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2 Jul 2021 - 12:30 a. m.

Opinión: Nueva canción protesta

Resulta asombrosamente triste que las figuras poéticas creadas hace ya casi medio siglo parecen referirse a la violencia actual.
Bogotá cumple dos meses siendo epicentro de protestas y disturbios, en medio del Paro Nacional.
Bogotá cumple dos meses siendo epicentro de protestas y disturbios, en medio del Paro Nacional.
Foto: Jorge Londoño - Gustavo Torrijos Zuluaga

Me topé en Facebook un vídeo del ya legendario bambuco “Entre las llamas de Colombia”, montaje que hizo, por allá en la década de los 80 del siglo pasado, el grupo de canciones populares Nueva Cultura, con música del cantautor vallecaucano Gustavo Adolfo Rengifo, sobre el poema del mismo nombre, del también legendario poeta medellinense Carlos Castro Saavedra. El improvisado sonoviso lo realizó la cantante Estefanía Lambuley, en formato para las redes sociales, con imágenes del paro, y resulta asombrosamente triste que las figuras poéticas creadas hace ya casi medio siglo parecen referirse a la violencia actual.

También admiré que la cantante de Aterciopelados, Andrea Echeverri; el guitarrista César López´, y el carranguero mayor Jorge Velosa se hubieran unido para interpretar, en versión para web, la canción de la vena poética de Velosa “Somos Miles de Miles”, sobre la dolosa omisión que los noticieros y el gobierno hacen de las contundentes manifestaciones de protesta.

¡Ah! Da gusto encontrarse, entre tantos cantores apenjados por el show business, a los veteranos comprometiendo su arte, denunciando y protestando contra las injusticias del presente. Nos infunden la misma doble sensación de esperanza y de nostalgia, que se siente cuando todavía alcanzamos a tomamos un buen trago de la botella de ron añejo, que guardamos para ocasiones especiales.

Por suerte, y no obstante las orejas mochas de las disqueras y los informadores culturales, en varias regiones de Colombia ya hay una nueva generación de cantadoras y cantadores, que asumen la canción protesta con auténtica y sentida responsabilidad social. Son vanguardia por su calidad estética y por su rebeldía estremecedora, transformadora, pertinente.

Al principio, el auge lo tuvieron las expresiones espontáneas fuertemente influenciadas por el movimiento cultural Hip Hop. Entonces hubo y hay una gran profusión de raperos, de los cuales muchos caen en la rima fácil y el sonsoneteo más rítmico que armónico, pero desde ahí, más la cualificación académica de varios y otros forjados en las músicas regionales, ya hay solistas, cantautoras, grupos, vanguardia de la canción protesta de una contundencia artística emocionante.

Verbigracia, de los que ahora me vienen a la mente, resalto al cantautor y guitarrista Edson Velandia, de canciones filudas en la crítica y con humor mordaz, quien no se arruga a la hora de burlarse del poder y de la autoridad. Entre los raperos, la gente de “Todo copas” trascendió el rapeo de barriada y sus temas irónicos denunciantes demuestran gran nivel compositivo. También Yaco, el Conspiranóico, que en el gesto de sus temas se me parece a René Pérez Joglar, el vocalista fundador del grupo portorriqueño Calle 13.

Los de La Herencia de Timbiquí se las traen con unos temas que desde la óptica afrodescendientes nos confrontan y nos revelan el racismo tácito en la cultura oficial. En los pasados días de Paro Nacional se mostró comprometido el grupo de bullerengue La Tonada, puro sabor Caribe protestando con su canto al lado de las manifestaciones; igual, una gente de Nariño, “Currulao serio” se llaman y si que lo son, muchachas y muchachos con tambores, con marimbas y unas voces embrujadoras cantándole la tabla al gobierno genocida y corrupto.

Y mi preferida, la manizaleña Isabel Ramírez, La Muchacha es su nombre artístico. Búsquenla así en YouTube, ¡Que muchacha! Cantautora coetánea, su poética del momento, sus armonías tienen más de blues que de rap. Sus temas “La sentada”, “No azara”, el “Blues de los Tombos” con la Banda del bisonte y “No me toques Mal”, que cantan a dúo La Muchacha y la Otra. Todos son tema de una franqueza tan profunda como si en cada canción nos mostrará su alma herida, ofendida, pero altiva, valiente, frentera.

La canción protesta o canción social, como se le dice desde los años 60, en dónde fue gran instrumento para el reconocimiento y las reivindicaciones de las juventudes de ese entonces, no es un género de canción, más bies es un tema, una actitud poética para la cual se requieren compositores que posean el tercer ojo que les otorga el pensamiento crítico y el tono impávido de quienes por conscientes se expresan consecuentes.

Por lo mismo, no son muchos, es apenas un grupo selecto que, con su juglaría, sabe representar el sentir de los humildes, de los vulnerados, de las víctimas, de los indignados y también se atreven a denunciar injusticias y a delatar tiranos. La historia recuerda a los que entregaron su vida, como el chileno Víctor Jara en tiempos de Pinochet, por no callar su voz delante de dictadores.

Así pues, la canción protesta no cabe en el alma de los cantantes de la farándula cooptada por el establecimiento, cómodos como estrellas del mundillo business. No. Las cantautoras y cantautores de poesía con sensibilidad social son flores de un jardín pagano, vetado, indiferente a la aceptación oficial. Son artistas que vierten su sangre en sus canciones de libertad.

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