31 Jan 2021 - 10:00 p. m.

¡Mezquindad!

Las muertes casi simultáneas de Julio Roberto Gómez, presidente de la Confederación General de Trabajadores, y de Carlos Holmes Trujillo, ministro de Defensa de Duque, no dejan de ser una paradoja precisamente en estos aciagos momentos en los que el país afronta el segundo pico de la pandemia que tiene en jaque al mundo.

Provenientes de dos orillas opuestas del pensamiento ideológico y político, ambos perdieron la última batalla que afrontaron en sus vidas, episodios luctuosos con los que el Covid-19 nos envía un mensaje contundente: la enfermedad no conoce de ideologías, credos, géneros, razas, edades, profesiones o estratos sociales.

En consecuencia, resulta triste atestiguar que ni siquiera la pandemia ha sido capaz de generar lazos de unión y fraternidad entre los colombianos, en especial en torno a causas comunes como la preservación de la existencia de miles de compatriotas expuestos a esta terrible enfermedad, bien en términos de salud o de bienestar económico.

Triste observar la mezquindad de funcionarios públicos, mandatarios regionales y locales, politiqueros de marras, generadores de opinión, emperifollados periodistas, influenciadores y ciudadanos de a pie, quienes, especialmente a través de las redes sociales y los mass media, están a la espera de que los planes de los demás fracasen para decir “yo lo dije” o “yo lo advertí”.

La compra y llegada a Colombia de las primeras ampolletas para iniciar la primera fase de la vacunación que contenga el avance la pandemia, verbo y gracia, son la mejor muestra de esa mezquindad que parece estar presente en el ADN de más de un colombiano que se llama a sí mismo “de bien”.

Más de uno de esos parias espera que el actual gobierno fracase en esta empresa, con la intención de cobrar política o públicamente cualquier fiasco relacionado con la cantidad de vacunas adquiridas, la fecha de su llegada, el laboratorio de procedencia o la efectividad de estas. ¡Qué asco!

Dejando a un lado el debate político y los necesarios y justos cuestionamientos sobre los términos contractuales para adquirir las vacunas, los cuales el Gobierno tendrá que resolver, yo si espero que estas lleguen más temprano que tarde y que se inicie la vacunación tipo rebaño de la que tanto hablan los expertos.

En el entre tanto, todos los ciudadanos debemos rodear a nuestros mandatarios en los ámbitos local, regional y nacional y apoyar sus decisiones, dejando de cuestionar todo sin conocimiento de causa o de pontificar si estas se tomaron a tiempo o no o si son las más probas, inteligentes y oportunas. Contener y desescalar la letalidad del virus debería ser la meta común, máxime cuando ya se habla de un tercer pico u ola.

Esto es lo único que hará posible que inicié, de una vez por todas, la reactivación integral del país, en especial en la esfera económica. Un oasis para los millones de colombianos que subsisten con el rebusque diario y cuyos ingresos hacen la diferencia entre la vida y la muerte. Quizá esta será una de las charlas espirituales que desde hoy sostendrán Gómez y Trujillo en el más allá.

A manera de colofón de este escrito, me permito plantear la siguiente reflexión: si la mortal pandemia jamás logró unirnos como país, ¿cómo será posible que algún día consolidemos la tan anhelada paz que reclaman la ciudadanía del país del Sagrado Corazón de Jesús? Difícil, cierto.

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