Analistas

17 Apr 2020 - 1:33 a. m.

Grupos étnicos en la pandemia: sin agua para comer o para lavarse las manos

Por David Murillo Mosquera.

Alrededor de 2 millones de colombianos que integran pueblos o grupos étnicos no cuentan con acceso a agua potable en sus casas, lo que dificulta su consumo y el lavado las manos para prevenir el COVID-19. La desigualdad en Colombia es evidente tanto en los principales centros urbanos del país, como entre la zona central y las zonas periféricas. A medida que nos adentramos en las zonas más alejadas del centro de Colombia el acceso a servicios básicos como el agua potable y alcantarillado es más escaso. Sin embargo, la realidad es más compleja para las comunidades étnicas que viven en los departamentos con mayores restricciones y dificultades para acceder a estos servicios, ya que no es nada comparable con el de las personas que viven en ciudades como Bogotá, Medellín y Cali.

Este tipo de desigualdad toma mayor relevancia en coyunturas sanitarias y de salud como la que está viviendo Colombia y el mundo en medio de la pandemia del COVID-19, pues las zonas más apartadas del país cuentan con menos infraestructura y servicios básicos para prevenir los contagios y contener el número de enfermos por este virus, lo que podría generar consecuencias bastantes trágicas.

Según el censo de 2018 realizado por el DANE, 1.9 millones de colombianos se autorreconocen como indígenas, 36% más que en el censo de 2005. Hoy la población indígena equivale al 4.4% de la población total. El 67%  de indígenas, cerca 1.286.000 personas, habitan en los departamentos de La Guajira (21%), Cauca (16%), Nariño (11%), Córdoba (11%), Sucre (5%) y Chocó (4%).

En Colombia hay más de 40 pueblos indígenas con menos de 500 integrantes. Incluso, el 55% de estos pueblos tienen menos de 100 integrantes, es decir, son pueblos que con el tiempo tenderán a desaparecer si no se toman las decisiones pertinentes para contrarrestar esta problemática. Los pueblos con el menor número de integrantes son los Hupdu (1), los Juhup (4), Chitarrero (10), Yari (16) y Guana (16).

Ahora, la población Negra, Afrocolombiana, Raizal y Palenquera (en adelante NARP) en Colombia según el Censo de 2018 es de 2.982.244, lo que equivale al  6.1%  de la población nacional. A pesar de que no es el punto central de esta columna es importante resaltar que la metodología usada por el DANE en este ítem ha sido muy criticada, pues a pesar de que la población en Colombia aumentó en comparación al censo de 2005, el porcentaje de personas que se autorreconocen como miembros de la población NARP, según el DANE, disminuyó en un 31%.

Si bien 67% de la población NARP habita en cabecera municipal y el 33% en área rural, el 95% de los NARP se encuentra ubicado principalmente en los departamentos costeros de Colombia, y en Bogotá, siendo el Valle del Cauca el departamento con el mayor número de miembros de la población NARP del país, con un 22%. Los departamentos que le siguen son Chocó (11%), Bolívar (11%), Antioquia (10%), Cauca (8%), Nariño (8%), Cesar (5%), Atlántico (5%), Magdalena (3.5%), Sucre (3%), Córdoba (3%), Bogotá (2%), La Guajira (2%), y el Archipiélago de San Andrés (1%).

En cuanto al COVID-19, una de las recomendaciones para disminuir el riesgo de contagio del coronavirus es lavarse constantemente las manos, no obstante, y como lo demuestra la siguiente gráfica, la situación es compleja tanto para indígenas como para población NARP en relación al acceso a agua potable y servicio de alcantarillado en sus comunidades.

En el caso específico de los indígenas tan solo el 41% del total de su población tiene acceso a agua potable en su vivienda, siendo la situación más crítica aún en las zonas rurales pues únicamente el 28% de los indígenas que habitan en estas zonas cuentan con acueducto. La situación es más compleja si se habla de alcantarillado y recolección de basuras, pues solamente el 23% y el 25.5%  respectivamente, tienen acceso a estos servicios. 

Por otra parte, el 70% de los NARP tienen cobertura de acueducto en sus viviendas. Sin embargo, esta cifra se encuentra por debajo del promedio nacional que equivale a un 86%. La cobertura de acueducto en los hogares de zona rural para los NARP es 42%, 8 puntos porcentuales menos que el promedio nacional. Finalmente, la cobertura de alcantarillado en viviendas es menor en la comunidad NARP que en el promedio nacional, al igual que la recolección de basuras, con porcentajes de 54% en alcantarillado (en comparación al 77% del promedio nacional) y 70% en recolección de basuras (frente a un promedio nacional de 81%).

Las cifras mencionadas anteriormente toman mayor relevancia en la medida que se registran casos positivos de contagio en comunidades étnicas, como por ejemplo en San Andrés de  Tumaco donde esta semana se presentó el primer caso de contagio (un bebe de 6 meses), y en comunidades indígenas como los Yukpa, quienes registraron el primer caso de contagio la última semana de marzo.

Si bien el acceso al agua potable en estas comunidades es un problema histórico y estructural, la coyuntura lo vuelve un problema MUY urgente. ¿Cómo podría darse solución a este problema? Pues bien, en la epidemia del Ébola entre 2014 y 2016, la cual afectó a comunidades de país africanos con cceso limitado a agua potable, se plantearon soluciones de corto y de mediano plazo: las soluciones de corto plazo tenían como objetivo contener el brote de la epidemia en las comunidades más vulnerables brindando el suministro de agua potable habilitando pozos y por medio de carro tanques de agua; las soluciones a mediano plazo, fue generar la infraestructura necesaria para que estas comunidades tengan acceso a agua potable de manera regular.

Colombia es un país desigual y esto se refleja en la variación al acceso de servicios básicos entre las comunidades que viven en los principales centros urbanos del país y las personas que viven en la periferia, y más aún en las comunidades étnicas. El bajo acceso al agua potable y la baja cobertura en alcantarillado y recolección de basuras es un factor que juega en contra de las comunidades étnicas en crisis sanitarias y de salud como la que vivimos hoy por el COVID-19, más aún, para aquellas comunidades étnicas que habitan en zonas periféricas donde el centro de salud más cercano se puede encontrar a horas de viaje por trocha o río. Es importante hacer un llamado al gobierno nacional, y los gobiernos departamentales y locales, para que no se deje de lado estas poblaciones que en ocasiones pueden ser invisibles. Considero que en Colombia podemos aprender de las soluciones que se han dado en pandemias pasadas a comunidades similares.

* Investigador en Dejusticia.

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