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15 Jul 2022 - 10:44 p. m.

Contener la palabra

Oscar Fernando Martínez Herrera*

Nuestra expectativa por escuchar se desborbó en un cauce de relatos de incontenible sufrimiento, de marcas de un pasado violento que se había cerrado y resguardado para muchas víctimas en el mutismo de su alma. A pesar del tiempo, nadie ha logrado apaciguar esos dolores. Caminamos entreverados con silencios, llantos y palabras rotas que describen con una poética del horror lo que algunos aún se niegan a escuchar.

“Ellos decían que solo querían agua, pararían a tomar y seguirían sin molestar. Luego, los otros, decían que solo querían saber si les dimos agua. Igualmente, pararon; ahora para disparar contra el viejo que les dijo que sí. Ay, viejo, aún no sé si fue la honestidad o el agua lo que te mató” (Nota tomada del relato de una víctima)

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Dicen que la guerra por el agua llegará pronto, sin embargo, lo que algunos no saben es que esa guerra ya había transitado estas tierras cafeteras. Esa guerra donde la vida se convierte en un efímero despertar, una pronta partida o una palabra impronunciable. El aroma del café no logró acallar las balas, solo las tiñó de un extraño silencio entre matorrales, trochas y calles olvidadas. La estela de dolor y tragedia se abrió paso, se convirtió en un camaleónico mutismo que aún perdura.

Aprendimos a desaprender de una guerra de la que poco se había hablado, a escuchar el silencio y contemplar la soledad de la ausencia con la esperanza enterrada del retornar a la vida. Esa vida que le fue arrebatada tempranamente a algunos por levantar la voz evadiendo balas que, a la postre, los abrazaron sin mediar palabra; y, a otros, por levantarse en el lugar indicado en una guerra que les atravesó las entrañas por respirar el aire de quienes tocaron su puerta. Esa misma guerra que respiraron los 53 municipios de una región próspera para algunos y profundamente áspera para otros.

Aprendimos a contener la palabra, el aliento y la existencia misma, para que esas voces fueran algo más que el llanto, el sollozo o la mirada perdida en el pasado. Esperamos que esta escucha se convirtiera paradójicamente en la esperanza de no repetición, en una moraleja de lo que nos pasó, en el espejo que nos permita ver, así sea entre fragmentos rotos, un futuro que alimente otros relatos y certezas más allá de la guerra.

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Han sido tres años de una escucha profunda, aunque inevitablemente inconclusa; una escucha dolorosa y esperanzadora; una escucha que abrió la puerta con algunas comprensiones de lo que nos pasó, mientras algunos mirábamos hacia otra esquina. Esa escucha también se convirtió en canciones, poemas, videos, cartillas y retazos de una dignidad hecha palabra, que ahora se albergan en un baúl atesorado para la región y que esperamos sea un dispositivo de reflexiones sobre esta guerra. https://elbauldelaesperanza.co/

* Coordinador de la Comisión de la Verdad - territorial Eje Cafetero

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