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30 Oct 2020 - 11:05 p. m.

“Farc tendrá que dar una explicación convincente por el asesinato de mi papá”: Eduardo Bejarano

El hijo de Jesús A. Bejarano, docente y exconsejero de paz, le insistió a la exguerrilla que dé una verdad completa en la Jurisdicción Especial para la Paz y la Comisión de la Verdad sobre la persona que dio la orden de matar a su papá. Carlos Lozada le pidió perdón a la familia.
Jesús Antonio Bejarano, a la izquierda, fue asesinado el 15 de septiembre de 1999 al interior del campus de la Universidad Nacional.
Jesús Antonio Bejarano, a la izquierda, fue asesinado el 15 de septiembre de 1999 al interior del campus de la Universidad Nacional.
Foto: Archivo El Espectador y Comisión de la

“En 21 años, y después de muchos homenajes a mi padre, esta es la primera vez que empezamos a ver una esperanza de verdad y justicia sobre su asesinato”, así lo aseguró Eduardo Bejarano, hijo de Jesús Antonio Bejarano, docente de la Universidad Nacional y exconsejero de paz durante el gobierno de César Gaviria. Las palabras fueron pronunciadas en medio del encuentro de reconocimiento liderado por la Comisión de la Verdad y en el que también estuvieron dos representantes de las Farc, Carlos Antonio Lozada y Mauricio Jaramillo; la rectora de la Universidad Nacional, Dolly Montoya, y otros miembros y docentes de esta institución.

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“Toqué las puertas de la Fiscalía insistentemente buscando la verdad y esas puertas nunca se abrieron. Esas puertas ahora las está abriendo la Comisión de la Verdad y la Jurisdicción Especial para la Paz”, agregó. Además, fue determinante al manifestar que la verdad que den las extintas Farc en estas entidades sobre el asesinato de su padre debe ser completa.

Eduardo Bejarano luego habló de escuchar el reconocimiento hecho por Carlos Antonio Lozada, uno de los dirigentes del ahora partido político y firmantes de la carta enviada a la JEP, a finales de septiembre, en la que reconocían el asesinato de este docente y economista y también de Hernando Pizarro León-Gómez, hermano de Carlos Pizarro; el exguerrillero José Fedor Rey o Javier Delgado; el general Fernando Landazábal Reyes, exministro de Defensa, y el representante a la Cámara Pablo Emilio Guarín.

En ese espacio, Lozada, quien en una entrevista con diario reconoció que él fue quien dio la orden, asumió en el evento la responsabilidad de la exguerrilla en el asesinato de Jesús Bejarano y le pidió perdón a la familia, amigos, académicos e intelectuales de la Universidad Nacional.

“No tenemos una explicación convincente de este hecho, de ahí el sentimiento de vergüenza, de querer devolver el tiempo para que algo así no sucediera. Desde lo más profundo de nuestras convicciones pedimos perdón convencidos de que la reconciliación es el único camino que nos queda como sociedad”, señaló el excomandate guerrillero.

(Vea: El asesinato impune de un hombre de paz)

Si bien Eduardo reconoció el paso de la exguerrilla para empezar a esclarecer este homicidio, les manifestó que “les va a tocar encontrar esa explicación convincente. Que nos digan quién ordenó su homicidio la interior de las Farc, cómo se financió y se adelantó ese operativo y que razones tuvieron para ordenar este hecho”.

También se dirigió a los miembros de la Universidad Nacional presentes en el acto de reconocimiento. Aceptó que esta institución también ha sido víctima del conflicto armado, pero también les hizo un llamado para que le exijan a la justicia la verdad de este homicidio y entre todos “seamos vigilantes de las verdades que en la JEP se cuenten sobre este caso”.

Dolly Montoya, rectora de la Universidad Nacional, exaltó la labor de Jesús Bejarano como docente en la institución: “Nos dolió mucho su muerte, pero esto nos obliga a hacer una reflexión sobre la verdad, la justicia y la no repetición. Es una oportunidad para que las Farc también reconozcan el profundo daño hecho a la institución”.

Ella y los otros miembros de la institución allí presentes resaltaron que a la Universidad Nacional también se trasladó la guerra, que profesores y estudiantes fueron víctimas durante el conflicto armado de amenazas, homicidios, desplazamiento forzado y hasta el exilio. Precisamente, el próximo 27 de noviembre esta universidad le entregará a la Comisión de la Verdad un informe sobre la violencia vivida en este campus universitario.

Jesús Antonio Bejarano fue asesinado el 15 de septiembre de 1999 dentro de las instalaciones de la Nacional. Chucho, como era conocido, actuó como negociador frente a la Coordinadora Guerrillera Simón Bolívar, que agrupaba a las guerrillas de las Farc, el Eln, el Epl, el M-19 y el Quintín Lame. Las conversaciones que él dirigió junto al exministro Horacio Serpa Uribe se adelantaron en Caracas (Venezuela) y Tlaxcala (México), entre julio de 1991 y mayo de 1992.

En el momento de su asesinato, en el edificio de doctorado de Economía en la Universidad Nacional, se dijo que los sicarios habían gritado arengas a favor de las Farc, pero las hipótesis sobre el homicidio se fueron también hacia el lado de la extrema derecha, ya que unos días antes había sido asesinado Jaime Garzón y se creía que la muerte de Chucho hacía parte de una racha de magnicidios para torpedear el proceso de paz que se adelantaba con las Farc en el Caguán.

(Lea: “Las FARC deben ahora presentar las evidencias”: Eduardo Bejarano)

De acuerdo con el profesor Beethoven Herrera, Bejarano en múltiples ocasiones advirtió sobre la manera improvisada en la que se adelantaba el proceso de paz con las Farc en San Vicente del Caguán con el expresidente Andrés Pastrana. “Pero estas no fueron de agrado ni para ese Gobierno y menos para la guerrilla, tal así que lo graduaron de enemigo. El tiempo le dio la razón”, concluyó.

La dirigencia guerrillera de entonces, según comentaron fuentes de Farc a El Espectador, confirma esta versión, pues ordenaron este crimen tratando de “cobrar” viejas deudas. Alfonso Cano, quien encabezó la comisión de las Farc que negoció en Caracas y Tlaxcala, siempre dijo que Bejarano era el culpable del fracaso de esos diálogos. Además, lo consideraban responsable de que el presidente Gaviria hubiera ordenado el bombardeo a Casa Verde, la histórica sede del Secretariado enclavado en las montañas de Uribe (Meta). También estuvo en consideración su cercanía con los militares (trabajaba como analista académico para el Ejército en el momento de su muerte) y sus críticas a los diálogos que adelantaba Andrés Pastrana con las Farc en el Caguán.

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