"Yo imito, no ridiculizo a los personajes": Hugo Patiño

hace 9 horas
Por: Columnista invitado

Lo más falso de la puerta

Que a uno le roben el celular no es nada extraordinario, pero sí que le roben una cámara de video propiedad de la universidad y avaluada en 7.000 dólares.

El lector pensará en lo ingenuas que fuimos mi amiga y yo por andar con semejantes equipos en plena Plaza de Bolívar. Sin embargo, necesitábamos hacer tomas de apoyo para un reportaje y luego decidimos almorzar en el tradicional restaurante La Puerta Falsa. En el segundo piso, el delincuente se hacía pasar por el dueño o el administrador y atendía a los clientes, en su mayoría extranjeros. Era tan buen actor que los meseros pasaban a su lado y no le decían nada. Este personaje nos dijo que la mesa donde nos ubicamos estaba reservada, así que debíamos bajar al primer piso. Llevamos los equipos y los pusimos de tal forma que teníamos contacto visual. En ese momento, una pareja llegó de la nada y empezó a discutir con nosotras porque, según ellos, habíamos cogido sus puestos. Mientras les explicábamos lo que nos había dicho el supuesto “administrador”, la cámara desapareció y sólo quedó el trípode.

El cajero del negocio supuestamente llamó al cuadrante, pero llegó más rápido el que pedí 20 minutos después del robo, cuando corrí por la calle 11 a ver si de pronto veía a los ladrones. Las cámaras del local estaban desactivadas, pero en las de un restaurante vecino se ve a los dos hombres corriendo con el equipo, uno de ellos el que habíamos confundido con el administrador del lugar. Al pedirle al cajero que sirviera de testigo para el denuncio, se negó rotundamente.

Así como reporta una de las tasas de homicidio más bajas de América Latina (de 22,1% en 2011 bajó a 16,7 en 2013), Bogotá evidencia un aumento en el número de hurtos en las calles. Desde 2011, la ciudad se ha vuelto mucho más insegura y, por ejemplo, para 2013 fueron 25.227 los robos denunciados, según cifras de la Policía. Es muy posible que los turistas extranjeros sean las principales víctimas de hurtos en el centro histórico de la ciudad, pero quizá no hagan parte de las cifras porque seguramente muy pocos se someterán a perder un día de visita a la ciudad yendo a poner un denuncio, con lo dispendioso que es el trámite. Si lo hicieran, tal vez el número de hurtos aumentaría considerablemente y los establecimientos tendrían más controles (como mantener las cámaras activadas).

 

 

*Andrea Katherine Benítez

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