9 May 2021 - 3:56 p. m.

Miguel Ángel Pinto, una víctima invisible de la Policía durante el Paro Nacional en Puerto Resistencia

Murió por un disparo de arma de fuego hecho, según testigos, por un policía en ese punto de Cali el pasado 29 de abril. Tenía 23 años, trabajaba en el centro de la ciudad vendiendo zapatillas y quería estudiar una carrera profesional.

Durante toda la mañana Luis Eduardo Pinto estuvo viendo a su hijo en el barrio. Mientras hacía reparaciones en una casa del sector, como trabajador de la construcción, de vez en cuando veía a Miguel Ángel en alguna acera hablando con sus amigos de toda la vida. Era el segundo día del Paro Nacional y los almacenes del centro de Cali, donde trabajaba Miguel Ángel vendiendo zapatillas, estaban cerrados y él no podía trabajar. La última vez que lo volvería a ver su padre fue en las puertas de la clínica Valle del Lily, cuando lo entraban en una camilla a Urgencias, debatiéndose entre la vida y la muerte.

El día anterior, 28 de abril, había estallado en Colombia el Paro Nacional desencadenado por la reforma tributaria que presentó el Gobierno en plena crisis social y económica por la pandemia del Covid-19. Para entonces Cali se convertía en epicentro de las movilizaciones. Ese día, sin embargo, Miguel Ángel Pinto no salió a marchar. Decidió quedarse en el barrio Comuneros 1, en el distrito de Aguablanca, en el oriente de Cali, donde había vivido 23 años, desde que nació el 16 de febrero de 1998.

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En ese barrio también había estudiado. Primero en el Instituto Educativo Técnico Industrial Carlos Holguín Mallarino y luego, cuando quiso empezar a trabajar, en el Gabriel García Márquez, en la jornada de la noche. “Era un muchacho de su casa, muy juicioso y muy ahorrador”, relata su padre.

Según cuenta don Luis Eduardo, no sabían que ese jueves en la tarde Miguel Ángel iba a ir a las movilizaciones. Por la mañana anduvo por el barrio, fue a almorzar a la casa de su madre y su padre lo vio salir pasadas las 3 de la tarde. El punto que eligió fue el más cercano a su casa: Puerto Resistencia.

Antes le decían Puerto Rellena. Se ganó ese nombre porque se sabía que en ese sector del suroriente de la ciudad, junto a la autopista Simón Bolívar que atraviesa Cali de sur a norte, se vendía la mejor rellena y morcilla de la capital del Valle. Pero desde el 21 de noviembre de 2019 lo rebautizaron como Puerto Resistencia, porque es la zona de Cali que con más fiereza ha salido a manifestarse. Son los barrios pobres, de los marginados de esta ciudad, que han salido a protestar, bloqueando la vía más importante de Cali. De hecho, en este paro, algunos medios de comunicación han dicho que es una ‘república independiente’ o un ‘microcosmos’ de la movilización.

Ese jueves el ambiente estaba tenso. El día anterior la Policía había matado en ese sector a Marcelo Agredo, un joven de 17 años que pateó a un agente y recibió un balazo. Ese video circulaba en redes sociales y era la primera víctima mortal de la represión a las manifestaciones. Desde las primeras horas de la mañana, los asistentes se habían concentrado en Puerto Resistencia y sobre la vía. El Esmad y la Policía ejercían presión para que se permitiera el tránsito de los vehículos.

“Siempre se provocan entre ambos actores (Fuerza Pública y manifestantes) pero ese día era más la provocación de Fuerza Pública por despejar la vía”, dice Saulo Olaya, funcionario de la secretaría de Paz y Cultura Ciudadana de Cali. Es uno de los integrantes de los “cascos azules” de la alcaldía para mediar en las protestas y ha estado todos estos días en las calles acompañando las movilizaciones. Dice que ese día la confrontación inició en horas de la tarde y se escaló rápidamente.

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“Los ánimos se caldean por el bloqueo de la vía y estalla la batalla campal: por las cuadras, por los alrededores, muchachos corriendo, el Esmad tirando gases (lacrimógenos)”, dice. En un punto de la confrontación, los manifestantes lograron que se retirara el Esmad. “Había policías que se quedaron desprotegidos y yo los pasé a otro lado para que no les fueran a hacer nada”, cuenta el funcionario. En esa retirada, los manifestantes quemaron el CAI que está en ese sector.

Vino entonces una ‘retoma’ de la zona por parte del Esmad, del Grupo de Operaciones Especiales (GOES) y policías motorizados. Funcionarios de los “cascos azules” de la Alcaldía y manifestantes que estaban en ese momento coincidieron en que los motorizados entraron a la zona disparando sus armas de fuego. Del otro lado estaban los manifestantes y los miembros de lo que han llamado la “primera línea”, que confrontan a la Fuerza Pública con piedras y palos, y tienen los escudos. A uno de los miembros de los “cascos azules” un uniformado le quitó su celular con el que grababa y lo agredió con el arma de dotación.

En medio de la retoma por los agentes que disparan sus armas de fuego, Miguel Ángel Pinto fue impactado por una de esas balas en el abdomen. Se desplomó. Un video captura los instantes inmediatamente posteriores: jóvenes con sus rostros cubiertos rodean a Miguel Ángel, que yace en el suelo vestido con un jean y una camiseta blanca de la Selección Colombia que empieza a teñirse con la sangre. Su rostro también está cubierto. “Saquémoslo que lo cascaron parce, lo cascaron”, dice uno de los jóvenes. “Un herido, un herido, un herido de bala”, grita otro, mientras algunos lo protegen con los escudos.

Otro video grabado instantes después capta el momento en que los manifestantes intentan con torpeza subir a Miguel Ángel a una motocicleta. El joven está inconsciente y por poco cae de la moto. Finalmente lograron sacarlo de la zona de la confrontación y lo trasladaron hasta el hospital Carlos Carmona, de Cali.

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Alguno de los manifestantes reconoció que el joven malherido era Miguel Ángel Pinto y corrió a su casa a avisarle a su familia. De allí corrieron hasta la casa en la que estaba trabajando su padre, quien salió disparado al hospital. Entre tanto, Miguel Ángel era trasladado a la clínica Valle del Lili por la gravedad de la herida. Cuando lo bajaban en una camilla y lo entraban a la clínica, llegó Luis Eduardo Pinto y vio a su hijo por última vez.

Minutos después le informaron de la clínica que Miguel Ángel había muerto. Se había convertido en una de las primeras víctimas de la represión policial a las manifestaciones. La Policía no se ha pronunciado oficialmente sobre si hay o no alguna investigación interna sobre las circunstancias de su muerte.

Entre el 28 y 29 de abril en el marco de las protestas se registraron, según la Defensoría del Pueblo, al menos cinco víctimas mortales de arma de fuego por posibles agentes del Estado. Hoy la cifra de muertos durante el Paro Nacional va en 24 para la Defensoría del Pueblo y en 39 para la organización Temblores ONG. La mayoría de ellos han sido asesinados en Cali. Pero también hay víctimas en Madrid, Cundinamarca, como Brayan Fernando Niño, de 24 años, y Elvis Vivas, también de 24; o en Ibagué, como Santiago Murillo, de 19. El último reporte del hospital de Pereira en el que está internado Lucas Villa, de 37 años, dice que sigue en estado crítico. El presidente Iván Duque recibe en Palacio a líderes políticos y se reúne con 50 jóvenes de distintas regiones del país en Bogotá.

El 16 de febrero pasado, Miguel Ángel Pinto Mona había cumplido 23 años. Hace un tiempo que se había comprado una moto con lo que ganaba vendiendo zapatillas en el centro comercial Miami, en el centro de Cali. Quería estudiar una carrera profesional. Su padre quiere dejar en claro que su hijo no fue de pandillas, ni de peleas, ni un “vándalo”. “Independientemente de que sea mi hijo u otra persona, la Policía no tiene por qué disparar así”, reclama hoy. Días después, los vecinos del barrio hicieron una velatón en su honor y en una calle escribieron su nombre de blanco. “Miguel Ángel Pinto vive y los jóvenes caídos”.

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