Bogotá

14 Feb 2012 - 10:00 p. m.

Una verdad incómoda

Uno de los implicados en el homicidio de los padres Rafael Reatiga y Richard Piffano en enero de 2010, aceptó los cargos que le imputó la Fiscalía y confirmó que ambos lo habrían contratado para que les quitara la vida.

Viviana Londoño Calle / Sebastián Jimenez

“¿Cómo se les ocurre decir que el padre pagó para que lo mataran? Era un hombre bueno y nunca habría hecho algo así”. Dispuesta a meter las manos al fuego por el religioso, así habla una de las feligresas de la catedral Jesucristo Nuestra Paz en Soacha en la que el padre Rafael Reatiga era párroco hasta el 26 de enero de 2010, el mismo día en que fue asesinado junto al padre Richard Piffano.

Su opinión es común entre los feligreses de Soacha y también la comparten los vecinos de la parroquia San Juan de la Cruz en la localidad de Kennedy, en donde Piffano trabajó durante tres años. Todos se niegan a creer que los religiosos habrían planeado su propia muerte.

Sin embargo ayer, a la misma hora en la que rechazaban el anuncio, la Fiscalía le imputaba cargos a Isidro Castiblanco alias “Gallero” y a Gildardo Peñate, alias “Gavilán”, ambos implicados en el asesinato.

Sólo hasta ayer, poco más de un año después de que fueran asesinados de cinco disparos cuando se desplazaban en un vehículo en el barrio Dindalito de la localidad de Kennedy, la Fiscalía reveló lo que se ocultaba detrás del extraño asesinato.

La fiscal antiterrorismo Patricia Larrota retomó cada detalle antes de imputar los cargos. Según ésta, en noviembre de 2010 los religiosos se enteraron de que el padre Rafael Reatiga era portador de VIH. En enero del año siguiente, viajaron a Bucaramanga con el fin de suicidarse en el Cañón del Chicamocha. Sin embargo, como señaló la fiscal, no lo lograron.

Por eso, apenas el padre Reatiga se encontró por casualidad con alias “Gallero”, quien estaba armado en una tienda, no dudó en pedirle ayuda. Inicialmente le dijo que necesitaba protección, luego le confesó que lo necesitaba para que los asesinara a él y a Piffano. “Gallero” buscó a alias “Gavilán” y luego pactaron el pago. Recibieron $15 millones en efectivo. El día del asesinato, el padre Reatiga habló por lo menos siete veces con sus asesinos antes del encuentro en un callejón del barrio Dindalito. Lo demás es historia.

No son pocas las pruebas de las que se valió la Fiscalía para desenmarañar el misterio: desde entrevistas con personas cercanas, seguimiento a los teléfonos que pudieron encontrar y hasta una denuncia por el supuesto abuso sexual del padre Reatiga a un hombre identificados como Fabio Jaramillo.

“Con todo respeto señor juez, yo acepto los cargos”, éstas fueron las palabras con las que Isidro Castriblanco, de 42 años, oriundo de Chiquinquirá y dedicado al oficio de construcción, aceptó los cargos por homicidio agravado en condición de cómplice y de fabricación, porte y tráfico de armas. Gildardo Peñate, de quién se piensa fue quién disparó esa noche de enero, no aceptó los cargos que le endilgó el ente acusador.

Según la Fiscalía habría otros dos implicados que aún no se han identificado.

Reatiga y Piffano se conocían desde el seminario, habían estudiado juntos una especialización en Bioética en la Universidad Javeriana y según la fiscal tenían una relación bastante estrecha desde entonces.

Así lo confirman los vecinos de la catedral jesucristo Nuestra Paz, quienes recuerdan que Piffano visitó en muchas ocasiones la iglesia y que ayudaba a Reatiga cuando tenía mucho trabajo. Algunos sí sabían que estaba enfermo, como Miriam Avellaneda quien aún trabaja en la parroquia y estuvo al servicio de Reatiga durante dos años. Avellaneda asegura que el padre tomaba medicamente constantemente,

Pese a la contundencia de las evidencias, los familiares de los religiosos insisten en que se trata de un montaje. Por eso pidieron que se haga una exhumación de los cadáveres para esclarecer los sucedido. “Nosotros somos una familia de valores y a nosotros nos enseñaron a respetar la vida, mucho más la vida la propia, es imposible que Rafael haya hecho eso”, dijo Jaime Reatiga.

Entre tanto, la defensa de Peñate dejó claro que aquello estaba lejos de ser un homicidio. “El crimen al que nos estamos refiriendo es el de suicidio asistido”, aseguró.

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