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El pasado jueves 30 de abril, la sede de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) en Bogotá fue escenario de la presentación de la exposición “Renacer: por el respeto a la vida”, parte del proceso restaurativo por las víctimas de ejecuciones extrajudiciales o “falsos positivos” en el Tolima durante la década de los 2000.
Durante la inauguración de esta exposición abierta al público también hubo una ceremonia en homenaje a las víctimas de la masacre de El Totumo del 20 de diciembre de 2006. Ese día, una patrulla del Gaula Tolima del Ejército detuvo un vehículo en ese corregimiento El Totumo en Ibagué, sacó a sus cinco ocupantes y los asesinó. Las víctimas fueron presentadas como falsos positivos.
Este hechos de violencia hace parte del macrocaso 03 de la JEP, enfocado en los más de 250 casos asesinatos y desapariciones forzadas presentados como bajas en combate en ese departamento por agentes del Estado —los mal llamados “falsos positivos”—.
El evento inaugural contó con la presencia de 29 comparecientes, todos antiguos miembros del Gaula Tolima, así como los familiares de nueve víctimas directas de ejecuciones extrajudiciales en el Tolima.
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Durante el acto, el mayor Marcelo Romero Sánchez, actual comandante del Gaula Tolima, presentó excusas a las víctimas en nombre de la institución y reiteró el compromiso de su unidad militar para la no repetición: “Reiteramos de manera firme y categórica el compromiso institucional de trabajar incansablemente para que hechos como estos, que bajo ninguna circunstancia debieron presentare, jamás se repitan”.
Esta muestra cuenta con componentes digitales, cartográficos, artísticos y de memoria, fusionados a nivel transmedia por estudiantes de la Universidad del Tolima.
A la entrada, se ubicaron pancartas que describen la planeación, ejecución y encubrimiento de los hechos violentos que inspiran el montaje, acompañadas de un mapa del departamento que ubica algunos de los puntos donde ocurrieron los asesinatos.
Al seguir el recorrido, se encuentra una vitrina donde se exhiben las medallas y diplomas recibidos por los miembros del Ejército como producto de esas ejecuciones extrajudiciales, las cuales fueron devueltas públicamente en mayo de 2025 como contribución a la reparación a las víctimas. “Devolvimos esas condecoraciones porque no las merecíamos. Faltamos a nuestro honor y al de la institución. Fueron obtenidas al precio de la vida de personas inocentes”, reconoció William Eduardo López Pico, comandante del GAULA Tolima al momento de los hechos.
En el centro de la muestra hay un altar con las fotos y los nombres de las nueve víctimas directas, cada una acompañada de un código QR que dirige al componente digital de la exposición.
A un costado del espacio se ubican cuatro pendones que cuelgan desde el techo hasta el suelo del recinto, los cuales rezan “Dignidad”, “Verdad”, “Justicia” y “Renacer”, acompañados de las fotografías de ocho de las víctimas homenajeadas.
El recorrido cierra con un políptico compuesto por doce lienzos intervenidos por víctimas y comparecientes, el cual fue titulado “El amor es la fuerza que lo mueve todo” y que expone cada una de las peticiones y sugerencias de quienes fueron afectados por los hechos.
En su presentación, sus autores reconocieron el miedo al rechazo que les embargó al comenzar la obra por trabajar con los familiares de quienes fueron asesinados por su unidad; sin embargo, ese miedo se convirtió en apoyo y fortaleza común.
María Ruth Sánchez Morales, hermana de Rubén Fernando Sánchez Morales, víctima directa de la masacre de El Totumo, se refirió a la exposición como una verdad necesaria: “Yo creo que las alcaldías, las gobernaciones de cada ciudad debieran poner sus ojos sobre esto, porque esto es sembrar paz, reconciliación; esta es la verdadera paz, lo que se hace aquí”.
El testimonio del familiar de una víctima de ejecución extrajuducial
María Ruth Sánchez Morales, hermana de una víctima directa de la masacre de El Totumo, también conversó con El Espectador en el marco de la exposición.
Usted tuvo un discurso en el que mencionó que odiaba al Ejército Nacional. ¿Cómo ha sido el proceso de ese sentimiento desde que ocurrió la tragedia hasta el día de hoy?
El 20 de diciembre del 2006, cuando supimos de la masacre, el dolor, la impotencia es terrible, pero sabíamos quiénes eran las personas que habían muerto. Yo sabía quién era mi hermano y por eso decidimos no callar. A pesar de las amenazas, comenzamos esa lucha y seguimos.
La justicia ordinaria nos dejó un sinsabor terrible, porque los condenaron a medias, y ya estábamos resignados a ello, cuando gracias a papito Dios nos mandó este ente que se llama la JEP. Como decía: yo odiaba al Ejército Nacional, los culpaba a todos. No asimilaba que fueron unos, pero para mí todos tenían la culpa.
En el transcurso de los años, fuimos pidiéndole mucho a papito Dios que nos ayudara. Si no hubiese sido por Él, estaríamos llenos de rencor, de odio, pero Él fue el principal artífice de sanar nuestro corazón, y abrió el camino para nosotros conocer esa verdad que le pedíamos tanto a Dios.
Yo sí le pedía mucho que nos diera un minuto para saber qué había pasado y para limpiar esos nombres que quedaron tan enlodados, a pesar de que perdieron la vida de esa manera tan cruel. Llegó la JEP y comenzamos este trabajo y sanamos el corazón completamente, y más cuando ellos se levantaron ante los medios de un país y dijeron la verdad: que habían matado a cinco personas inocentes, a cinco personas en estado de indefensión.
Fue muy duro, pero la verdad nos dio ese alivio que tanto nosotros necesitamos.
Hay muchas personas que relacionan la JEP con la impunidad. Usted, siendo víctima, ¿cómo califica los aportes a la verdad y la reparación que tuvieron que hacer los comparecientes?
Mire, yo hoy en día lo digo y lo pienso: de pronto ellos en estos momentos están exonerados, pero la cárcel mental… yo creo que cuando se hace algo malo, uno nunca lo olvida, es algo que uno lleva hasta el último día de la vida, si no se arrepiente de corazón.
Pero yo creo que eso es un castigo más que suficiente: estar atado a esa culpa, a eso que se hizo. Yo creo que es más difícil, la verdad, que estar en la cárcel.
En una conversación con Luz Marina Hache, del MOVICE, y ella decía un reparo que tenía con la JEP: que la verdad se limitaba a los rangos militares y no pasaba hacia la responsabilidad política. ¿Qué opina usted de esa postulación, cree que la verdad ha sido plena?
Siempre lo he dicho y vamos a hablar muy honestamente: aquí pagaron, como se dice, los más bobos, porque ¿dónde están los altos mandos? ¿Dónde están?
En el juicio que se hizo en la JEP, ellos contaron que el general Montoya solo les pedía resultados. ¿Dónde está el general Montoya rindiendo por sus acciones? ¿Dónde están los altos mandos?
Eso es lo que yo quiero que el país sepa. ¿Acaso ellos no tienen la mayor culpa, porque son los autores intelectuales en esto?
Ahora que estamos en época electoral, hay proyectos y propuestas de personas que quieren que la JEP se acabe, que no apoyan el proceso de paz y sienten que lo mejor es retomar la justicia ordinaria. ¿Cuál es su postura frente a eso?
Yo creo que la JEP es una piedra en el zapato para muchas personas, demasiadas, por eso quieren acabarla, porque aquí hay algo que no hay en la justicia ordinaria, que se llama verdad, y eso ellos lo quieren tapar como sea. Por eso quieren acabar con la JEP.
Pero, la verdad, es lo mejor que han creado; como dice el dicho: crearon su propio verdugo.
Quisiera que me comentara un poco sobre esta exposición, sobre cómo se involucró usted, cuál fue su aporte y cómo fue la experiencia de vincular estudiantes, comparecientes y víctimas en un solo proceso.
Bueno, yo creo que Dios hace las cosas perfectas, completamente perfectas. Fue llegando cada persona y fueron organizando cada cosa, y se fueron sumando y sumando hasta que se dio esto.
Y a mí me parece que esta exposición no es solamente una exposición que está 20 días, un mes acá, no: esta es la verdad, la verdad que se lleva a muchas partes de Colombia. Mire, todo Colombia debiera saber esta verdad, y esa verdad se debiera llevar a muchas partes.
Yo creo que las alcaldías, las gobernaciones de cada ciudad debieran poner sus ojos sobre esto, porque esto es sembrar paz, reconciliación; esta es la verdadera paz, lo que se hace aquí.
Su hermano Fernando hace parte de una cifra que se puede decir fácil, pero es muy amplia, y recientemente sabemos que son más de 7800, gracias a las investigaciones de la JEP. ¿Qué le dice usted a las mujeres que, como usted, buscan verdad y buscan una reparación de cierta manera?
Yo les digo que no se queden calladas, que no se queden calladas. A nosotras nos tiene aquí, después de 20 años, el amor, el amor a ese hombre que era un excelente hijo, un excelente padre, una persona que tenía las mayores ganas de vivir, un padre ejemplar que le estaba dando a su hijo todo, que desafortunadamente le frustraron su vida.
Pero ¿quiere que le diga una cosa? Hoy en día me doy cuenta de que esa muerte no fue en vano. Está hablando después de 20 años, están llevando esto a muchos lugares, se está dando de qué hablar, la gente la está conociendo, y qué bueno que el país entero, vuelvo y repito, sepa de eso. Sepa que romperle el corazón y desmembrar una familia, cuando se pierde una persona, es terrible.
El testimonio de un responsable de falsos positivos
Julián Libardo Ledesma Tobón, oficial (r) que en su momento se desempeñó como agente en el Guala Tolima del 2008 al 2009, conversó con este diario sobre su proceso como compareciente ante la JEP.
¿Qué ha hecho en temas de reparación a las víctimas, restauración y de verdad?
Nosotros como comparecientes tuvimos un juramento solemne ante la Jurisdicción Especial para la Paz de hacer los aportes a la verdad que dignificaran la reparación a las víctimas del conflicto armado. Así mismo, tenemos unos compromisos que tenemos que llevar a cabo, cumplirlos fielmente para poder seguir siendo tenidos en cuenta en la jurisdicción.
¿Ha podido ver de frente a sus víctimas directas?
Solamente en una ocasión el año pasado en Ibagué, la hermana de una víctima directa; sin embargo, yo, como compareciente, no fui la persona que le quitó la vida a su familiar. Yo hice parte del componente militar, porque aquí estamos respondiendo por nuestras acciones y por nuestras omisiones. En mi caso particular, más por omisión, pero simplemente estoy respondiéndole a la justicia colombiana.
¿Qué implicaciones para usted ha tenido en su vida personal el reconocer públicamente estas acciones y omisiones?
Esto es una situación más de sanación, de liberación, aportar a la verdad en un proceso restaurativo para que las víctimas conozcan qué fue lo que le pasó a su familiar que perdió la vida.
A nivel personal, mi familia sabe qué fue lo que pasó, les he contado con detalle. A nivel judicial, he contado la verdad detalladamente de lo que conocí que estaba pasando. Entonces realmente le genera a uno, más que zozobra, mucha tranquilidad. Yo me siento complacido y beneficiario de ser compareciente ante la JEP.
En una conversación que tuve con Luz Marina Hache, directora del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado (MOVICE), mencionaba que sentía que los aportes a la verdad se limitaban hasta un rango militar y no a una responsabilidad política. ¿Usted cree que la verdad ha sido plena?
Por parte de nosotros como comparecientes dentro de este proceso restaurativo, la verdad ha sido plena. A nuestro nivel, las cosas sucedieron en su momento por las presiones y por las malas decisiones. Las presiones que ejercía el mando superior y por las malas decisiones que tomaron algunos o que tomamos algunos de los miembros que estábamos en la fila en el momento.
Yo nunca le escuché decir a un señor comandante de brigada, de los que tuve en mi línea de mando, o comandante de división, que hiciéramos las cosas mal hechas. Otra cosa era lo que decía el señor general Montoya en su momento, que no le servían las capturas sino las bajas. Esas presiones fueron lo que conllevó a que, en su momento, algunos miembros del Estado, no todos, cometieran y tomaran esas malas decisiones.
Estamos en época electoral y hay proyectos que preferirían que la JEP no existiera más, sienten que trae impunidad. ¿Cómo se para usted en esta época en la cual la JEP está en debate?
En ningún momento en la JEP se genera impunidad, porque la gran mayoría de personas o de comparecientes que están en aquí estuvieron muchos años en la cárcel, muchos años condenados por la justicia ordinaria.
No hay impunidad, porque el hecho de que un militar, un policía o un agente del Estado hubiese pagado su condena en la cárcel por varios años —y solamente estar un día en la cárcel es tremendo— conlleva a que no haya impunidad.
Que haya actores políticos con ganas de acabar con la JEP, pues eso no es así de sencillo, porque está cobijada bajo una ley estatutaria, entonces tocaría cambiar esa ley para poder acabarla.
Yo, en lo personal, pienso y sostengo que sería maravilloso y magnífico que la Jurisdicción Especial extendiera su temporalidad. Es una jurisdicción que es temporal, pero debería ser permanente mientras se acaba el conflicto armado.
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