Hambre de provocación

¿Por qué tanta alharaca con este diseñador? ¿Cómo se puede ser transgresor en un mundo de transgresores? Acá, una mirada al creador francés Jean Paul Gaultier, quien presentará su colección este miércoles en CaliExposhow.

El diseñador francés, bautizado como el ‘Enfant terrible’, estará este miércoles con sus diseños en las pasarelas del CaliExposhow.
El diseñador francés, bautizado como el ‘Enfant terrible’, estará este miércoles con sus diseños en las pasarelas del CaliExposhow.AFP

Fue el impacto de ver la espalda de su abuela siempre anudada, esa espalda de pieles fofas ya, que a merced de unas cintas se estrujaba y reducía en volumen, lo que hizo que Jean Paul Gaultier se obsesionara desde pequeño con esa potencia que tiene la ropa de inventar cuerpos.

Fue esa imagen de infancia repetida, la de su mentora entrando en cintura cuando el mundo más bien celebraba las mujeres masculinas y delgadas tipo Twigy, la que cruzó irremediablemente al francesito inquieto con la prenda que se convertiría en su firma: el corsé.

Luego, el niño deslumbrado por el universo femenino encontraría en los dibujos, en matachos con chaquetas y vestidos exuberantes, un camino para sacar todo eso que llevaba por adentro. Fue justamente un dibujo, uno que su profesora le obligó a pegarse en la espalda, en forma de castigo por no andar poniendo atención en clase, el que terminó por marcar su senda de diseñador. Con el dibujo de un vestido que había visto la noche anterior en la televisión, en la espalda encontró que todos le sonreían. Su soledad por fin se encontraba con las sonrisas.

No tardó el talento de Gaultier en arribar a una de las grandes casas de moda de Francia. Cuando tenía tan sólo 18 años, sus bocetos llegaron al taller de Pierre Cardin y su temprana irreverencia y su capacidad de desbordar lo esperado hizo que se convirtiera en su asistente. Luego el trabajo en el afamado taller se tornó demasiado juicioso para un joven que tenía como destino ser bautizado el ‘Enfant terrible’ de la moda.

Libre de mandamientos prestados, Gaultier escribió entre telas y volúmenes los suyos propios.

Mandamiento 1: Lanzar siempre una pregunta por el género, por los signos de la sexualidad, por esa capacidad que tiene la ropa de trastocar los parámetros de lo femenino y lo masculino.

Mandamiento 2: Revolcar la opinión pública sacando la ropa interior al exterior, mostrando lo no visto, volviendo prendas represivas en máquinas de seducción, seduciendo con insinuaciones de encajes y amarres íntimos.

Mandamiento 3: Usar rayas marineras igual en camisetas que en vestidos de alta costura en hombres y mujeres.

Mandamiento 4: Exaltar el cuerpo femenino en su silueta más canónica, esa de cintura fina y anchas caderas.

Su nombre empezó a sonar al punto que Madonna le encargó el diseño de su vestuario para el Blond Ambition Tour en 1990, oportunidad que Jean Paul Gaultier aprovechó para escandalizarlos a todos. Un corsé rosado de copas cónicas que puntudas se salían de una chaqueta negra fue el atuendo en el que el diseñador francés tradujo el arrebato de ‘Like a Virgen’. “Me sorprende siempre el escándalo que generan las cosas que yo hago, que para mí son completamente normales”, confesó a un diario inglés el diseñador, cuyo corsé le valió ser portada de la revista Life.

Con la gloria llegaron también los pesares. Su amor y compañero de negocios Francis Menuge murió de sida, lo que llevaría al diseñador a comprometerse y colaborar con múltiples organizaciones que trabajan por pacientes que padecen la enfermedad.

Pero ni semejante orfandad iba a sacar a Gaultier del lugar que había logrado en la moda, nada ya lo iba a liberar de esa devoción que le profesaban las mujeres que tanto poder habían conseguido a través de sus vestidos. Vendrían entonces sus mujeres parisinas, mujeres forradas todas en telas a cuadros que desdibujaban los límites de dónde terminaba la piel y dónde el vestido. También el diseño de la ropa de Milla Jovovich en la película El quinto elemento, luego crearía ese traje que recreaba literalmente la idea de que el vestido es una segunda piel en la película ‘La mala educación’, de Almodóvar, y finalmente diseñó vestidos que jugaban con las vírgenes y la iconografía religiosa.

A sus 60 años quizá ya no quepa bien en esa etiqueta de infante que tanto lo caracterizó en sus años mozos, sin embargo, eso de ser el terrible, el que no cumple la regla ni apela a lo esperado, ese que empuja siempre los límites de lo bello parece seguir intacto a pesar de los años. Su ropa sigue siendo hoy un sacudón de erotismo.