'Soy un enamorado de Colombia'

El actor español habla sobre la experiencia de rodaje y su encuentro con José Crisanto Gómez, el campesino que cuidó a Emanuel, el hijo de Clara Rojas.

Luis Tosar asegura que es raro que un actor tenga la oportunidad de interpretar a un personaje real que además esté vivo.  / David Campuzano
Luis Tosar asegura que es raro que un actor tenga la oportunidad de interpretar a un personaje real que además esté vivo. / David Campuzano

El actor Luis Tosar y el personaje real al que interpreta, el campesino José Crisanto Gómez, llegaron a conocerse después de que la filmación de la película Operación E hubiera terminado.

Se encontraron los dos solos en una sala vacía de cine en Madrid y vieron la cinta. Apenas aparecieron los créditos hubo pura emoción. “Al mismo tiempo, José Crisanto intentaba hacerme caer en cuenta de que toda esta peripecia que nosotros contamos en 100 minutos fueron para él dos años y medio, y una experiencia mucho más dura”, confiesa Tosar.

Después de la avalancha mediática y polémica generada por una acción de tutela por parte de Clara Rojas, la película se exhibe en estos momentos en Colombia, un mercado natural para los productores de Operación E, quienes se vieron por momentos frustrados al contemplar la posibilidad de un fallo en su contra.

Antes de partir a España, Luis Tosar habló con El Espectador.

Ha afirmado que José Crisanto Gómez ha sido uno de los personajes más complicados que ha hecho en su carrera.

Sí. Para empezar, porque tenía que interpretar a un colombiano y para un español es una distancia muy grande la que hay que salvar. El acento colombiano en España, a pesar de que hay muchos colombianos, no nos resulta tan familiar y distintivo como el argentino o el mexicano. La idea de intentar reproducirlo de la manera más honesta posible fue un trabajo especialmente duro y delicado, para que no se quedase en un remedo ni en una parodia. Y para eso tuve la colaboración de Carlos Carmona, productor asociado. Estuvimos trabajando meses antes en el ejercicio lingüístico y en la inmersión cultural. Y acercarse a un campesino colombiano, algo tan lejos de mi realidad habitual, fue un trabajo largo y de ir encontrando muchas puertas que se iban abriendo, revelando un espectro casi inabarcable. El cine es economía.

¿Cómo fue la experiencia del rodaje en medio de la selva colombiana?

Fueron duras las condiciones, pero al mismo tiempo son un regalo para un actor. Todo lo que no sea autosugestionarse, lo pone más fácil. Hace mucho calor, te pican todos los mosquitos que existen, las lluvias torrenciales hacen que el agua mansa de 30 cm se convierta en poco tiempo en dos metros de caudal alocado. Para la gente de producción es un quebradero de cabezas continuo, pero para los actores en general es una suerte inmensa, es un regalo que te viene dado porque te coloca en situación, te hace vivir lo más cercano posible al entorno del personaje, y tú sólo te ocupas de lo estrictamente esencial, que es actuar.

¿Qué opina de la crítica que se les hace a las películas que claman estar basadas en hechos reales pero que al mismo tiempo dicen ser ficción?

Es inevitable. Nosotros tenemos que hacer una ficción; por mucho que nos basemos en un hecho real, no hacemos un documental sino una película. En la ficción intentamos que la realidad se transforme de alguna manera en una fantasía que sea verosímil para el espectador, y a veces eso es más eficaz que un documental, porque éste puede contar una realidad muy dura pero no generar empatía. En una ficción juegas con esa ventaja, porque pones al personaje del lado del espectador. Hay sacrificios que se tienen que hacer en pro de que sea un producto cinematográfico eficaz. Pero diría que en Operación E hay un 90% de realidad.

¿Qué se lleva de Colombia, qué aprendió en este país?

Ahora soy un enamorado de Colombia. Todo lo que me llevo es bueno. He hecho muy buenos amigos, y en el ámbito cinematográfico he establecido unas redes que yo creo que abrirán un nuevo nicho de mercado para mí. Creo que hay una pulsión ahora mismo en Colombia, no sólo en cine, sino el país en sí, es un país más amable de cara hacia afuera. La alegría que los propios colombianos exportan me fascina, la capacidad para reponerse ante las adversidades, es algo que en España es inaudito. Tendemos hacia la depresión. Ahora, con la crisis y los problemas, nos vamos en seguida hacia abajo. No sé si es el trópico o si es la naturaleza, pero he trabajado en Chile, en Bolivia, en México, en Argentina, y creo que Colombia tiene algo diferenciador, hay un sabor y una energía muy especial aquí.

¿Qué opina de toda la polémica desatada?

No es agradable que pasen cosas que no tengan que ver con la película. A ver, tienen que ver de alguna manera, pero están muy lejos de las intenciones. Intentamos hacer una película lo mejor posible, y aunque sepas que estás haciendo un cine con una fuerte carga política, que sabes que va generar controversia, nunca nos imaginamos que algo como esto ocurriera. Por fortuna la justicia se fue de nuestro lado de manera cabal, y al menos puede estar en los cines de Colombia. Era muy frustrante pensar que no se podía exhibir en el país donde la filmamos. Es una historia colombiana.

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