Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta política.

“Camilo Torres estaría horrorizado
de ver lo que queda del ELN”: Joe Broderick


A propósito de las investigaciones sobre los restos del sacerdote Camilo Torres, muerto como guerrillero del ELN hace 60 años, entrevistamos al autor de la primera biografía del sacerdote hace 50 años, que sigue siendo reeditada. Le ofreció a Rodrigo García Barcha guion para película. Testimonio de un teólogo, escritor, traductor y dramaturgo.

Nelson Fredy Padilla

31 de enero de 2026 - 06:00 p. m.
Walter Joe Broderick tiene 91 años de edad. Aquí en su apartamento, en el centro de Bogotá, con un cartel promocional de “El guerrillero invisible”, su libro sobre Manuel Pérez, cura fundador del ELN. Avanza en sus memorias de un australiano-irlandés que se volvió colombiano, con esposa, dos hijos y cuatro nietos incluidos.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

Hace 50 años publicó la primera biografía de Camilo Torres. ¿Qué opina de que justo cuando se van a cumplir 60 años de la muerte del sacerdote guerrillero, ocurrida el 15 de febrero de 1966, el grupo ilegal Ejército de Liberación Nacional (ELN) y la Unidad Nacional de Búsqueda de Personas dadas por Desaparecidas anuncien que identificaron sus restos?


Lo dudo, honestamente, hasta que digan dónde lo encontraron y muestren las pruebas de ADN. Los restos quedaron en la Quinta Brigada del Ejército en Santander, según me contó Álvaro Valencia Tovar, el general que comandó la tropa en el combate donde murió Camilo. Él habló con el hermano, Fernando Torres, que no comulgaba con las ideas de Camilo. Le dijo: “Qué hago con el cuerpo de su hermano”, y él le contestó: “Disponga usted”. Ni siquiera fue capaz de recibir a su hermano para que su madre pudiera dar sepultura digna a su hijo.


Sus investigaciones fueron muy rigurosas. Empieza el libro con la versión militar detallada, luego desarrolla la de la familia y termina con la versión de los guerrilleros. ¿El general Valencia debió informar públicamente qué hizo con el cadáver?


Claro. Los militares sabían perfectamente dónde estaban esos restos, porque ellos se encargaron de sepultarlo en un cementerio.


¿El general Valencia, que también publicó su versión en el libro “El final de Camilo” (1976), porque lo conoció en la Escuela Superior de Administración Pública y entablaron cierta amistad, no le contó detalles sobre el cadáver? Incluso, él le hizo un croquis de las circunstancias en que fue abatido Camilo Torres en San Vicente de Chucurí.


Valencia Tovar no reveló nada sobre los restos, sino cuando ya había muerto Fernando. El croquis lo dibujó en mi presencia, y me ayudó mucho. La versión que me puntualizaron luego los guerrilleros casa perfectamente.


Un australiano, de familia irlandesa, ¿cómo termina en Colombia e interesado en la vida de Camilo Torres en 1967, un año después de su muerte?


Read more!

Yo era un joven sacerdote y había sido secretario del Nuncio Apostólico, del representante del papa, ante el gobierno de República Dominicana en Santo Domingo. Cuando salí del trabajo diplomático, que no era para mí, vine a Suramérica como misionero a Lima y más tarde a Cajamarca, norte de Perú. Luego me salí del sacerdocio y terminé en Colombia trabajando con los curas de la época, que ya estaban inspirados en Camilo. De la muerte me enteré en una casa cural en Australia, porque también pasaba temporadas en Melbourne, mi ciudad natal. Escuché en la radio del final de este sacerdote, sociólogo de buena familia, que terminó en el monte como un mártir.

Camilo Torres Restrepo fue un sacerdote, sociólogo y revolucionario nacido en Bogotá, el 3 de febrero de 1929, y muerto en Patio Cemento, Santander, el 15 de febrero de 1966. A la derecha, portada de la primera edición de la biografía de Torres, publicada con el sello Doubleday de Nueva York, hace 50 años.
Foto: Archivo El Espectador

¿Por qué surgió la idea del libro?


Fue porque estuve unos días en México, en la casa del teólogo austriaco Iván Ilich, y él, que era un hombre maravilloso, estudioso de América Latina, tenía un centro de estudios en Cuernavaca, donde lo visitaba. Allá, casualmente, coincidí con su editor de la casa Doubleday de Nueva York y estaba buscando quién escribiera sobre la vida de Camilo. Iván me recomendó y así comenzó. No fue que dijera: voy a escribir sobre Camilo. Ningún editor colombiano pensó en ese libro, porque no se dieron cuenta de que con su muerte, y las condiciones en que murió en la guerrilla, se había vuelto una especie de héroe para la izquierda. Eso generó interés en el mundo entero.


Read more!
No ad for you

Ahí nació la primera edición de la biografía de Camilo Torres, que se publicó en inglés. Pero hubiera podido decir: no me interesa. ¿Por qué le interesó?


Porque no tenía nada más que hacer y me ofrecieron USD 3.000 como anticipo. O sea, no lo hice por inspiración, sino por necesidad.


Y terminó haciendo un trabajo muy riguroso consultando todas las fuentes implicadas, que sigue vigente más de medio siglo después, con 10 reediciones de por medio. A mí me ayudó a entender mejor la violencia en Colombia. ¿Cuánto tiempo le implicó?


Como cuatro años. Lo hice rápido.


En medio de peligros. El ELN pensaba que usted era de la CIA, y el Ejército creía que era subversivo.


Los dos mantenían siguiéndome. Para el Ejército era de la subversión internacional. Pero era más peligroso lo de los guerrilleros, porque ellos pensaban quemarme, como dirían.


¿Hubo momentos de alto riesgo?


Muchos. Pero era tan inocente, que no me di cuenta del grado de peligro que estaba corriendo. Si no no hubiera escrito el libro.


No ad for you

Y volvió a meterse en problemas tres décadas después al publicar el libro “El guerrillero invisible”, que es la biografía de Manuel Pérez Martínez, el cura español que fundó y terminó siendo comandante del ELN. A diferencia de la biografía de Camilo, que deja una visión heroica, esta dibuja a un villano.


Sí, es eso. Me gusta la visión de este libro, porque 30 años después vuelve sobre el tema. Nuevamente fue por un encargo, esta vez del Círculo de Lectores. Al comienzo no tenía mucho interés, porque no me inspiraba el cura Pérez. Pero después me dije: “Llevas 30 años en Colombia, en este momento ya son más de 50, y el cura también vivió esos mismos años, tú acá en la ciudad y él en el monte”. Entonces decidí hacerlo, teniendo en cuenta que los libros míos son más que nada para contar mi versión de la historia de Colombia, no simplemente la historia del personaje. Camilo y el cura Pérez son ganchos donde cuelgo la historia que hay detrás, el contexto, y les ha gustado mucho a los lectores, porque leen una versión que no les habían contado en las clases del colegio.


No ad for you

Además, con ritmo y tono de novelas.


Sí. Escogí el recurso literario de la novela porque quería que la gente sintiera la presencia del personaje. En el caso de Camilo, oír su voz, verlo caminar, hablar con sus amigos, fumar su pipa.


Lo logró apoyado también en los escritos de él, hasta en los libros que leía Camilo.

Me sentía mirando por encima del hombro de Camilo mientras él leía sus libros y los subrayaba. La gente todavía no cree que no lo conocí y hasta me presentan como el gran amigo de él.


Defina a Camilo Torres tras 60 años de su muerte.


Un romántico, en el mejor sentido de la palabra, que idealizaba incluso la lucha armada. Es que en esos años todos estábamos como alienados con la hazaña de la Sierra Maestra en Cuba, Fidel y el Che Guevara. Estábamos convencidos de que íbamos a cambiar el mundo.


Defina a Manuel Pérez Martínez.


También un idealista, menos romántico que Camilo, pero también un hombre en contravía, representando la juventud de los sesenta.


Construyó una visión académica que refleja 60 años de la violencia en Colombia a través de Torres y Pérez. Viendo en lo que se convirtió la guerrilla del ELN, ¿de qué sirvieron esas vidas?


No ad for you

Creo que ellos estarían bastante horrorizados, por lo menos desconcertados con lo que ha quedado. El ELN ha perdido el norte. Seguramente sus líderes todavía tienen en la mente la misma idea de un mundo socialista, pero el mundo ha tomado rumbos distintos.


¿Realmente cree que conservan ese pensamiento? O ya son una de las tantas mafias que hacen que la violencia en Colombia sea cíclica y eterna.


Lo de las mafias es complejo. En el caso del ELN, el grupo que se llama el Comando Central no comanda a nadie y se la pasan entre Venezuela y Cuba, ya no viven aquí. Vienen acá cuando hay un diálogo con el Gobierno, figuran en la prensa y posan de importantes, pero no pueden firmar la paz porque no mandan. Los frentes en Arauca o en Chocó viven en el caos, todos son independientes, son ruedas sueltas. Entonces los comandantes originales, los viejitos, de pronto piensan aún en un país más justo, pero los combatientes viven del negocio en sus territorios, esa es su vida.


¿De que sirvieron 60 años de guerrilla en Colombia?


No ad for you

Obviamente la guerrilla ha sido un fracaso. Creo que la gente de las FARC, que firmó la paz con el presidente Juan Manuel Santos, tenía conciencia de que la guerrilla ya es una cosa anticuada. La guerra moderna es con chips y bombardeos, ya no es con fusiles en el monte y hombres camuflados. Es una guerra tecnológica y se dieron cuenta de que estaban vencidos y que no tenía sentido seguir a pesar del concepto político que les sembró Manuel Marulanda, “Tirofijo”.


¿Le ve sentido a que el Gobierno Nacional retome los diálogos de paz con el ELN? ¿Qué hay que hacer con ese grupo al margen de la ley?


Cazarlos y tratar de acabar con ellos. Le he dicho al Gobierno hace varios años y se lo dije un día a Vera Grabe, la negociadora del Gobierno: “Estás perdiendo el tiempo. Ellos no quieren hacer la paz porque viven de la guerra y, además, no pueden hacerla porque no comandan. Entonces es una pérdida de tiempo”. Simplemente, si ellos han planteado una guerra hay que tratar de hacer la guerra contra ellos. Creo que el Ejército, con inteligencia militar, como hizo Santos con las FARC, puede acabar con esa guerrilla.


No ad for you
Joe Broderick: “Descubrí con los años que yo podía ser una especie de puente entre mi cultura original, anglosajona, irlandesa, digamos, y el pueblo colombiano”.
Foto: Mauricio Alvarado Lozada

Aparte de sus libros sobre violencia, ha escrito varios sobre literatura anglosajona (Shakespeare, Joyce, Beckett) y ha formado a alumnos y escritores en Colombia. Resuma esa experiencia.

Descubrí con los años que podía ser una especie de puente entre mi cultura original, anglosajona, irlandesa, digamos, y el pueblo colombiano. Mucha gente de acá tiene interés en esos libros. Encontré que los libros de Samuel Beckett estaban muy mal traducidos, entonces me puse en la tarea de traducirlos a nuestra lengua.


Dice “nuestra”. Les recuerdo a nuestros lectores que también tiene nacionalidad colombiana.


No soy colombiano de sangre, sí de adopción.


Siga con lo de sus traducciones de los anglosajones.


Recuerdo que mi amigo Humberto Dorado, el actor, y otros amigos de teatro me llamaron para mirar las traducciones de “Hamlet”. No me gustó ninguna, porque conozco la obra desde pequeño, y la adoro. Entonces me puse a traducirla. Después, varias compañías teatrales me pidieron “Otelo”, “Macbeth”, etc.


No ad for you

Estamos hablando, por ejemplo, del Teatro Nacional, en Bogotá.


Del Teatro Nacional y otras compañías. Para los 400 años de la muerte de Shakespeare, el Teatro Colón me pidió traducción para el montaje de “Macbeth”. Tengo mucha satisfacción de que mis cinco obras de Shakespeare están editadas.


Hace 20 años publicó la biografía de Samuel Beckett “La tragicomedia de la vida” (Panamericana), puerta de entrada hacia la obra este clásico y por la que es parte de las sociedad internacional de estudio de Beckett, que lo invitaron a México en 2018.


Sí. De eso hay una intervención mía en Youtube. Se llama “Beckett como traductor”.


Otro libro suyo para tener en cuenta fue publicado el año pasado. “Para leer el Ulises de Joyce” (Ícono Editores), que recoge pedagógicamente los métodos para leer esa novela que para algunos parece densa e ilegible, pero que es muy divertida.


Sentí la necesidad de un libro para el lector en castellano, porque hay muchas referencias y alusiones que solo entiende uno en inglés. Entonces hay que explicar, y eso es lo que hacía durante mi curso sobre Joyce durante 10 años aquí en este apartamento y en la maestría de escrituras creativas de la Universidad Nacional de Colombia.


No ad for you

Ese libro lo escribió y publicó a los 90 años y, además, fue actor hasta hace poco en series de televisión como “Bolívar”, de Caracol Televisión.


Sí, ya cumplí 91 y estoy en Netflix. También en una novela bellísima que se llama “La esclava blanca”, muy bien hecha. Es que comencé mi vida actoral en las tablas a los 75 años.


Joe Broderick durante la obra "La última cinta de Krapp", de Samuel Beckett, bajo la dirección de Camilo Carvajal en el Teatro Estudio del Teatro Mayor Julio Mario Santo Domingo, en 2021, en Bogotá.
Foto: Cortesía Teatro Mayor JMSD

¿Le gusta reinventarse?

Siempre se puede comenzar una nueva era. He vivido realmente del rebusque, como buen colombiano. Me dio por hacer de actor, porque quería transmitir mi amor por Samuel Beckett a través de sus textos a modo de monólogo.


Veo que está dedicado a escribir sus memorias.


Estoy haciendo este trabajo como por episodios. El primero es sobre toda mi investigación para el libro de Camilo. Ahí recuerdo mi amistad con Isabel Restrepo, la madre, y hasta el día que me llamó Gabriel García Márquez para decirme que él quería escribir el mismo libro y, mamando gallo, me dijo: “Por qué no me lo vendes a mí y yo lo firmo”. Espero terminar las memorias este año.


Un día en la revista “Cambio” (1999) él opinó que la biografía suya de Camilo Torres era “monumental”, y dijo que la tomó como referencia para escribir su biografía de Bolívar, “El general en su laberinto” (1989).


No ad for you

Y cuando salió “El guerrillero invisible” supe que él le comentó a una persona que viajaba a México: “Tráeme ese libro”. Me sentí muy halagado, porque admiro a García Márquez como todo el mundo; lo leo, lo releo y no me canso.


¿Y la película sobre Camilo, para cuándo?


Pues he trabajado en un guion hace como 40 años, pero como no soy guionista, he hablado con gente de cine sobre la posibilidad, pero no hemos llegado a nada. Algún día se tiene que hacer. Incluso le escribí a Rodrigo García, el cineasta hijo de García Márquez, que fue bautizado por Camilo Torres, porque Camilo y García Márquez eran amigos desde que coincidieron en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional. Gabo tenía como padrino de bautizo a Plinio Apuleyo Mendoza, y Camilo no lo aceptó. Le dijo: “Usted no es católico y tiene que ser creyente para ser padrino de bautizo”. Rodrigo García no me ha contestado.


Con su obra consumada, ¿cómo quiere cerrar su vida aquí en Colombia?


Quiero terminarla aquí, pero no muy pronto. Quisiera ver cómo va a acabar todo este mierdero en que se ha convertido el planeta. Si va a ser el fin del mundo. No quiero perderme ese espectáculo. Entonces, me quedaré un rato más a ver qué pasa.

No ad for you

Por Nelson Fredy Padilla

Periodista desde 1989, magíster en escrituras creativas, autor de cinco libros, catedrático de periodismo y literatura desde 1995, y profesor de la maestría de escrituras creativas de la Universidad Nacional, del Instituto de Prensa de la SIP y de la Escuela Global de Dejusticia.@NelsonFredyPadinpadilla@elespectador.com

Temas recomendados:

Ver todas las noticias
Read more!
Read more!
Este portal es propiedad de Comunican S.A. y utiliza cookies. Si continúas navegando, consideramos que aceptas su uso, de acuerdo con esta  política.