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28 Jul 2022 - 11:00 p. m.

Lecciones del estallido social en Cali para la nueva agenda de diálogo nacional

Jenny Moreno Socha* y Rodrigo Ante**

Cali fue el epicentro de la resistencia y de la represión desmedida que se ejerció contra los manifestantes, especialmente de las primeras líneas, en el marco del estallido social del 28 de abril del 2021. Pero la “capital de la resistencia” tiene otra historia que contar, y es la experiencia de los escenarios de diálogo social que se gestaron a raíz del paro nacional y que hoy en día están proponiendo iniciativas de paz, reconciliación y transformación para la ciudad de Cali. Escenarios de diálogo social que se dieron no solamente entre la institucionalidad y los puntos de resistencia, sino desde las propias comunidades que habitan las zonas aledañas a esos mismos puntos.

En el caso de los diálogos con la institucionalidad, tras firmarse el decreto 304 del 31 de mayo del 2021 entre la “Unión de Resistencias Cali - primera línea somos todos y todas” (URC) y la Alcaldía de Cali, se instauró una mesa de diálogo y una agenda de trabajo con un plan de choque enfocado en temas de alimentación y empleo, así como una ruta de derechos humanos para los jóvenes de primera línea que estaban siendo amenazados, judicializados y perseguidos.

Aunque la primera etapa del plan de choque finalizó con éxito, la ruta de derechos humanos no se pudo implementar debido a una ruptura interna de la URC. Por lo tanto, esta mesa de diálogo se enfocó en resolver temas de empleabilidad, dejando de lado tanto el fortalecimiento organizativo de la convergencia de expresiones de resistencia, como el desarrollo de una agenda de diálogo entre sociedad civil e institucionalidad que pudiera discutir otras problemáticas estructurales que aquejan a la ciudad y que fueron detonantes para que las personas salieran a las calles.

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Por su parte, los diálogos sociales que se instauraron entre la sociedad civil caleña han apuntado a la construcción de agendas de paz, reconciliación y de acciones que ayudan a reducir las brechas de desigualdad, exclusión y racismo en las que vive la ciudad. Un ejemplo de estas experiencias es “Iniciativas de paz del Oeste”, cuyos participantes decidieron crear canales de diálogo con los manifestantes, proyectándose en un trabajo mancomunado con el fin de co-crear nuevas oportunidades para el desarrollo de los proyectos de vida de los habitantes de las laderas, veredas y corregimientos del Oeste.

Por otro lado, la experiencia “Mediación por Cali” promueve escenarios de diálogo entre actores diversos motivando conversaciones difíciles sobre las realidades que el paro dejó entrever, fomentando la aceptación entre quienes piensan diferente. Finalmente, en el marco de la conmemoración del primer aniversario del estallido social, la “Juntanza Popular por la Transformación Social” –un proceso organizativo conformado por personas, principalmente jóvenes, que participaron de los diferentes puntos de resistencia–, promovió un primer escenario de acercamiento entre diversos actores de la sociedad caleña que estuvieron inmersos en las dinámicas del paro. La participación, metodología y convocatoria fue apoyada por “Mediación por Cali”, “Iniciativas de paz del Oeste” y el CINEP, dejando como reflexión que:

“La sola voluntad de realizar, gestionar y provocar el diálogo, demuestra la voluntad de paz, de avanzar con todos, de abrir el corazón al otro, pues, aunque consideramos legítimas nuestras posiciones y acciones, comprendemos que el camino más cercano a una Cali en paz es con todos, inclusive con aquellos que nos atacaron. Es darnos la oportunidad de expresar que hicimos parte de lo inevitable, el estallido, pero no como acción premeditada, sino como acción espontánea que provoca la corrupción, la indiferencia, el hambre, la muerte, la violencia de nuestro país y de nuestra ciudad; demuestra la voluntad que tenemos de sanar para avanzar.”

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En términos generales, este escenario de acercamiento fue una oportunidad no solo para romper prejuicios y reducir la estigmatización de un lado y del otro, sino también para evidenciar que el estallido movió y sensibilizó a personas de diferentes sectores y estratos de la ciudad. Ante el avance positivo, se decide seguir trabajando mancomunadamente para promover más espacios de diálogo social en la ciudad, con el fin propiciar “acciones de paz” que contribuyan a cerrar brechas de desigualdad en Cali y permitan seguir transformando realidades complejas desde acciones conjuntas de la sociedad civil.

Tras este recuento de los espacios de diálogo generados a raíz del estallido social, se puede concluir que si bien la mesa de diálogo que se estableció entre la alcaldía y la URC aspiraba a ser el escenario central para desescalar el conflicto y buscar una salida dialogada, otros actores fuera de este espacio consolidaron sus propias experiencias de diálogo social entre los puntos de resistencia y la comunidad-barrio que los rodeaba. Esto evidencia que la salida dialogada puede ser alcanzada también por espacios autónomos y autoorganizados de la sociedad civil, lo que demuestra la necesidad de fortalecer estas iniciativas que surgen desde las comunidades y que aportan a superar las problemáticas estructurales que no solo aquejan a esta ciudad, sino que se repiten por todas las grandes urbes de nuestro país.

Cali y su trasegar posterior al paro nacional de 2021, deja en evidencia un importante acumulado de capacidades y aprendizajes en clave de diálogo social, que pueden ser de gran relevancia en el contexto social y político actual. Los procesos que emergen del estallido social muestran un salto cualitativo en la manera tradicional de abordar el diálogo social como estrategia para apagar incendios en contextos de conflictividad social y en los que la presencia de la institucionalidad pública se considera imperativa.

En Cali se empiezan a consolidar diálogos promovidos desde la sociedad civil que procuran consolidar agendas estratégicas alrededor de lo que fueron los puntos de resistencia para fortalecer tejidos barriales y comunitarios, avanzar en acciones de reconciliación, y en la posibilidad de identificar disensos y construir consensos con otros sectores de la ciudad para la conformación de agendas comunes. En otras palabras, hay una emergencia y una gran potencialidad para avanzar en procesos de construcción democrática desde la sociedad civil.

Al menos en el suroccidente del país, es imposible pensar en procesos de diálogo para generar agendas políticas territoriales, que dejen de lado la voz de los y las jóvenes y los sectores sociales que el año pasado hicieron parte del estallido social. El impulso a la participación desde lo local pasa por potenciar esas voces y por fortalecer el acumulado de los escenarios de diálogo ciudadano que se han venido caminando.

*Politóloga y magíster en estudios políticos UNAL, especialista en políticas públicas para la igualdad en América Latina de CLACSO. Miembro de la Juntanza Popular por la transformación social.

**Sociólogo, investigador de la línea de conflicto y paz – Coordinador equipo de mediación CINEP.

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