7 Mar 2015 - 1:55 a. m.

“Quién le manda a vivir en el primer piso”

Como si el destino buscara sincronizar tragedias, el día en que falleció mi abuela los ladrones asaltaron mi apartamento. A las 2:00 p.m., mi mamá y yo salimos para el entierro.

Daniela Abella Afanador

En 20 años de vivir en el primer piso, en un edificio del barrio Rincón del Chicó sin ningún intento de robo, se violó nuestra intimidad al punto de que se robaron hasta las fundas de las almohadas.

Sobre las 9:00 p.m. regresamos a la casa. Mientras mi mamá parqueaba subí con las carteras y con las llaves de la puerta. Entré y encontré que las luces estaban prendidas, pero pensé que quizás las había dejado así por el afán. Después seguí a los cuartos y todo estaba patas arriba. Tal vez dejé desorden, pensé. Me demoré, pero finalmente entendí. ¡Se entraron los ladrones! Pero ¿por dónde?

En medio de la impotencia, me asomé a la terraza y me percaté de que habían roto una de las ventanas. Y no sólo eso: habían quitado también todas las rejas. Nos dejaron, literalmente, en la calle. Curiosamente, ni el portero ni los vecinos escucharon cuando quitaron las rejas.

Pero todavía nos faltaba una sorpresa más. Cuando bajé a avisarle a mi mamá, se cerró la puerta de seguridad con las llaves de ambas adentro. Para entrar de nuevo sólo había una opción: la ventana. Y por ahí entré mientras mi mamá me regañaba por mi descuido y el portero me empujaba para ver si cabía por el hueco que dejaron los ladrones.

No viva en el primer piso, dicen todos los vecinos, y menos si tiene terraza porque más bocado es para los ladrones. Pero después de esta experiencia concluimos que no es tan malo vivir en el primer piso cuando se quedan las llaves adentro. Lo malo es cuando amigos de lo ajeno entran sin llaves.

Comparte: