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Carta abierta para los bares y restaurantes

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Conozco el mundo del restaurante de la A a la Z. He sido lavaplatos, mesero, jefe de comedor, ayudante de cocina, barman, gerente y propietario durante más de 25 años. Mantengo en mi memoria la inevitable sensación de misterio y surrealismo que otorgan el silencio y la penumbra de un comedor y una cocina completamente detenidos al iniciar o finalizar jornada. En mi condición de cliente, me he sentado a manteles durante más de medio siglo en restaurantes de todas las categorías, en diferentes partes del mundo; he vivenciado infinitas experiencias, la mayoría amables, otras tantas insólitas, pero todas edificantes. Por lo anterior me atrevo a escribir esta misiva, cuya única intención es expresar mi voz de solidaridad con una inmensa cantidad de estupendos amigos, colegas y viejos alumnos (hoy empresarios), quienes en más de una ocasión me recibieron y me trataron con sincera amabilidad y profesionalismo. Lamentablemente, todos ellos hoy hacen parte del inmenso grupo de “últimos en la fila”, quienes tendrán que esperar varios meses para que sus negocios puedan volver a marchar con toda la maquinaria de aquel engranaje que funcionaba como un relojito y que ahora se encuentra detenido y en riesgo de desaparecer.

Amigos, ahora más que nunca se necesita la solidaridad del gremio; la sobrevivencia dependerá de una discusión bien pensada, bien organizada y bien argumentada para presentar soluciones a “papá Gobierno”; no se trata de exigencias y derechos. Se trata de una concertación inteligente, producto de estar remando todos para un mismo lado. Es necesaria mucha imaginación, ideas originales y cambios de 180º. Es posible que el modelo económico tienda a cambiar con inclinación a mantener una desaceleración a futuro; los pensamientos de disfrute y ganancia serán otros, no será un trabajo con la meta única del enriquecimiento; será trabajar para disfrutar y vivir con serenidad, estableciendo el equilibrio entre homo economicus y homo creativus. Insisto: la historia del ser humano es prodigiosa; su historia de las matemáticas, la física, la química, la ingeniería y demás es, en su conjunto, la historia de la ciencia, la cual de manera contundente nos permite creer en nosotros mismos como especie.

Amigos y amigas: no me salen palabras de optimismo, tampoco quiero ser apocalíptico y mucho menos adivino. En contra de mi estoicismo, me atrevo a pensar que llegará el día en que nos volveremos a encontrar en los restaurantes, nos saludaremos con abrazos y apretón de manos y disfrutaremos del embrujo del diálogo y las delicias de la comida; pienso entonces que las mesas de los restaurantes volverán a ser protagonistas de tan hermosa y universal manifestación de civilización. Para finalizar, permítanme traer a colación un pensamiento del emperador romano Marco Aurelio, quien dijo: “Llamo peste más a la corrupción de la inteligencia que, desde luego, a la infección del aire que nos rodea”. Insisto: la ciencia y el arte una vez más serán la punta de lanza para enfrentar las históricas y equívocas intervenciones del poder y la política.

 

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