14 Aug 2018 - 2:22 p. m.

Hallan en restos de comida una prueba del cambio climático que hubo hace 8.000 años

Arqueólogos y químicos internacionales acaban de llegar a una conclusión tras estudiar estos restos, conservadas en cuencos de cerámica en Anatolia (actual Turquía). Esas pruebas revelaron una marcada sequía a la que tuvieron que sobrevivir esas comunidades.

- Redacción Ciencia

Una de las cazuelas analizadas en esta investigación a manos de arqueólogos y químicos de la Universidad de Bristol (Reino Unido). 
 / Çatalhöyük Research Project
Una de las cazuelas analizadas en esta investigación a manos de arqueólogos y químicos de la Universidad de Bristol (Reino Unido). / Çatalhöyük Research Project

Los científicos han tenido siempre la certeza de que el cambio climático es viejo. La variación del clima es tan natural que no es descabellado pensar que los humanos habían tenido que sortear sus condiciones en un pasado. Sin embargo, esta teoría (validada por la ciencia) se quedaba corta ante escasas pruebas arqueológicas. Así fue hasta ahora, gracias al descubrimiento de restos de comida que datan de hace 8.000 años. (Lea: Colombia, cuarto país en Latinoamérica con mas recursos para enfrentar el cambio climático) 

Esos restos pertenecían a una comunidad de granjeros que vivía en Anatolia (la actual Turquía). Para entonces, esos hombres que habitaban Oriente Próximo se desplazaban desde esta región hasta Macedonia, Tesalia y Bulgaria. Existen registros de que en esa época, fijada entre el Neolítico y de la Edad del Cobre, estas sociedades ya domesticaban cereales y mamíferos como cabras. 

Por eso cuando el equipo de arqueólogos y químicos de la Universidad de Bristol (Reino Unido) encontró estas pruebas pudo concluir la dieta de esta sociedades. Restos de ganado bovino y caprino con una particularidad: una grasa animal que les reveló pistas sobre una intensa sequía, como si en aquella época (entre el 7.500 y el 5.700 antes de Cristo) hubieran vivido un fuerte evento climático. 

Las pistas surgieron a partir de la premisa "eres lo que comes y bebes". Es decir, aprovechando que los restos de comida fueron encontrados en cuencos de cerámica, los investigadores estudiaron sus átomos para descubrir el régimen de precipitaciones de aquel entonces. Un dato que obtuvieron de "señales contenidas en átomos de hidrógeno de las grasas animales que quedaron atrapadas en la cerámica", sostuvo para el diario El País de España la directora del estudio, Mélanie Roffet-Salque. 

Así fue como los científicos concluyeron la huella dactilar de ese cambio abrupto del clima a través del ratio de isótopos. Estos son átomos de un mismo elemento químico pero con distinto número de neutrones de hidrógeno en las moléculas de grasa cruzado con los datos de deuterio que tenían. 

Esas pruebas soportan los datos que se tienen sobre el clima de aquellos tiempos. Se sabe que hace 8.200 las corrientes oceánicas tuvieron un cambio después de que un enorme glaciar al norte de Canadá vertiera agua dulce y fría al Atlántico Norte. Esto hizo que la temperatura del planeta disminuyera durante cerca de 160 años. De hecho, la evidencia de esto se rastreaba en el polen, los anillos de crecimiento de los árboles y algunos depósitos minerales pero no en vestigios sociales. En palabras Roffet-Salque, "este descubrimiento abre una vía completamente nueva de investigación. A partir de ahora se puede reconstruir el clima pasado en cada lugar donde la gente usó la cerámica", aseguró la académica para el mismo diario. 

 

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