Publicidad

El caso del Tequendama

El 27 de mayo fueron asesinadas cinco personas cerca al municipio de San Antonio del Tequendama. La Policía de Cundinamarca capturó a los cuatro presuntos asesinos.

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
El Espectador
02 de diciembre de 2008 - 10:00 p. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

“Mijo, anótese esta placa”, fue la última llamada que hizo Fredy Vargas Páez,  un ingeniero civil de 37 años, como presintiendo lo que minutos después habría de suceder. Era el 27 de mayo de 2008. El escenario del crimen: una finca cercana al municipio de San Antonio del Tequendama, Cundinamarca. Al día siguiente el cadáver de Vargas fue encontrado por un campesino, junto con el de cuatro personas más, todas con tiros de gracia y otras señales de violencia, como golpes con palos y, algunos, con quemaduras en el cuello. Las otras víctimas fueron identificadas como José Vicente Vargas Páez (39 años), Óscar Julián Vázquez (27), Carlos Isidro Bernal (44) y Jorge Enrique Forero (41).

Este martes fueron presentados por la Policía de Cundinamarca los presuntos responsables del homicidio múltiple. Los acusados, quienes enfrentan cargos por homicidio múltiple agravado y hurto agravado calificado son: Luis Conrado Gómez, John Fredy Gómez (hijo del primero), Luis Enrique Rincón (tío del anterior) y Pedro Nel Pardo.

De acuerdo con el coronel Fabio Castañeda, comandante de la Policía de Cundinamarca, y el coronel William Boyacá, comandante de la Sijín de Cundinamarca, lo que impulsó a los acusados a cometer el crimen fue el hurto de un aparato conocido como Georradar, una especie de sonar terrestre que permite saber qué objetos metálicos se encuentran enterrados a cierta profundidad en el suelo. El dispositivo, además del programa con el cual opera, tiene, según los oficiales, un valor comercial de entre $60 a $70 millones.


“Las víctimas se dedicaban a encontrar guacas o caletas con el Georradar. Los asesinos los contactaron para que, supuestamente, les ayudaran a encontrar una caleta de las Farc, pero todo era con el fin de hurtar el dispositivo. Una vez llegaron al lugar donde estaría la dichosa caleta, procedieron a reducir a las víctimas y ahí las asesinaron”, dijo Castañeda.

Esa última llamada de Vargas fue la primera pista de la Policía, que, gracias a esa comunicación, dio con el paradero del carro, lo que a su vez la llevaría hasta el primer sospechoso, quien fue capturado el 11 de noviembre. Después vino una serie de correos anónimos de alguien que sabía quiénes más estaban implicados en el hecho. El resto de las capturas se efectuaron luego de la interceptación de varias llamadas, entre el 11 y el 27 de noviembre.

“Los capturados podrían enfrentar penas de 40 años, sólo por este delito, puesto que algunos de ellos ya tenían sentencias condenatorias por otros actos cometidos a lo largo y ancho de todo el país. Además, gracias a la interceptación de las llamadas, estamos detrás de otros delitos cometidos en Bogotá por parte de los Gómez, padre e hijo”, dijo el coronel Boyacá. En este caso solamente queda por encontrar el Georradar, el aparato que les costó la vida al ingeniero Vargas y sus acompañantes.

Por El Espectador

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.