ciudad debido a que los viajeros de comienzos del siglo pasado veían en estas plantas un símbolo de prestigio. “En los años 30 y los 40 estas plantas vistosas, esbeltas y frondosas eran utilizadas para decorar los jardines de las casas y las fincas cercanas a Cachipay y La Mesa, solamente aquellas familias muy prestigiosas tenían palmas”, dijo el profesor Morales.

Un camino de desaciertos

Finalizando la década del cuarenta, los bogotanos comenzaron a pensar por primera vez en la arborización de la ciudad. En esa ocasión el encargado de esta ardua tarea, que en la época carecía de técnica, fue un arquitecto japonés de apellido Hochín, a quien se le dio un plazo de tan solo seis meses para lograr su cometido. Sin más opción, optó por sembrar árboles que crecieran en poco tiempo, sin tener en cuenta los problemas que esto traería a largo plazo para la ciudad. Así, Bogotá se llenó de frondosos urapanes, pinos, eucaliptos y acacias.

Durante muchos años los capitalinos siguieron sembrando árboles según su gusto, la temporada o las especies que estuvieran de moda, sin caer en la cuenta de que existían algunos tipos de plantas que no eran recomendados para la ciudad. Con el pasar de los años, las generaciones venideras tuvieron que vivir las consecuencias de estas erradas decisiones. Las raíces fueron expandiéndose hasta causar problemas en las vías y el levantamiento de algunas viviendas, y árboles de varios metros de altura se desplomaron, causando, en ocasiones, graves accidentes.

Fue así como solamente a partir de 1998 la ciudad contó con un plan de arborización que establecería los lugares y especies más recomendadas. Según ese plan, apenas el año pasado se pudo establecer cuántos árboles existen en la ciudad. En total se registraron más de un millón. Pese a que hoy en día las palmas sólo representan un pequeño porcentaje, son plantas que además de reunir varias características para ser una de las especies menos riesgosas, inundan a la ciudad con su aroma tropical.

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