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Confrontaciones y diversas formas de luchas: hablemos de los JJ en La Guajira

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Lerber Dimas Vásquez
26 de mayo de 2026 - 01:00 p. m.
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En La Guajira coexiste redes de actores ilegales que interactúan entre sí de manera regional, nacional e internacional, pero que no se trasgreden o al menos no lo hacen tan violentamente. Han sabido crear alianzas en un departamento con un flujo constante de riquezas y de condiciones geográficas inigualables. De hecho, las cifras de homicidios (diferente de los últimos 2 años y dos procesos violetos) no reflejan el escenario plural de actores: contrabandistas, paramilitares, grupos guerrilleros, grupos transnacionales (Cartel de los Soles, el Tren de Aragua y los Jobitos); una frontera porosa con cerca de 200 pasos ilegales y bandas de carácter local, como los denominados JJ. Por esto la imagen que de La Guajira tienen los colombianos y como lo plantea Salamanca, “era la de la diferencia, la hostilidad y la distancia cultural. Una imagen construida a partir de una experiencia histórica caracterizada por una relación de alteridad geográfica y etnográfica y algunas dosis de racismo, exotismo e imaginación”.

Decía en el párrafo anterior que hubo dos procesos violentos en la historia reciente que alteraron drásticamente el rumbo. El primero de ellos, golpes violentos a los ecosistemas, porque fueron ataques directos al territorio y a sus entornos ambientales. Al pueblo Wayúu, a la relación territorial y la espiritualidad que sostienen esas relaciones de poder y que no permiten que se transgredan ciertos principios que pueden llegar a generar desequilibrios. Por esto la riqueza de los palabreros y la palabra en condiciones agrestes, incluso para la cultura. Estos golpes los propinó el bloque Norte y particularmente el frente Contra Insurgencia Wayúu y solo por citar un caso: la masacre de Bahía Portete.

El segundo proceso es reciente y ubica al Grupo Especial de Comandos Urbanos del frente Javier Cáseres de las Autodefensas Conquistadoras de la Sierra Nevada, con una figura que es guajira pero que ha quebrantado vínculos entre la espiritualidad, la cultura y la familia. Un ejemplo: el duelo cuyo respeto es fundamental en toda la dimensión social del guajiro-wayúu y su ancestralidad. Alias Nain o el Bendito Menor, pudo negociar, ser fuerte y tener respeto, pero decidió imponer la violencia. Dicen, quienes lo conocen, que es una persona de palabra. Si te dice que te va a matar, estas muerto y si te da la palabra en un negocio, no necesitas de documento notariado. Pero no hizo esto y mientras rompía elementos del ecosistema (que no voy a mencionar porque no son de conocimiento público), atacó con fuerza desmedida un encuentro familiar en La Punta de los Remedios y masacró, en agosto del 2025, a cuatro personas. Otras tres quedaron heridas.

Y es aquí donde nacen los JJ, cuyo nombre (tampoco estoy autorizado a revelar, porque no sé si es un nombre falso o verdadero), pero si es el alias de quien comanda este grupo, que está siendo financiado por políticos (algunos que ejercen poder desde Bogotá y otro que tuvieron cargos públicos); expolicías, exmilitares, comerciantes y narcos locales. Todos guajiros. Los JJ nacieron con una única misión: cobrárselas a alias el Bendito Menor y desarticular el Grupo Especial de Comandos Urbanos del frente Javier Cáseres. Su interés no es romper los vínculos estratégicos, comerciales y geo-globales, con otros grupos que tienen presencia en La Guajira. Por eso no son aliados de ninguno de ellos, aunque los quieran situar, erróneamente, como una filial o como un outsider del Ejercito Gaitanista de Colombia.

En este sentido, sus repertorios de violencias son focalizados y dirigidos intentando no trasgredir el sistema normativo Wayúu, que se balancea sobre una línea muy delgada y que, según Polo Figueroa, “se manifiesta a través de la sacralidad de la vida, la integridad de la persona, el valor y respeto a la palabra, la responsabilidad colectiva y solidaridad, obrar con la verdad, la conciliación, la reparación y la reconciliación”. Este grupo extorsiona y tiene por lo menos un caso registrado de secuestro en Dibulla. Pero no participa en política. No pretende tener un control territorial, salvo el que implique la protección de sus financiadores y no está interesado en dominar territorios para cambiar ordenes sociales, por esto no hacen tanta “limpieza social”.

Los JJ reclutan menores. No respetan las reglas de la guerra ni las del DIH. De hecho, ninguno de los grupos lo hacen. Su lema personal se basa en la antigua tesis mal adaptada de la Lay del Talión, ojo por ojo y diente por diente, que hicieron famosa alguno marimberos guajiros, pero que no corresponde con la cosmovisión Wayúu porque cuando se comete un daño, no siempre impera la venganza sino buscar la formade de restaurar el equilibrio social roto y la paz mediante el diálogo.

Este grupo es carente de cualquier ideología política y social. Es un grupo de venganza, que como lo indica Castillo Román, citando a Quintanilla Madero en su monografía sobre la venganza como motivación para la inserción a grupo armados en Colombia, “está compuesta por diferentes factores sensitivos tales como el honor, la pasión, el odio, la injusticia y la frustración”. Eso son los JJ un grupo que no va a tener la posibilidad de entrar en proceso de negociación formal, aunque sean una amenaza para la seguridad en La Guajira y todos los días sigan creciendo y sumando apoyos.

Los JJ van a desaparecer casi tan rápido como aparecieron porque no tienen una base social o ideológica. No tienen una proyección y sus motivaciones son solo vengativas. Pero antes de hacerlo se van a llevar varias vidas por delante, incluyendo de sus mismos pueblos que hacen parte de las filas enemigas. Hasta el momento han sido ataques dirigidos y entrega de personas del grupo de alias Nain a las autoridades, pero la suma de desagravios hace que se amplíen los repertorios de violencias.

Finalmente, una forma de leer el territorio es a través de la comprensión de los fenómenos y no especularlos porque con esto solo enaltecen la figura del forajido que nadie pueda capturar y que desafía al Estado. Que alias el Menor se mueve de Castillete, Puerto López, Taroa y Puerto Estrella, en espacios controlados por el ELN y donde quien pase por esas trochas es retenido, lo dudo mucho. Incluso que transita desde Bahía Honda a Punta Gallina y, con el control que tiene el Ejercito Gaitanista de Colombia, con un retén permanente en la comunidad de Jachina, en la entrada a las Salinas, también lo pongo en duda.

Ahora, que llegó hasta el cerro de la Teta, donde antes tenía dominio la Segunda Marquetalia y que aprovechó el vacío de poder que dejó este grupo, que se replegó en febrero de este año por los ataques que recibió de parte del Ejército de Colombia, es un hecho y, que esto le permitió adentrarse al basto e incontrolado territorio venezolano (Cojoro) y con esto quitarle el negocio de la droga a una estructura de narcos de Venezuela llamada los Jobitos, de quienes incluso se comenta que le secuestraron, asesinaron y descuartizaron a su jefe de sicarios, es otro lío que le suma a su amplio portuario criminal.

Alias el Bendito Menor es una traspolación. Es un guajiro mestizo, negro y afro que traspola la identidad y de la territorialidad del Wayúu: toma todo lo del Wayúu; lo incorporan y lo traspola territorialmente haciendo alianzas de compadrazgo con los indígenas Wayúu para que estos los protegen, incluso con santería, de los otros grupos armados y la presencia de las autoridades del Estado. Se mueve entre el sistema de parentesco y patriarcado.

Por ahora síganle el paso a los JJ y ellos tarde o temprano los van a ir llevando a los clanes políticos, que juegan a tirar la piedra y esconder la mano. Así funciona La Guajira. Muy difícil de leer.

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Por Lerber Dimas Vásquez

 

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