Cerebro musical fugado

El clavecinista y clavicembalista colombiano, considerado uno de los más destacados intérpretes de estos instrumentos en el mundo, murió el viernes en París.

El maestro Rafael Puyana Michelsen tocó con personajes de la talla  de Nadia Boulanger, Yehudi Menuhin y Andrés Segovia. / Archivo El Espectador
El maestro Rafael Puyana Michelsen tocó con personajes de la talla de Nadia Boulanger, Yehudi Menuhin y Andrés Segovia. / Archivo El Espectador

Rafael Puyana Michelsen no tenía mucho de dónde escoger. La música estaba inscrita en su destino y las alternativas se multiplicaban siempre por uno. Para su familia, la herencia más significativa estaba relacionada con el arte sonoro y, en verdad, así quisiera, no tenía mucha escapatoria.

Doña Carmen de Michelsen, bisabuela de Puyana, se levantó en contra del establecimiento machista y conservador poniéndose a la cabeza de la Primera Sociedad Musical con sede en Bogotá. El abuelo Ernesto Michelsen, por su parte, era un melómano incansable y en épocas en que las comunicaciones no eran herramientas al alcance de la mano de cualquiera, dedicaba jornadas enteras a buscar las obras, las versiones y los compositores de su preferencia.

Estos dos personajes fueron vitales para inclinar la balanza hacia las partituras. Sin embargo, faltaba el impulso más importante y esa acción estuvo en manos de Blanca Michelsen de Rodríguez, su tía. Ella lo condujo en la música y lo guió desde los seis años para que moviera acertadamente los dedos sobre las teclas del piano. Simultáneamente a su formación académica tradicional en el Liceo de Cervantes y en el Colegio San Bartolomé, tomó clases del instrumento hasta los 13 años, cuando se presentó por primera vez en el Teatro Colón, durante un evento benéfico.

Con la técnica de su parte, adelantó todas las gestiones para estudiar en Estados Unidos y casi sin proponérselo logró un cupo en el Conservatorio de Música de Nueva Inglaterra, en Boston. Allí continuó con su formación artística, pero también descubrió que su pasión por el instrumento rebasaba lo convencional y que, además de pianista, quería ser clavecinista y clavicembalista.

El dominio de los instrumentos que motivaron la creación del piano le otorgaba a Rafael Puyana Michelsen la posibilidad de abordar períodos musicales, como el Barroco y el Renacimiento, que ya habían conquistado su oído desde hacía años, pero de cuya interpretación huía por no sentirse con la suficiente autoridad para hacerlo. En ese proceso de afianzar sus conocimientos tuvo mucha influencia una maestra polaca, la reconocida Wanda Landowska. Puyana se convirtió en su discípulo más aventajado y durante varias décadas se escuchó decir que el clavecinista y clavicembalista más importante del mundo era colombiano.

La única manera de ratificar esa comprometedora denominación en escenarios tan competitivos como Estados Unidos y Europa era a través de conciertos y grabaciones discográficas. En ambas atmósferas Rafael Puyana Michelsen se rodeó de algunos de los músicos clásicos más venerados. Nadia Boulanger, Yehudi Menuhin, Leopoldo Stokowski y Andrés Segovia tuvieron experiencias artísticas con el colombiano. Es más, compositores como Federico Mompou, Julián Orbón, Alain Louvier y Xavier Montsalvatge crearon obras exclusivas para su repertorio.

Puyana murió en la madrugada de ayer en París, ciudad en la que escogió vivir para tener una conexión más directa con la historia, con el arte y con la música que tanto llenaba sus días. Su trayectoria, como es de suponerse por el estilo que implementó, resultó siendo más importante en el exterior que en el circuito nacional. Puyana Michelsen fue desde muy joven un cerebro fugado. Ahora su tránsito es celestial.