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Abelardo de la Espriella y la paz

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Fabiola Calvo
06 de junio de 2026 - 04:00 p. m.
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Entre 1984 y 2017 se suspendieron las clases de historia, y el daño que ha causado tal medida a la sociedad colombiana se refleja en las declaraciones del candidato a la presidencia Abelardo De La Espriella, un hombre de 47 años que, por sus afirmaciones, demuestra desconocer los hechos del pasado reciente.

El candidato, cercano a Marco Rubio y al Partido Republicano de Estados Unidos, alude a la necesidad de renovar alianzas con el país del norte e Israel “para derrotar el narcoterrorismo, no conciliando con bandidos ni haciendo procesos de paz. La paz no se negocia; la experiencia empírica ha demostrado que no ha servido de nada”.

“La ignorancia es atrevida”, señor De La Espriella. Para frenar la denominada violencia en los campos de Colombia en la década de los cincuenta, promovida por los partidos Liberal y Conservador, ellos debieron negociar y acordar el excluyente Frente Nacional.

Cuando la toma de la Embajada de República Dominicana en Bogotá, en 1980, el gobierno del presidente Julio César Turbay Ayala negoció con el Movimiento 19 de Abril (M-19). Las 61 personas y los 15 embajadores salieron sanos y salvos.

En 1984, el presidente Belisario Betancur negoció con las FARC, y de ese acuerdo nació la Unión Patriótica, demostrando que una organización armada podía transitar hacia la política. Sin embargo, más de 4.000 militantes que no empuñaron armas fueron asesinados. ¿Eran bandidos? Porque, según el candidato, “la paz hay que imponerla con la fuerza de las armas y las leyes de la República: dar de baja a los bandidos o enviarlos a la cárcel”.

Vale recordar que en la década de los setenta se dieron los Consejos Verbales de Guerra, donde civiles eran juzgados por militares bajo el eterno Estado de sitio o de excepción. Iniciaron las desapariciones, allanamientos, torturas… Ya vivimos la fuerza de los fusiles. ¿Hubo paz? En esta etapa del Estatuto de Seguridad, cada persona estaba bajo sospecha con la doctrina de la Seguridad Nacional y el enemigo interno.

Y para el señor De La Espriella, la izquierda tendrá en él “un enemigo acérrimo”. ¿Qué es la izquierda señor candidato? Ya pasó la Guerra Fría y usted sigue hablando de los enemigos comunistas ¿Existen? No gobernará para todos los colombianos y colombianas, pese a que la Carta Magna incluye en todo su articulado los Derechos Humanos. Dice que respetará la Constitución. ¿Conoce su origen?

En los Acuerdos de Cese del Fuego y Diálogo Nacional de 1984, Oscar William Calvo, vocero del Partido Comunista de Colombia Marxista-Leninista y del Ejército Popular de Liberación, propuso en un discurso en el Museo Zea una Asamblea Nacional Constituyente (ANC) para elaborar una nueva Constitución. Si el candidato lee o escucha esa intervención, sabrá que la esencia de lo aprobado en 1991 está en ese discurso.

La propuesta y su naturaleza nació de unos acuerdos, y la ANC se convocó por otros. Así, aunque la Constitución tenga “micos”, fue lo mejor que podía ofrecer el momento y fue producto de un Diálogo Nacional, diálogo de todas las fuerzas, también propuesto en 1984. ¿Sabía esos detalles el candidato?

El abogado Abelardo solo cree en la paz impuesta con las armas y anuncia que con él “no habrá procesos de paz”. Colombia ya ha ensayado el militarismo, y los resultados los conocemos. Critica los Acuerdos de 2016 con las FARC y ridiculiza lo pactado con una simpleza que no corresponde a un candidato. No ve contexto, no analiza probabilidades cuando se firman acuerdos, no escudriña lo que hizo el presidente Iván Duque según su propio anuncio: “Hacer trizas la paz”.

La paz es una apuesta de país, continuada, de voluntad política de Estado, de partidos y sociedad, de convivencia. Exige que un pobre salga de su pobreza y que un rico lo sea menos; impone un Estado Social de Derecho y también monopolio de la fuerza militar. ¿Socialdemocracia? Las apuestas militaristas del candidato, llevarían a una mayor atomización de los grupos armados o a un posible acercamiento entre ellos y, eso sí, a una confrontación más intensa que deja en el centro a los civiles.

No podemos despedirnos sin mencionar la actitud machista, componente del sistema patriarcal, al increpar a la presentadora y periodista María Lucía Fernández de Caracol, quien en pleno ejercicio profesional preguntó a Abelardo De La Espriella sobre la posibilidad de gobernar sin ética, a partir de la afirmación del candidato: “La ética no tiene nada que ver con el derecho”. ¿Qué respondió él? “La ignorancia es atrevida”, devolviendo su desfachatez.

Tampoco se puede pasar la actitud de insistir a una periodista dirigiese la mirada hacia su pene. ¿Qué códigos éticos y qué calidad humana acompañan a este candidato a la presidencia? ¿Qué trato dará a las mujeres en cualquier forma de relación si llegase a la Casa de Nariño? ¿Usted, mujer o varón, permitiría su misoginia?

No se trata de carácter, de ser una persona directa o de su origen costeño, es su concepción irrespetuosa, excluyente, indigna, de relacionamiento a partir de la desigualdad con las mujeres. Es falocéntrico. No confundamos la chicha con la limonada.

Pienso en voz alta: no es el gobernante que merecemos como país.

✉️ Si le interesan los temas de paz, conflicto y derechos humanos o tiene información que quiera compartirnos, puede escribirnos a:cmorales@elespectador.com;nortega@elespectador.comoaosorio@elespectador.com.

Por Fabiola Calvo

 

Astrid Vallejo(60305)Hace 26 minutos
Excelente argumentación. Suscribo totalmente. Es urgente nuestra historia para tomar decisiones hacia la paz y la concordia dejando atrás una herencia de violenciay desolación.
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