24 Nov 2020 - 9:27 p. m.

Llamado a salvar la Colonia Alberto Nieto Cano, en Pacho, Cundinamarca

El Centro de Historia de esta población cundinamarquesa encabeza la protesta por la decisión de no renovar el contrato de comodato con el ICBF de este centro que alberga, alimenta y educa a más de 150 niños de escasos recursos provenientes en su mayoría de las zonas más pobres del departamento.

Centro de Historia de Pacho

Tristes, más bien aterradoras, las noticias que han dado hace pocos días las Hermanas de la Caridad de la comunidad San Vicente de Paul que desde hace décadas administran con gran dedicación lo que en su momento se llamó Colonia Vacacional Alberto Nieto Cano localizada en Pacho, Cundinamarca. En este lugar hoy se alberga, alimenta y educa, con el concurso del ICBF, de la Secretaría de Educación de la Gobernación y de otras instituciones locales, a más de 150 niños de escasos recursos provenientes en su mayoría de las zonas más pobres del departamento, como son los municipios de la provincia del Rionegro.

De acuerdo con las hermanas de la Caridad, la Beneficencia de Cundinamarca, propietaria de las instalaciones, ha manifestado que a final de este mes no renovará el contrato de comodato con el ICBF para operar este programa en el cual el ICBF, a su vez, subcontrata a las Hermanas de la Caridad para proveer este servicio social. La intención de la Beneficencia pareciera ser enajenar el inmueble lo cual, además de poner en riesgo este valioso proyecto social, podría comprometer un valioso patrimonio histórico para el municipio de Pacho y para el país.

Esta decisión de la Beneficencia de Cundinamarca, de la Gobernación y del ICBF, está generando un muy justificado clima de protesta en la comunidad pachuna, protesta encabezada por el Centro de Historia de Pacho. Es necesario que se examinen las razones que llevaron a esta infortunada decisión y se estudien todas las alternativas para reversarla.

Vale la pena recordar un poco de historia para entender las razones que ameritan el llamado para que se ponga freno a esta actuación de las autoridades.

El 16 de octubre de 1915 don Agustín Nieto Caballero organizó, en asocio con José María Samper, don Luis Cano, Eduardo Santos, Tomás Rueda Vargas y otros ilustres y altruistas personajes de la época, la institución llamada Cajas Escolares, sociedad de utilidad común que se estableció con el propósito de dar desayunos a los niños de colegios públicos que, por su condición de desnutrición, no podían asimilar adecuadamente el servicio educativo que se les prestaba. Se quería que este experimento social de iniciativa privada sirviera de ejemplo y contagiara al estado para replicarlo en todo el país, deseo que con el tiempo se convirtió en realidad pues fue el origen de los restaurantes comunitarios.

Casi tres décadas después, don Agustín Nieto decidió donar a la institución Cajas Escolares tres fanegadas en Pacho, que constituían parte de una finca de recreo heredada de Agustín Nieto Barragán. Bajo su iniciativa se construyeron siete edificios magníficos de gran valor patrimonial arquitectónico, con aportes en dinero de personas generosas y la valiosa donación de otros dos lotes colindantes por parte de Magdalena Montaña de Izquierdo y María Montaña de Rueda. Así, sin ningún costo para la Gobernación, se hizo una inversión de $60.000, lo que equivaldría hoy a aproximadamente $610.500 dólares ($34.300 dólares de la época), para llevar a feliz término el maravilloso proyecto de crear una infraestructura de alta calidad para darle oportunidad a cientos de niñas pobres de colegios públicos de varias localidades de Cundinamarca de tener un lugar digno de vacaciones y recreación, en una localización privilegiada por su paisaje.

En junio 17 de 1938, el diario El Tiempo reportó la inauguración en Pacho por parte del presidente Alfonso López Pumarejo de la colonia vacacional “…más completa y más técnicamente construida en el país”. Era la Colonia Vacacional Alberto Nieto Cano, nombre que por iniciativa del presidente López se dio al establecimiento en memoria al primogénito de don Agustín, inteligente y sensible persona que tristemente murió a los 18 años.

En esta Colonia, bajo la dirección de cuatro hermanas de la Caridad y de un capellán (los edificios cuentan con una capilla), la sociedad Cajas Escolares, con personería jurídica de utilidad común, anualmente rindió cuentas a la Contraloría y durante años cumplió su propósito no sin grandes dificultades económicas, escaso apoyo estatal y continuos aportes privados. Posteriormente, la propiedad de la Colonia pasó a manos de la Beneficencia de Cundinamarca, que entregó su administración en comodato al ICBF.

Hoy, después de varias transformaciones y superando muchos obstáculos, se ha dado el milagro de que este patrimonio social y arquitectónico se haya podido mantener vivo, gracias al concurso privado y público y a la dedicación y entrega de las hermanas de la comunidad San Vicente de Paul. En este lugar privilegiado el ICBF y las hermanas atienden en la actualidad a más de un centenar de niños de ambos sexos (en razón del COVID hoy hay solo 83 niños en el establecimiento) de familias económicamente vulnerables, proveyéndoles alojamiento y alimentación y, con el concurso de la Secretaría de Educación departamental, servicios de educación a través del reputado Instituto Técnico Agropecuario de Pacho. Se da empleo, además, a más de 30 personas del municipio.

Desconocemos las razones puntuales por las cuales la Gobernación de Cundinamarca, en cabeza de la nueva administración de la Beneficencia, no ha podido llegar a un acuerdo con el ICBF y éste con la comunidad religiosa, para poder sostener la operación de lo que constituye una verdadera joya en la historia del servicio social colombiano.

Se ha decidido acabar con el legado y mandato de don Agustín Nieto y de sus ilustres compatriotas, cuya visión y generosísima actividad filantrópica son ejemplo para las nuevas generaciones. Se está expropiando a muchos niños necesitados de un servicio vital, dejando además sin empleo a tres decenas de pachunos. Urge convocar a autoridades y sector privado para evitar que destruyamos este patrimonio valioso que hay que conservar en Colombia.

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