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Un escenario de competencia entre naciones donde prevalece quien tiene mayor poder es la consigna de la renovada Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos que se hizo pública a finales del año 2025. La actualmente conocida como Doctrina Donroe hace explícita la manera en la que Washington se relaciona con el mundo: constituyen el marco de análisis clave para comprender las últimas movidas en el sur del continente americano.
Los principios que sostienen la estrategia son, cuanto menos, reveladores. Por ejemplo, la consigna “paz a través de la fuerza” sostiene que la coerción es el elemento superior para disuadir y el mejor medio para alcanzar el cese de las confrontaciones armadas. Así mismo, el principio de “balance de poder”, o el de “reciprocidad” afirman impedir que cualquier nación se vuelva tan dominante que pueda amenazar los intereses estadounidenses, y una cero tolerancia a situaciones de libre aprovechamiento (free-riding), desequilibrios comerciales o prácticas económicas desiguales, respectivamente.
Es en este marco de principios donde el sur del continente es considerado como una geografía clave en donde, en esta lógica de acumulación de poder, se requiere restaurar la preeminencia y asegurar el acceso estadounidense. De hecho, la estrategia niega explícitamente que competidores no hemisféricos tengan la capacidad de posicionar fuerzas o capacidades amenazantes, o de poseer y controlar activos estratégicamente vitales. En otras palabras, la estrategia pretende reactivar un ‘cordón sanitario’ alrededor de las Américas, garantizando que ni China ni Rusia tengan la capacidad operativa o económica para amenazar a Estados Unidos desde su propio vecindario.
La hoja de ruta señala la necesidad de alinear a la región para crear un nivel de estabilidad tolerable con el pretexto de abordar temas como la migración, el narcotráfico y el desarrollo de las economías locales. Para lograrlo se incluye, desde la diplomacia coercitiva, despliegues en aguas internacionales y el uso de la fuerza letal, hasta sanciones económicas e incursiones militares ilegales en los Estados no alineados con sus objetivos. Es así como los países de la región deben ver a Estados Unidos como su socio, no por elección, sino por descarte ante las consecuencias de no serlo.
En Colombia, la materialización de la Doctrina Donroe ha sido contundente. El país enfrentó amenazas arancelarias cuando Petro se negó a recibir personas deportadas, vio su soberanía desdibujada con operaciones en el Pacífico, y experimentó la amenaza de una intervención militar similar a la ocurrida en Venezuela. La reunión del pasado 3 de febrero entre ambos mandatarios confirma el patrón de sometimiento. La “matrícula condicional” otorgada tras el encuentro con Trump, sumada a la presión pública de figuras como el senador Bernie Moreno, no son anécdotas diplomáticas; son la validación fáctica de la doctrina.
La inminente reactivación de las fumigaciones con glifosaro y la erradicación forzada, políticas que el gobierno Petro había jurado superar por ineficaces, no responden a un cambio de convicción técnica, sino a un acto de supervivencia política ante la asfixia. Colombia acepta cumplir con la Doctrina Donroe porque la amenaza de la desestabilización económica y política apunta directamente a la soberanía y a vulnerar la cooperación para el desarrollo.
Sin embargo, reducir esta obsesión de Washington por asegurar nuestro territorio a los flujos de cocaína o a viejos fantasmas ideológicos sería un error. La narrativa de la “guerra contra las drogas” o la “lucha contra el comunismo” es, hoy más que nunca, una cortina de humo. La realidad subyacente es mucho más pragmática y aterradora, el sistema económico hegemónico se está quedando sin insumos para seguir funcionando.
En última instancia, la Doctrina Donroe responde a una reconfiguración de las interacciones globales. Ante el evidente desplazamiento de la hegemonía hacia otras potencias y latitudes, y consciente de que está perdiendo terreno en la balanza de poderes global, Washington opta por atrincherarse. Al no poder dominar el mundo entero con la misma facilidad de antes, Estados Unidos cierra filas sobre su propia región. No es un acto de fuerza expansiva, sino un reflejo defensivo: asegurar el “patio trasero” y sus recursos es la única forma de garantizar su supervivencia.
*Investigadores de Elementa DDHH
** Elementa es una organización de derechos humanos feminista con sede en Colombia y México que trabaja desde un enfoque socio-jurídico y político en temas de política de drogas y verdad, justicia y reparación.
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