Analistas

13 Jun 2022 - 7:45 p. m.

Comprender la responsabilidad en medio del horror

Max Yuri Gil Ramírez

Algunas de las preguntas más difíciles de responder cuando se analizan grandes procesos de violencia masiva, sistemática y caracterizados por un uso exacerbado de la violencia es ¿qué tipo de personas son las responsables de esto? ¿qué hay en sus historias personales que explique que se hayan trasgredido todos los límites en el uso de la violencia contra adversarios y peor aún, de manera masiva contra la población civil? ¿Por qué los combatientes pasaron del uso de la violencia como mecanismo para conseguir un fin, a un uso del terror y el ensañamiento como formas privilegiadas de victimización sin mayor contención moral?

Colombia desafortunadamente es un territorio propicio para abordar esta conversación. Nuestro conflicto armado se ha degradado de forma escandalosa, y los relatos de las víctimas han develado el horror de lo que ha pasado mientras los relatos de los victimarios nos han mostrado que todo esto ocurrió sin que hubiese mayor reacción de rechazo, de los integrantes de los grupos armados y sus apoyos sociales para poner fin a estas conductas degradadas. Este es un tema central en nuestra sociedad, pensando en lo que tenemos que hacer como sociedad para que la violencia que hemos vivido cese y no se repita nunca más.

Unas de las explicaciones sobre estas conductas ponen el énfasis en el entorno, en la generación de un ambiente que exculpa las conductas violentas y las banaliza. El caso extremo de esto es el exterminio de más de seis millones de judíos en la Segunda Guerra Mundial y la responsabilidad de esto en manos de hombres comunes y corrientes, como Adolf Eichmann encargado del funcionamiento de un campo de concentración nazi en Polonia. Su historia fue fielmente reflejada en el famoso ensayo de Hannah Arendt, Eichmann en Jerusalén, un estudio sobre la Banalidad del Mal.

Desde esta perspectiva, el centro de la explicación de porque ocurren estas situaciones masivas de expresión del mal absoluto está en la comprensión de la sociedad y cómo esta genera condiciones para que estos fenómenos se presenten, y los sujetos terminan involucrados en su ejecución, sin preguntarse demasiado sobre la moralidad de las conductas aberrantes que cometen. No son monstruos, son seres comunes y corrientes inmersos en contextos específicos.

El reverso de esta explicación está en quienes señalan que esto sólo se puede comprender si se considera que existen sujetos en la sociedad que están dotados de una capacidad innata para el mal, que son por así decirlo, asesinos por naturaleza. Esta explicación plantea que la degradación en el uso de la violencia es el resultado de la decisión de sujetos aislados, que por fuera de las normas de las instituciones y aún, de las organizaciones violentas, hacen un uso desproporcionado y patológico de la violencia, que les permite saciar sus anhelos de violencia. Desde esta perspectiva, estos procesos del horror se explican por la maldad inherente a ciertos sujetos determinados, más allá de la sociedad en que se enmarcan.

Probablemente en muchos casos hay, o bien un predominio de las condiciones sociales o bien, de la maldad individual. Pero también se puede identificar que muchos casos de violencia masiva, degradada, en que es difícil comprender la racionalidad del uso del horror, en que participan seres humanos comunes y corrientes que se van involucrando progresivamente prácticas cada vez más horrendas; es el resultado de una combinación entre estructuras de oportunidad social en que estas conductas se legitiman y las decisiones conscientes de seres humanos concretos de participar en acciones de victimización caracterizadas por la crueldad buscando la satisfacción de sus intereses, individuales o colectivos. Desproveer a los seres humanos de su capacidad de elegir, como si fueran marionetas de las circunstancias, poco ayuda a que se asuma la importancia de responsabilizarse de lo que se hizo, y de manera genuina, avergonzarse por el mal causado.

En Colombia, en el marco del conflicto armado interno que hemos vivido desde la década del 60 del siglo pasado, el tema de las responsabilidades individuales y colectivas es un asunto que se ha venido abordando de manera permanente en las dos últimas décadas, pero que debemos profundizar. Claro, hay condiciones estructurales que hay que cambiar para que el uso de la violencia sea deslegitimado como mecanismo válido para mantener o impugnar el orden, pero también hay que hacer un gran esfuerzo en la fundamentación moral y en la importancia de que los sujetos se responsabilicen de sus actos.

*Sociólogo

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